La verdad, no: La Feria

SR. LÓPEZ

Tío Chacho (Juan Ignacio, del lado materno toluqueño), era trabajador, serio, fiel, y decentísimo. El problema es que todo era mentira. La ventaja es que tío Chacho era el Mozart de la mentira, el Einstein de las excusas… y durante largos 14 años mantuvo engañada a su esposa, tía Tita (Martha, Marthita…), hasta que un día, por acompañar a un juego de futbol a su hijo menor -Paquito, 10 años de edad-, se cayó el castillo de naipes, pues Paquito se agarró a trompadas con otro niño del equipo contrario… porque le dijo “papá” a su papá y lo supo tía Tita y ya sabe usted lo que pasa cuando se siembra en el cerebro de una mujer la duda: todo averiguan. No trabajaba, debía dinero por todos lados, tenía casa chica y mediana, era bebedor y ludópata (así se le dice hoy a los irresponsables que se juegan en una mesa de póquer la comida de su familia). Fue horrible.

Cualquier adulto en pleno uso de sus facultades mentales, entiende que en este mundo, mentir es inevitable, necesario (y hasta virtuoso). Uno no puede ir por la vida soltando verdades a diestra y siniestra sin ningún filtro (decirle a una orgullosa mamá que su bebé tiene cara de sapo, no se hace, se dice “¡qué simpático nene!” o nada, pero no se dice la verdad). Pero mentir tiene límites muy claros: nunca se vale si se perjudica a otro, tampoco se vale engañar al superior jerárquico en el desempeño de la profesión (aunque arda la cara), entre otros casos.

También cualquier adulto (bla, bla, bla), sabe que es mejor no mentir, evitarlo cuanto sea posible (muchas veces basta con mantener la boca cerrada).

Pero, aunque resulte incómodo, hemos de aceptar que entre el herramental indispensable del profesional de la política, está el mentir y de su capacidad de hacerlo convincentemente, a veces depende la sobrevivencia del Estado. Imagine usted nada más a Churchill diciendo la verdad cuando parecía que Hitler se aprestaba a invadir la Gran Bretaña… no, damas y caballeros, don Winston mintió, con garbo y descaro: “aquí los esperamos… van a ver la que les tenemos preparada” (lo dijo bonito), cuando la realidad es que no tenían manera de aguantar el empujón. Sí, en política la mentira es una herramienta indispensable.

Dicho lo anterior, conviene apurar la siguiente aclaración: el político que miente sistemáticamente, se hunde, más pronto que tarde (del valor de su palabra depende todo; cuando su palabra no vale para la gente, es mejor que se retire y se dedique a otra cosa, a la repostería danesa, por ejemplo); y el político con responsabilidades de Estado está obligado a mentir lo mínimo indispensable, para evitar catástrofes, nada más.

La situación actual de nuestra risueña patria es difícil. Por un lado, el discurso oficial sostiene que todo va bien, con excepción de la recuperación de la seguridad pública; por el otro, la terca realidad contradice esa retórica con aromas del más clásico y viejo priismo que campeó por esas tierras de 1970 a 1976 (Luis Echeverría Álvarez, el Chacho indiscutible de la política mexicana).

Sin ponerse a dudar de las bondades de hacer el Tren Maya ni tomar en consideración que el Instituto Mexicano para la Competitividad, estima que puede costar entre 4 y 10 veces más de lo que anunció el gobierno (entre 120 mil y 150 mil millones… no es moco de pavo si luego sale en 480 mil ó un billón 200 mil millones). Dando por bueno el proyecto de la refinería Dos Bocas, en Tabasco (suponiendo que están orates todos los especialistas de México y el extranjero que claman porque no se haga semejante cosa). Suponiendo que la comunicación Golfo-Pacífico por el Istmo no va topar con la fiera oposición de ambientalistas y organizaciones indígenas; aceptando que hay empleo para todos los migrantes a quienes pegue la gana venirse acá. Seguros que sembrando árboles se reactiva la economía del sur del país. Confiando que los policías federales que protestan por su incorporación a la Guardia Nacional, harán un acto público de contrición y entrarán mansitos al servicio… dando todo por bueno, incluido el rescate pleno de Pemex y por supuesto, la mágica desaparición de la corrupción, queda por responder una preguntita: ¿con qué?

Las arcas nacionales no soportan tales inversiones. El gran capital doméstico, anda retobón. El gran capital global de occidente va a pensarlo unos cinco años más. Los inversionistas peso pesado, confían en nuestro gobierno menos que una novicia en un sargento.

Si la respuesta es China, ya la amolamos.

El pasado martes 2 de julio, informó el portal oficial del gobierno federal: “Concluye visita de trabajo a China del canciller Marcelo Ebrard. El secretario de Relaciones Exteriores concluyó una visita de trabajo a China. Durante su estancia sostuvo reuniones políticas de alto nivel y participó en un seminario empresarial para impulsar el comercio y los flujos de inversión productiva”.

Por su lado, el consejero de Estado y ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, declaró sobre la visita de Marcelotzin: “Estamos en contra del unilateralismo y el proteccionismo. Vamos a promover una gobernanza global con una orientación justa y razonable (…)”.

No se necesita ser una lumbrera en geopolítica para suponer que el tío Sam se opone a que China invierta en América Latina (y más en México).CNN Español publicó apenas el 23 agosto de 2018, un artículo firmado por Pedro Brieger        , quien comenta: “Durante la reciente gira por Brasil, Argentina, Chile y Colombia, el secretario de Defensa de Estados Unidos, el general James Mattis, dejó muy claro que a la Casa Blanca le disgusta –y mucho– la creciente presencia de la República Popular China en Latinoamérica y la ve como parte de la disputa global que mantiene con el gigante asiático”.

Si todo el proyecto de este gobierno depende de cuantiosas inversiones de capital y la esperanza es China, se recomienda atentamente ir pensando en qué decir, todo se va a derrumbar, y no pueden decir la verdad, de ninguna manera, otra cosa, lo que sea, la verdad, no.

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