La Feria: ¡Ya estense!

Sr. López

Seguro se acuerda del pavoroso caso del imprevisto embarazo de la prima Silvita, del que sus muy religiosos papás, hacían como que no se daban cuenta, sin la menor alusión al generoso crecimiento del vientre de su hijita, dado que era soltera y ¡pero-por-supuesto!, señorita, en el sentido himenal del término, como se usaba la palabra en aquellos tiempos del pricámbrico clásico. Y también debe recordar que una vez nacido el robusto bebé, no se hablaba de él ni se aludía a su existencia, aunque en sus narices estuvieran dándole la mamila, para con el paso del tiempo, simplemente decirle “el niño”, sin entrar en enojosas explicaciones que nadie de la familia necesitaba, sabiendo todos de dónde había salido y el método usado. Pero algo quede claro: los papás de Silvita, como buenos cristianos, jamás mintieron ni negaron nada: no mencionaban el tema, punto (solo el terrible primo Pepe, ya sabe quién, era el único que les preguntaba por su nieto y se ponían como tomates, pero no negaban, mentir era pecado).

Ayer, don Jiménez Espriú, el próximo secretario de Comunicaciones y Transportes, sacudió a los medios de comunicación de esta nuestra risueña patria, cuando en una conferencia de prensa, dijo que un estudio de la empresa Navblue, confirmaba la factibilidad en la operación simultánea del AICM y Santa Lucía: “Sí es viable el tema del espacio aéreo, no va a haber problema, no va a haber accidentes; funcionan bien (los dos aeropuertos) y no chocan los aviones” -afirmó,  agregando, así como de pasadita, como si fuera lo más normal del mundo, que dicho estudio debe ser “complementado” con la evaluación de otros elementos clave (él dijo “claves”), como los impactos económicos, la conectividad, la infraestructura a desarrollar y los sistemas de control de tráfico aéreo. O sea: falta todo.

Y también falta saber si la empresa Navblue está por encima de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), de la ONU, que recomienda el aeropuerto que se está construyendo en Texcoco. Porque México está obligado conforme a nuestras leyes a respetar las recomendaciones, normas y directivas de la OACI, a la que estamos adheridos.

Al caso aplica en particular el Manual de Certificación de Aeródromos (Doc. 9774), que reglamenta la certificación de aeródromos, que deben apegarse a las normas y métodos recomendados, detallados en el Volumen 1 del Anexo 14, del Convenio sobre Aviación Civil Internacional, firmado por México.

No está el del teclado inventando, revise el Diario Oficial de la Federación del 22 de enero y del 1 de abril de 2008, en los que se publican los documentos cuyo objetivo es (entre otras cosas) “verificar el cumplimiento de la Ley de Aeropuertos y su Reglamento, así como el Convenio sobre Aviación Civil Internacional y su Anexo 14 Vol. I”.

Si don Jiménez ya convenció al inminente Presidente de la república: aplauso de foca. Ahora le falta que la OACI haga el estudio de viabilidad que no ha hecho.

Por si no se acuerda, el propio AMLO en un video que ‘subió’ a las redes sociales el 8 de octubre, afirmó: “Una empresa -sic- que se conoce como OACI, que tiene prestigio en todo lo que tiene que ver con aviación, espacio aéreo y estudios de ese tipo, (declaró) desde entonces -2013- que era posible mantener el actual aeropuerto y utilizar el aeropuerto militar de Santa Lucía, es decir, que se podía operar los dos aeropuertos, que no había problemas de espacio aéreo”.

Luego, el 11 de octubre, don Jiménez muy orondo, declaró: “Es compatible, según OACI, Santa Lucía con el Benito Juárez (…) simple y llanamente ratifica lo que planteamos en un principio de que la decisión es válida”.

¿Sí?… pues no. El 12 de octubre los contradijo Melvin Cintron, jefe de la OACI para Norteamérica en entrevista dada a Fórmula Financiera, y también por carta dirigida a AMLO: no han dicho semejante cosa y ratifican su recomendación de seguirle en Texcoco, como “la mejor opción”.

Uno es un tenochca simplex y no sabe un comino de estas cosas; además, es paciente por herencia genética de los pobladores originarios de Mesoamérica, pero tampoco nos gusta que nos tomen el pelo: no somos sus babosos (… bueno, luego entran dudas).

Lo de que no nos gusta que nos agarren de sus tarugos también es por lo que ayer dijo don Jiménez de que el documento de la Navblue se lo dio a AMLO desde el martes 23 pasado y ya lo van a “subir” al portal de ellos… en inglés. O sea, no es público, no está en nuestro idioma, pero, eso sí, desde el martes se lo entregaron a AMLO, cuyas habilidades con el idioma de Shakespeare son de todos sabidas. No se vale. Ya díganle derecho que no se puede eso de campechanear aeropuertos. ¡Ya, hombre!

Y don Jiménez, tan fresco, agregó que el estudio también planteó la posibilidad de realizar un análisis complementario que tardará entre seis meses y un año. ¡Válganos Dios!… o sea: dentro de seis meses o un año sabremos si estuvo bien cancelar el NAIM en Texcoco, si eso decide el pueblo sabio que eso es lo que somos en estas cosas de aeronáutica (¡agárrense los de la OACI!).

Como AMLO de tarugo no tiene un pelo, lo que preocupa es pensar en qué estará pensando. No es creíble particularmente en él, tanta estupidez (por cierto: ¡pobrecillo don Jiménez… esa es lealtad!).

El asunto del aeropuertote que necesita el país no es con mucho un tema que preocupe a la mayoría de los habitantes. Si es una maniobra de distracción… ¡qué estarán tapando!

Ahora que si es para que nos vayamos acostumbrando a que durante todo su sexenio nos va a traer mareados, le tengo noticias: sí se puede, eso y más hemos aguantado en este país, pero lo malo es que le pueden amargar su sexenio enterito los que tienen agarrada por debajo de su túnica y en mal lugar, a La Patria (la señora de la portada de los libros de texto gratuitos), los del gran capital extranjero y doméstico, aunque arda el país y se arme un despelote económico, porque a esos les interesa lo suyo y con esa gente es mejor no llevarse.

De veras, ¡ya estense!

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