La dictadura del miedo

En alguno de mis artículos anteriores me expresé en relación a la crisis de credibilidad que padece el gobierno federal, y en particular el presidente Peña Nieto; mencioné que a nadie nos beneficia un presidente débil y devaluado en su credibilidad, pero tampoco un presidente enojado.
Un presidente enojado no ve el espejo en la búsqueda de responsable, sino ve la ventana en la búsqueda de culpables, de tal manera que no anda buscando quien se la hizo, sino quien se la pague.
En la lógica del viejo régimen priísta, que regreso al poder en el año 2012, el Presidente era una figura intocable. Pero a raíz de la alternancia eso cambió en este país y la oposición, incluyendo los priístas, contribuyó en los dos sexenios panistas a cambiar esta idea en la sociedad mexicana.
Hoy el priísmo quiere establecer un regreso al pasado autoritario y a su viejo y obsoleto modelo de control político a través de los premios y castigos; y se equivocan, porque México ya no es el mismo país infantil que ellos gobernaron 70 años. México es hoy un país adolescente y todos los que tenemos hijos de esa edad sabemos que el modelo de control no funciona con ellos.
Esta realidad de falta de control en la nueva sociedad mexicana puede motivar a las personas en el poder a intentar un nuevo modelo, “el del terror”. Esta posible tentación del ejercicio del poder en México, que desde la alternancia se ha practicado por muchos gobernadores en sus estados, no se practicó desde la Presidencia de la República en los dos sexenios panistas y sería muy lamentable que se quisiera instaurar con el regreso del PRI al poder presidencial.
Esto me hace recordar aquel editorial del entonces director del periódico colombiano “El Tiempo”, Enrique Santos, el 28 de diciembre de 1986, después del asesinato del periodista Guillermo Cano, que decía: “Hay una prensa que no se dejara intimidar. Y una comunidad de colombianos conscientes que libraran todas las batallas necesarias para liberar al país de la peor de las dictaduras: la de el miedo, el silencio y la corrupción que pretenden imponer…” Por supuesto, Santos se refería al crimen organizado. Sería muy lamentable que en México se pretendiera imponer la dictadura del miedo, el silencio y la corrupción… por la corrupción organizada.
Carmen Aristegui no hizo más que periodismo. Sí, el periodismo que la caracteriza, un periodismo valiente, independiente, profesional, de investigación y denuncia con un alto sentido de oportunidad. Un periodismo que ayuda a la pluralidad, que amplía la libertad de expresión, que fortalece el derecho a la información y a la incipiente democracia que vivimos y aspiramos los mexicanos.
Si el despido de Aristegui y su equipo de colaboradores es un acto de represión no sólo sería un error de sus autores intelectuales y materiales, sino que constituiría una violación más a los derechos humanos en este país.

Por Manuel J. Clouthier
(Empresario)
EL UNIVERSAL
Twitter: @ClouthierManuel

 

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