La Feria: Agua de borrajas

Sr. López

Si así somos, ¡qué raros somos!; la población tenochca presenta síntomas alarmantes de adormecimiento de la conciencia e indiferencia colectiva, cuyas manifestaciones más notorias son: actitud contemplativa, como de lama tibetano después de zamparse una torta de hongos oaxaqueños (receta secreta de doña María Sabina); abundante emisión de baba; incapacidad de reacción y en los ratos de estado de alerta: seguir los partidos de Toros de Celaya en la liga de ascenso Mx; interés en el Campeonato Nacional Chapala 2018, de pesca de charal con anzuelo, o la lectura de TVynovelas (esto último, exclusivo de los cuadros clínicos más graves).

Parece que hay epidemia. Nada nos saca del sopor a los otrora orgullosos integrantes del peladaje nacional.

Sería interesante saber qué pasa, qué nos pasa. No es una conspiración alienígena, ni hay planes maléficos de organizaciones de probada inexistencia, como los Illuminati de Morena, la Logia Discreta de la Gran Cruda  (Fraternidad Hermética de los Beodos), los Caballeros Chanclarios Náhuatl, ni la CIA desperdicia un centavo (de dólar), en operaciones secretas para dañar neuronas al sur del Río Bravo (nos cuidamos solos).

Dirá usted que cuál es la razón de tanto teclazo de desencanto… pues, poquita cosa: la iniciativa de ley para “legalizar” el consumo “lúdico” de marihuana (¡ay, qué manejo del idioma!, hasta gusto da).

Sabido es que sostiene este López que el gobierno no es nuestro papá y que no tiene por qué prohibir o permitir el consumo de nada ni de ninguna droga (ni escondernos el salero en los restaurantes). Claro que el Estado tiene la obligación de normar la producción, venta y el consumo de las drogas, igual que el alcohol. Pero si alguien quiere mascar vidrio, comer tacos de chorizo podrido o preparar sus “cubas” con thinner, es muy su gusto o locura personal. ¿Si los borrachos no son delincuentes, por qué sí los fumadores de hierbita vaciladora? Y deben ser normas severísimas: que cada quién haga de su capa un sayo y de su vida un papalote, sin afectar a terceros (muchísimo menos a niños). Pero nuestros empleados (que eso son los funcionarios del gobierno), no tienen ninguna autoridad como para permitirnos comer, fumar, beber, meternos o embarrarnos lo que a cada quien le dé la gana. Lo que es más: el tratamiento médico a drogadictos puede normarse también, porque no es cosa de que el erario gaste carretadas de dinero en enderezar viciosos (“enfermos”, se les dice ahora)… bueno, a los “enfermos” de drogas, se les pueden poner límites y que resarzan el costo de su tratamiento con servicios a la comunidad o con dinero contante y sonante; tampoco son gracias.

Igual: esta cosa empezó con que iban a estudiar la legalización de las drogas, así, “las drogas” (uno no inventa nada, ahí lea por su cuenta en El País, edición del 17 de julio pasado: “El futuro Gobierno de México estudiará la legalización de las drogas para pacificar el país. La virtual secretaria de gobernación, Olga Sánchez Cordero, adelanta el nuevo programa de seguridad pública y derechos humanos”).

Y ayer, por fin, la ya inminente secretaria de Gobernación, fungiendo en su actual papel de senadora de la república, presentó la iniciativa de ley, previo papaloteo de que sería un paso hacia la pacificación del país y la cosa quedó en que (artículo 4) “(…) toda persona tiene derecho a portar hasta 30 gramos de Cannabis. Las personas que requieran portar más de treinta gramos tendrán que solicitar un permiso al Instituto” (van a crear el Instituto Mexicano de Regulación y Control del Cannabis)… mmm, qué bien, el macizo nacional podrá portar 25 gramos más de los hoy autorizados, más o menos el equivalente a unos  30 churros normalitos (para quemar uno diario); hágase de cuenta que sacaran ahora una ley que no permitiera portar más de 30 cervezas y para mayores necesidades “lúdicas”, tramitar una autorización.

Más abajito, en el artículo 12, dice que “(…) queda permitido sembrar, cultivar, cosechar, aprovechar, preparar y transformar hasta veinte plantas de Cannabis en floración destinadas para consumo personal en propiedad privada, siempre y cuando: La producción de Cannabis no sobrepase los 480 gramos por año y las personas hayan registrado sus plantas ante el Instituto en el padrón anónimo”. ¿Las personas van a registrar sus 20 macetas… anónimamente? (a lo mejor les van a dar una credencial con un número, como las del INE, pero sin nombre, sin foto, huella, CURP, dirección, ni nada, es anónima). ¿Y… cómo le van a hacer para saber cuánto rindió cada planta en el año?

Se supone que la ciudadanía de esta tierra de hombres cabales, es de pocas pulgas y más desde el 1 de julio pasado, cuando con votos a discreción demolió al aparentemente invencible Ejército Fifí… ¿qué pasó?… nada. La gente, quieta. Los amigos del petate mágico, serenos.

Era vacile. Qué lástima. Uno imagina que por cosas como ésta la raza de bronce bate tambores de guerra… no, el grifo es sufrido (y tiene quien le venda lo que quiera, cuando quiera, entregado a domicilio… anónimamente… sí).

Y, le tengo noticias, doñita: el narcotráfico hoy, es casi casi el menor de los problemas de inseguridad pública en el país. Si de golpe y porrazo las legalizaran todas, de manera absoluta, seguiríamos con esa gangrena y hasta con posibilidades de enconar otros delitos, porque los malandrines no se van a quedar de manos cruzadas (secuestros, extorsión, cobro de piso, explotación y tráfico de personas… cuidado, es tema muy complicado). Con un agravante: la política sobre drogas en México, la dictan los EUA. Es un problema internacional, de acuerdo, pero en esta materia, en México, manda el tío Sam. Por eso salieron con esta bobada de reforma.

Para meter en cintura a la delincuencia organizada en este país, esto no es (como dijo doña Olga), “un primer paso”. No, señora, es como mover un parpado para detener un tráiler. Simular otro tema “cumplido”. A todo dar. Todo igual para efectos prácticos. Agua de borrajas.

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