La Feria: La historia o el basurero

Sr. López
Tía Olga (de las de Autlán) y su esposo, Óscar, tuvieron cuatro hijos (tres hombres y Olguita… ¡Olguita!, el cuerpo de la Monroe, la cara de la Félix y… bueno, otro día le cuento), y en su casa cada quien hacía lo que le daba la gana, no había horarios de nada, iban o no a la escuela según quisieran, amanecían amigos dormidos en cualquier parte de la casa (sólo en la planta baja, eso sí, cochinadas, no). Aquello era un despelote permanente y así, en esa casa a nadie le incomodaba nada y estaban siempre muy contentos, sí, pero la familia de a poquitos dejó de visitarlos, hablarles o invitarlos a nada. Ni modo.
En el mundo ahora, hay entre 40 y 50 guerras en curso. Cuando un conflicto armado es entre dos o más países, no hay duda, es una guerra, pero hay diversos tipos de acontecimientos violentos y varios criterios para determinar qué es una guerra.
La situación de México algunos la califican como guerra interna; otros como lucha de bandas delincuenciales contra el Estado por el control regional; guerra territorial entre bandas delincuenciales para sostener o ampliar su mercado; y otros, como persecución del Estado a la delincuencia. Según las agencias de inteligencia del tío Sam, se trata de una lucha terrorista de la delincuencia organizada por el control político de regiones, municipios y estados, con la complicidad de “altos funcionarios”… será menos.
No acaparan las noticas del mundo las guerras en Afganistán, Yemen, Birmania, Etiopía, Sudán, Camerún, Nigeria, Chad, Argelia, Malí, Burkina Faso, Níger, Túnez, Congo, Tanzania, Mozambique, sino la de Ucrania invadida por Rusia, por la obvia amenaza que significa a toda Europa por lo menos.
Por eso los gobiernos y parlamentos de los países europeos se han apresurado a reprobar la agresión rusa y a aplicar sanciones con el pleno apoyo de los EUA. Por eso está en alerta el ejército plurinacional de Occidente, la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), diseñada originalmente contra la URSS que a su desaparición se sostuvo, ahora dedicada a vigilar a Rusia.
Además y haciendo valer todo su enorme peso político y ético, el Parlamento Europeo, la cámara legislativa de la Unión Europea, integrada por 705 diputados elegidos en todos los países de la Unión, dedica su atención a esta guerra que implica riesgos ciertos a la paz continental y si se descuidan, del mundo.
El Parlamento Europeo condenó desde su inicio la invasión a Ucrania. Ha sesionado con urgencia ante el desarrollo de los acontecimientos y el 1 de marzo pasado, con 637 votos a favor, 13 en contra y 36 abstenciones, emitió la Resolución de condena a la invasión rusa sobre Ucrania. Esta Resolución apoya las sanciones a Rusia, por supuesto.
Los 13 votos opositores no significan aprobación de la agresión rusa, sino desacuerdo con los términos de la Resolución que para su gusto “tiene puntos que prefiguran una Europa construida sobre el militarismo y con la OTAN de gendarme”; dicho de otra manera: no aprueban la invasión, sino el modo de condenarla. Un eurodiputado español de izquierda, Manuel Pineda, manifestó: “Condenamos el ataque y la invasión de Rusia a Ucrania. Estamos en contra de la guerra, y por eso no podemos apoyar una Resolución que hace un llamamiento a las armas y que se referencia como garantía de paz en un instrumento de guerra que es la OTAN”. Bueno, cada quién, cosas de la libertad de pensamiento.
Más interesantes fueron las abstenciones, pues al no oponerse a la Resolución en los términos arriba dichos, en realidad están contra la condena y las sanciones a Rusia.
Los que se abstuvieron pertenecen a los grupos de eurodiputados de extrema derecha, más afines ideológicamente a Putin y a partidos de dudosa calidad democrática como el Vlaams Belang (Pertenencia Flamenca, en español… no, no son ‘bailaores’, son de Flandes), partido nacionalista que antes se llamaba Vlaams Blok, disuelto después de un juicio por racismo.
Entre los abstencionistas también hay seguidores de personajes que nadie querría como yernos, por ejemplo el ultra derechista dirigente francés, Jean-Marie Le Pen, conservador que cree en las inferioridades raciales, niega el Holocausto judío y sostiene que la ocupación nazi de Francia en la Segunda Guerra Mundial, no fue “particularmente inhumana”, cositas que le costaron multa y tres meses de prisión; o Viktor Orbán, el autocrático y autoritario Primer Ministro de Hungría desde hace 12 años, acusado de amiguismo y nepotismo, de impulsar reformas antidemocráticas como reducir la independencia de la prensa, del poder judicial, del banco central de Hungría y modificar la constitución para impedir enmiendas a las leyes aprobadas por su partido. Híjole… me suena, me suena…
Esa es la calidad de los que se negaron a aprobar la condena y las sanciones. Que alguien le avise a nuestro Presidente en qué compañías anda al oponerse a las sanciones. Digo, sería buen detalle.
Ayer el Parlamento Europeo, atendiendo sin dudar la gravísima situación de Ucrania, se dio tiempo para aprobar otra Resolución con 607 votos a favor, 2 en contra y 73 abstenciones, sobre el país “más peligroso y mortífero para los periodistas fuera de una zona oficial de guerra”… México.
Esta Resolución pide “al presidente Andrés Manuel López Obrador dejar la retórica populista que utiliza para denigrarlos e intimidarlos”. Los miembros del Parlamento Europeo afirmaron que la situación se ha deteriorado desde las últimas elecciones presidenciales de julio de 2018, y “solicitan a las autoridades mexicanas garantizar la protección y la creación de un entorno seguro para periodistas y defensores de los derechos humanos, cuya situación empeoró en el gobierno de López Obrador, además de que hay evidencia de que ahora son objeto de espionaje”.
Algo debería decirle al Presidente que su gobierno ande en boca del vecindario. No es cosa de responder con alguna de sus agudezas, es cosa de cambiar, ya, lo que haya que cambiar. Es su elección, la historia o el basurero.

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