La apuesta con Trump

Donald Trump visitó México, estuvo una hora con el presidente Enrique Peña Nieto y se fue, dejando controversia y molestia detrás. Fue una apuesta audaz del gobierno mexicano y del candidato estadounidense, pero ninguno de los dos logró lo que buscaba con el encuentro. Peña Nieto, sin duda, quedó muy mal parado frente al público mexicano, y Trump no pudo usar el evento para cambiar su imagen frente al público de EU como quería.
Pero a pesar del desastre político que puede considerarse esta visita, es posible que estamos ante un cambio estructural en la relación entre los dos países, en el largo plazo. Cada vez más, para bien o para mal, México será un factor en las campañas políticas estadounidenses y viceversa. Y si bien la mayoría de mexicanos desaprobaron la visita de Trump, y no pocos estadounidenses también, México dejó de ser sólo una idea abstracta en el discurso político al norte de la frontera y se volvió un país de carne y hueso.
El gran perdedor en esta aventura fue el presidente Peña Nieto. No fue mala idea invitar a México a los dos candidatos presidenciales del vecino país, ya que el gobierno de EU hizo su propio intento en este sentido en 2012, enviando al vicepresidente Joe Biden a reunirse con los candidatos mexicanos a la Presidencia. Pero la forma en que se manejó la invitación sí generó problemas enormes, tanto con la otra campaña, la de la candidata Hillary Clinton, cuyos asesores se vieron sorprendidos y molestos por lo que se consideró la preferencia dada a Trump, como con la sociedad mexicana que ha sido agraviada por las declaraciones del empresario estadounidense por más de un año.
En cambio, la visita sí le dio a Trump lo que quería, una foto con el Presidente de México y la oportunidad de mostrarse como un líder más diplomático y menos disparatado de lo que es su costumbre. Desperdició, sin embargo, su oportunidad al regresar a Estados Unidos pocas horas después, cuando dio el discurso más duro contra los migrantes que jamás ha dado un candidato presidencial estadounidense en la era moderna. Si su intención era suavizar su imagen frente a votantes indecisos que están preocupados por algunas de sus posturas extremistas, el discurso apocalíptico sobre los males de la migración sólo logró reforzar su imagen actual.
Según una encuesta de Monmouth, hay casi dos veces más estadounidense que creen que Trump es un peligro para el futuro de Estados Unidos (54%) de los que creen que los inmigrantes mexicano lo son (28%). Si Trump quería usar el viaje a México para acercarse al votante promedio en EU, que no tiene problemas con los migrantes, lo canceló con sus propuestas extremistas poco después.
Pero si bien la invitación a Trump resultó ser un error político de enormes proporciones, muestra un cambio positivo en la relación entre México y Estados Unidos. Atacar a México trae costos en la opinión pública estadounidense, y no sólo con votantes latinos, sino con muchos estadounidenses que aprecian a los vecinos o creen en una sociedad diversa.
Hillary Clinton, que ha estado en México muchas veces como servidora pública, realizó su última visita en 2014, justo antes de lanzar su campaña presidencial. John McCain vino en 2007 también como precandidato presidencial. Cada vez más políticos estadounidenses quieren mostrar su capacidad diplomática como estrategia para apuntalar su imagen en su país. Y también va en sentido contrario: en 2011 todos los candidatos mexicanos a la Presidencia, antes de iniciar su campaña, hicieron una gira por EU.
Trump será, sin duda, el viajero político más extraño y controversial entre todos, pero su visita es parte de un patrón más generalizado en que cada país estará, cada vez más, en el debate político interno del otro, debido a la cantidad de temas en la agenda bilateral que también se convierten en temas nacionales y locales.
Nadie sabe cómo se portará Trump de aquí en adelante. Hasta ahora ha dado giros de un momento a otro, mentido con cifras y datos, así como prometido algo en un momento y negarlo en otro. Lo interesante será ver si Trump aprendió, en su corta visita, que México es un país real y no meramente un recurso retórico de campaña y que los mexicanos son parte ineludible de su presente y futuro. Veremos lo que ocurre en las pocas semanas que quedan para la elección.

Por Andrew Selee
(Vicepresidente ejecutivo del Centro Woodrow Wilson)
EL UNIVERSAL

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