La Feria: Solo se pierde una vez

Sr. López

Después del “error de octubre” (la cancelación del aeropuerto de Texcoco), el jueves pasado fue el “error de noviembre” (la iniciativa de ley para recortar las abusivas comisiones bancarias que paga el sufrido tenochca, iniciativa cortesía del morenista senador Ricardo Monreal). Parecen metidas de pata, quién sabe si lo sean… en una de esas es a propósito. (¡Oooremos!)

El mismo jueves se desplomó la Bolsa de Valores de México, el valor de las acciones de los bancos quedó con una cotización similar a las de una tienda de gorras de estambre en Acapulco, el peso perdió valor ante el dólar… “in die Mutter!” (gritó un alemán, cuando le contaron).

Don Monreal es un muy inteligente y pantalonudo personaje de la vida pública nacional, de amplia trayectoria, con una sola convicción que sostiene contra viento y marea: su propio beneficio político; fuera de eso, a nada se aferra, no es fanático ni suicida, por eso ha sido del PRI, del PRD, del PT, de Movimiento Ciudadano y hoy -por convicciones irreductibles-, de Morena, aunque, en caso de apuro le quedan el PAN y el PVEM (no se apure don Monreal, siempre habrá un lugarcito para usted).

El mismo aciago jueves, entre la nube de polvo del derrumbe que provocó su iniciativa, don Monreal sereno y sosiego, declaró que no se iba a aprobar al día siguiente su idea, que faltaba consultar a los banqueros… ¡y a los clientes! Carlos Urzúa, próximo secretario de Hacienda, ese día en la tardecita, aplicó un Plan DN III especial, declarando a la prensa que habrá “un manejo responsable de las finanzas públicas”, para neutralizar la morenista iniciativa (¿monrealista?, ya se verá).

Al día siguiente, viernes, don Monreal declaró -algo enchilado por los dichos de don Urzúa-, que la iniciativa va para adelante y se dictaminará en unos tres meses, y agregó (con Martí Batres a las maracas), que “el Senado” (o sea, él), no acepta regaños ni manotazos. Resultado: continuó el desplome del valor de las acciones de la banca y de la Bolsa, nomás que ya con efectos en el extranjero (BBVA bajó la Bolsa de España).

La cosa amenazaba con iniciar una fuga masiva de capitales. AMLO vio que estaba a punto de romper el récord de Zedillo, destruyendo su sexenio antes de empezarlo y por eso salió el viernes, por ahí de la una de la tarde a decir (chéquelo en https://youtu.be/cd9QgyK6GXw): -“(…) no vamos a hacer ninguna modificación al marco legal que tiene que ver con lo económico, lo financiero y lo fiscal, en esta primera etapa de gobierno (…) para ser más precisos, en los primeros tres años (…)” -¡chin!… ¿y después?… de plano, no se saben ayudar. Contuvo la hemorragia, sí… por ahora.

Nuestra economía es hoy mucho más fuerte que en tiempos de Zedillo, pero no resiste una embestida del gran capital. Monreal no es un orate: si presentó la “iniciativa de reformas a las leyes para la Transparencia y Ordenamiento de los Servicios Financieros y de Instituciones de Crédito en Materia de Comisiones Bancarias”, es casi seguro que fue de acuerdo con AMLO. ¿Por qué?… averígüelo Vargas, diría Chabelita. Pero les salió mal. Ellos saben mucho de política en México, a la mexicana, para mexicanos, pero de economía -AMLO, Monreal, Batres y compañía-, no saben nada y de economía global, cero.

Urzúa y los profesionales de alto rango que tienen el Banco de México y Hacienda, saben mucho, y por eso tienen muy claro que con el gran capital no se juega. En economía y finanzas, todo depende de algo subjetivo: la incorpórea confianza, no medible ni verificable en laboratorio. Solo si los hechos respaldan los dichos, se mantiene la confianza. Y el dinero es muy desconfiado.

Gran problema es considerar que las finanzas y la economía son ciencias: no son, si ciencia es el conocimiento comprobable que permite predecir efectos, la economía no lo es. Pretenden los economistas que sí, diciendo que es una “ciencia social”… bueno, pues por eso mismo no lo es: no es predecible un efecto de nada en lo que intervenga la voluntad de las personas (sus deseos, ambiciones o miedos). Los verdaderos especialistas en economía y finanzas, aventuran hipótesis que ya se verá luego si eran acertadas.

La economía y las finanzas, para mala suerte de AMLO y compañeros mártires, es como un reglamento de tránsito vehicular sin reglas para manejar, sin señales de tráfico, que permite ir por la derecha y la izquierda, no pone semáforos, ni límites de velocidad. La Economía y las Finanzas (no la Contabilidad), son algo parecido a lo que Platón llamaba “symploké”, ese relación de contrasentidos, entrelazamiento de conceptos opuestos o similares, compleja estructuración de lo independiente y lo dependiente, que puede resultar en situaciones estables o efímeras . Por eso los economistas dan una en el clavo y cien en la herradura: lo que funcionó antes, no sirve hoy; lo que fracasó ayer, resulta adecuado ahora, porque el dinero se mueve conforme a decisiones de personas que quieren primero, conservarlo; de ser posible, incrementarlo; y siempre con el menor riesgo posible… de preferencia sin riesgo.

Nos guste o no, hoy y hasta que cambie el sistema financiero en el mundo occidental, México no tiene ninguna oportunidad de manejarse a su aire. Las crisis recurrentes del capitalismo brutal de estos tiempos, quitan legitimidad política a la “economía de mercado”, y terminarán por obligar al parto de otro sistema, vaya usted a saber cuál, cuándo…

Lo único seguro es que las entidades que mueven grandes inversiones y las instituciones financieras internacionales, repudian el riesgo. Ya luego piensan en rendimientos, en qué les da más ganancias con menor inversión. Primero, el riesgo.

Si no lo sabe AMLO, ahí le avisan: ya mandó a volar la confianza del gran capital. Primero, al no cumplir contratos formales y legales en lo del aeropuerto de Texcoco y ahora, dejando los segundos tres años de su gobierno, abiertos a cambios financieros, bancarios y fiscales. La confianza, igual que otra cosa, solo se pierde una vez.

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