La Feria: Bebé de brazos

Sr. López

 

Paleontólogos y sabios varios, no se ponen de acuerdo; unos dicen que nuestra especie, el inhumano humano, apareció sobre la faz de la Tierra, hace unos 40 mil años; otros sostienen que fue hace 300 mil. No es importante a la vista de nuestros menos de 80 de vida individual.

Sin embargo, es un poco más interesante enterarse que (siempre según los científicos que viven como tía Lola, cambiando de opinión), el Universo “apareció” hace poco menos de 14 mil millones de años (teoría del “Big Bang”, que no explica qué hizo “Bang”, que debió algo existir desde antes o no hubiera habido explosión, ni grande ni chiquita). Pero se le recomienda no crea usted mucho la edad confesa del Universo, pues los científicos, aceptan que sus cálculos dependen de “suposiciones fuertes”, lo que recuerda el caso de tía Rosita, quien supuestamente falleció de 117 pero el abuelo Armando decía que se quitaba la edad, que él la recordaba siendo niño, ya viejita.

Caso diferente son los 4,600 años de edad que le calculan a este nuestro planeta de extraño nombre, Tierra, absurdo apelativo si tiene el 75% de su superficie cubierto por agua, por lo que en rigor debiera ser el planeta Agua. En fin. No importa.

Lo interesante es calcular (más o menos) hace cuánto apareció nuestra especie sobre la faz de este planeta de 4,600 años de edad:

Desde hace 250 millones de años, hasta hace 65 millones de años, no había humanos y los que partían el queso eran los dinosaurios; desaparecidos estos por lo que sea que los haya fumigado, lo que quedó vivo en la Tierra, fueron insectos, escarabajos, ratones y musarañas (siempre según los no tan confiables científicos, que aseguran cosas que para el común de los mortales es imposible contradecir: pero conforme al principio de la “duda razonable”, mucho de lo que afirman no vale, nada).

Como sea. Se supone que los seres humanos en versión de prueba (“australopitecus”), aparecieron sobre el planeta Agua, en la parte que es Tierra, hace 5 millones de años, pero hace apenitas 200 mil años, nos instalamos como nos conocemos, “homo sapiens” (para las y los mujeristas a ultranza, esos que dicen “buenas y buenos noches”, habría que decir “mulier-homo sapiens”, no los feministas de todos nuestros respetos, pues aquellos no sospechan que lo de “homo” no es por hombre sino por humano).

Parece mucho tiempo (si fuera cierto, con la ciencia nunca se sabe). Pero para que entre usted en las proporciones del asunto, le propongo el gastado ejercicio de comparar con un año de duración, desde el nacimiento del Sistema Solar (barrio en el que se ubica nuestro planeta), hasta la aparición del “homo sapiens” (asunto también muy relativo, eso de “sapiens”, nomás con acordarme del primo Danielito, quien pone en duda el apelativo de la especie entera).

Hágase de cuenta que las cero horas del 1 de enero, son el momento en que apareció el Sistema Solar. Los seres humanos llegamos al planeta el 31 de diciembre a las seis de la tarde con 17 minutos (se repite lo de los científicos, cualquier imprecisión, que ellos respondan).

Los aproximadamente 200 o 300 mil millones de años que el planeta ha padecido nuestra presencia, equivalen a menos de seis horas respecto de un año: rehistoria completa a Edad del Hierro; de nómadas a residencias con aire acondicionado; del Renacimiento a la  Ilustración; de la Revolución Industrial a las dos guerras mundiales; del cavernario con la macana más grande, pasando por reyes hasta el Trump (cavernario otra vez). Todo, todo lo que representamos en la historia de la Tierra (si fuera un año su edad), equivale a seis horas y pico.

Ahora, sea tan amable y si para ello no tiene inconveniente, calculemos a cuánto equivalen nuestros 200 años de ser México… nuestros menos de 20 de ser democracia… somos un bebé de pañales.

Dirá usted ¿y?… no, nada. Aunque tal vez eso explique al menos en parte, la actual e innegable epidemia de optimismo colectivo. ¿No se explica bien este López?… a ver: el regocijo nacional de hijo en brazos de papá AMLO, tal vez responda a lo jovencísima que es nuestra patria, a la beba de teta que es nuestra democracia. Ahora sí tenemos papá.

En cifras más comprensibles: Inglaterra vive en democracia hace por ahí de 800 años. Nosotros hace poco menos de 20 (en plan optimista). Si la democracia inglesa fuera una dama sesentona, la nuestra viene a ser una bebita de 18 meses de edad, de pañales, dormiloncita aunque berrinchuda a ratos; pero si le dan pecho queda feliz.

Otra comparación podrían ser los 2,468 años de que en el mundo occidental se puso de moda regirse con leyes (Ley de las XII Tablas, escritas en Roma a mediados del siglo V a. C.), y en México estamos acabando de ajustar el nuevo sistema penal acusatorio.

Solo con un ataque de euforia judicial, alguien se atrevería a sostener que tenemos un pleno sistema jurídico desde 1917 (o ya en plan de mandar por una camisa de fuerza, desde 1857)… no, cuando una persona padece optimismo “in extremis”, tiene otro nombre que conjuga con bandeja: nuestro régimen de derecho está en labor de parto (viene con el cordón enredado y de nalgas, el ginecólogo legislativo, sufre).

Nuestra querida patria, risueña y de buenas -ya cambiado el pañal, talqueda y comiendo del pecho-, por instinto natural, se cree en buenas manos siempre que le toca un gobierno materno-paternal, al que no cuestiona y del que no distingue coherencia de porfía. Error de tino.

Por eso el éxito que en el XIX tuvieron Santa Anna, Juárez y Díaz; por eso, la veneración por Cárdenas (el papá). Por lo mismo se toleró -con retobos-, el largo priismo, que no fue tan buen padre, pero nos quitaba la dura carga de pensar por nuestra cuenta: era lo que ellos decían cuando lo decían y podíamos ser de izquierda, centro y derecha. Papá lo sabe todo.

Así las cosas: ¿de dónde sale el asombro por la pasión que desata Andrés Manuel López Obrador entre una inmensa, arrolladora mayoría de tenochcas simplex?… ¿a ver, de dónde?… si somos como bebé de brazos.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *