La Feria: Si Juárez no hubiera muerto

Sr. López

Para Virgen, la abuela materno-toluqueña (la de los siete embarazos), su “papacito” había sido un santo. Más buena que el pan (pero tontita), aparte de rezar todo el día y cocinar como una diosa, su conversación favorita era su “papacito”… que había sido un santo. Y en la familia, cualquiera con uso de razón, no se explicaba cómo siendo un santo, la abuela tenía 16 medios hermanos, más o menos de las mismas edades que ella y sus cuatro hermanos y dos hermanas. Ni cómo siendo tan buen católico, se quedó con todas las propiedades que el obispo de Toluca puso a nombre de él cuando la Reforma le nacionalizó los bienes a la iglesia. Ni insinuárselo, que se había inventado del gran ratero y garañón que fue su padre a su “papacito” santo.

Cuando este López terminó Primaria, sabía aritmética y geometría básicas, algo de geografía (excepto de África, cambiaba el mapa cada mes), mucha gramática (manía personal del director de la Primaria, don Ismael),  y escribía con letra de piquitos, como de monja del siglo XIX (terrible)… y tenía tatuado en el cerebro que Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero y Cárdenas, eran mejores que la crema de leche entera; Santa Anna, Porfirio Díaz y Huerta una tercia de diablos malvados, traidores maléficos.

Como es común si no hay sorpresas incómodas, va uno acumulando edad y descubriendo de a poquitos o más rápido si le da por leer, que no es tan cierta la historia oficial. Los santos no eran tan santos y los diablos tampoco.

Del “Padre de la Patria” se pueden decir muchas cosas, menos que fue el iniciador de la Independencia de México (él y sus cuates lo que querían era que la familia real española mandara a alguien a poner orden acá, y “El Grito” fue ¡Viva Fernando Séptimo!, que era el rey de España). De Morelos se viene uno a enterar que cuando cayó preso, trató de salvar el pellejo echando de cabeza a cuántos insurgentes conocía (igual se lo escabecharon). De Juárez que, aparte de llevar un diario en el que anotaba lo que comía (con detalle), era muy bueno para eso de hacer hijos y que si no hubiera sido porque hasta Dios era juarista (Fuentes Mares, dixit), no lo salva el infartazo y se queda de Presidente hasta pasar a la historia como un dictador. De Madero que era tonto, espiritista y que nunca dejó de pensar como lo que era: hacendado. De Cárdenas, que era vivísimo, le hacía los coros al tío Sam (no comía lumbre), y le gustaba la buena vida, eso sí (su casa está en las Lomas de Chapultepec -en la avenida Cordillera de los Andes-, nomás faltaba que no). Y de los diablos se ratifica al saberle más a sus historias personales, que no eran muy presentables (Huerta el que menos), pero tampoco tan diablos.

Todos, gente de su tiempo, con errores y aciertos, debilidades y virtudes, crueldades y actos de bondad, que tampoco es cosa de estudiar la historia con una lista de adjetivos a la mano para ir etiquetando gente. Sí, Juárez ya ni la friega con lo del Tratado McLane-Ocampo, casi nos hace colonia yanqui, pero apostaba fuerte y ratificado o no el tratado por el Senado de los EUA, al firmarlo lo estaban reconociendo como Presidente de México y así ya le pudo pintar un violín a conservadores y a don Max, el esposo de Carlota (nacionalizados mexicanos, los dos, igual que Taibo II, nomás que a don Max lo engañaron diciéndole que la población había votado libremente y lo querían de emperador  y hasta le enseñaron las actas de cada estado con el resultado de la consulta popular… entonces vino, lo fusilaron y Carlota se volvió loca… ni modo).

Ahora están de moda (y por seis años más, estarán), Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero y Cárdenas. Está bien. La gente necesita ídolos. Igual hace la iglesia romana y ni quien diga nada (Juan Diego es santo y ni existió).

Pero si Juárez resucitara no se reconocería en la versión de su vida creada para el consumo popular. Juárez era liberal como postura política de la logia masónica a que perteneció, no en el sentido que ahora le dan sus turiferarios (los que echan incienso). Juárez le quitó de un manotazo todos los bienes raíces a la clerecía y su injerencia en política (en buena hora). Juárez sí fue un estadista (el primero que tuvimos, el otro fue Calles)… pero no era de bronce ni santo, ni es de presumir el saco de mañas del que echaba mano para mangonear al Congreso e interpretar la ley (por cierto, al quitar a la iglesia sus bienes, también le quitó las tierras comunales a los indígenas… y corrió sangre, mucha).

Cosa interesante es la supuesta austeridad franciscana de Juárez, que lo haría reír a carcajadas. Juárez ganaba y ganaba muy bien (y lo valía, nada más póngale precio a que gracias a él conservamos la península de Baja California, que los yanquis estaban necios en apropiarse).

Juárez no ganaba los dos mil 500 mensuales que dice el ministro en retiro Salvador Aguirre Anguiano (citado ayer por Carlos Marín, en “Asalto a la Razón” de Milenio),  sino mucho más. Ni los 3 mil que dice el historiador José Manuel Villalpando.

Según el reporte de “Liquidación de los sueldos del presidente Juárez”, elaborado por Matías Romero, entre enero de 1858 y noviembre de 1859, se metió 99 mil 871.57 pesos de entonces, $4,342.24 al mes (ahí véalo en Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. UAM, Azcapotzalco. México, 2006). ¿Es mucho, es poco?… bueno, un carruaje descapotable con su tronco de mulas (el BMW de entonces), le costó 500 pesos: ganaba para comprar casi 9 buenos carros al mes. Su casa, con la marimba de hijos que tenía, la mantenía con 200 pesos al mes (mismo reporte de Matías Romero). Y al morir dejó cuatro casas, una en Plateros (hoy Madero, la calle de lujo de entonces y hoy), tres en Oaxaca, más una finca de “recreo” en San Cosme en la CdMx.

Juárez no pobreteaba y desquitaba su sueldo, qué duda cabe… por cierto, el decreto de que el Ejecutivo no le puede bajar el sueldo a los ministros de la Suprema Corte, es de Juárez. ¡Ah, si Juárez no hubiera muerto!

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