Laberintos secretos de dinero sucio

Una investigación periodística global, los Papeles de Panamá, destapa una gran cantidad de historias secretas. Cuando la transparencia llega a los sótanos del poder genera reacciones diversas, desde el escándalo hasta la sorpresa, pero, sobre todo, permite ver cómo están los países en su fortaleza-debilidad institucional y cuál es la tolerancia-intolerancia hacia la corrupción.
Como en cualquier menú amplio, en éste hay de casi todo: políticos, empresarios, deportistas, actores, escritores, narcos, organizaciones internacionales. De la misma forma, hay despachos, bancos y gobiernos involucrados. Estamos ante una gran cantidad de documentos que se filtraron, 11.5 millones, de un despacho en Panamá, Mossack-Fonseca, uno de los países que permite con mayor facilidad la generación de los llamados paraísos fiscales y las empresas offshore.
El inicio fue con el diario alemán Süddeutsch Zeitung y se hizo una red de 376 periodistas en 78 países; aquí en México, el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) seleccionó como socios al equipo de Aristegui Noticias y a la revista Proceso. En este laberinto de información hay asuntos muy importantes para México, quizá porque somos, después de China y Rusia, uno de los tres mayores exportadores de capitales ilícitos en el mundo, según Global Financial Integrity.
En Panama Papers se reconoce una gramática. Primero están los nombres que tienen diversos significados. Aparecen empresarios cercanos al gobierno de Peña Nieto, como Hinojosa Cantú del grupo Higa; empresarios del duopolio televisivo, Salinas Pliego (Azteca) y de Angoitia (Televisa), y otros nombres. Con Higa regresa el episodio de la Casa Blanca, que vuelve a salpicar al presidente porque su contratista preferido movió 100 millones de dólares hacia un paraíso fiscal. “El presidente de México aparece en una lista de 18 mandatarios cuyos familiares o cercanos pidieron el apoyo de ese despacho para crear complejos esquemas financieros con el propósito de esconder su identidad y la ruta del dinero” (Proceso , número 2058). Luego vienen los adjetivos con los que se califica el expediente: aquí llama la atención que la postura oficial fue decir, tener dinero fuera del país “no es delito”, y casi como una obligación se complementó con otra frase, “delito es no pagar impuestos”. En otros países se enfrenta este caso de otra manera, por ejemplo, el presidente Obama señaló que no es delito, pero que ese es precisamente el problema; en Francia pidieron ubicar a Panamá en la lista de paraísos fiscales; en Islandia el primer ministro renunció. En cambio, en la Rusia de Putin, se dijo que se trata de una acción de la CIA. Otra parte interesante son los verbos que acompañan a los Papeles de Panamá, como triangular, esconder, ocultar, lavar, evadir, acciones que atentan en contra de la transparencia y la legalidad. En esos espacios —que permite la globalización de capitales— es donde coincide la acumulación de dinero sucio para el terrorismo, la evasión fiscal, el lavado y el fraude.
Aquí en México también tenemos nuestros Panama Papers locales, son los gobernadores y ex gobernadores que han usurpado recursos para construir sus propias fortunas o para desviar el dinero a campañas políticas, como César Duarte en Chihuahua con el Banco Unión Progreso, o Humberto Moreira que endeudó a Coahuila. Se trata de la pestilente asociación entre política y negocios que sigue impune.
La investigación muestra los circuitos financieros sucios de la globalización y las dificultades para gobernar un mundo en donde las tecnologías y los huecos legales permiten el tráfico de dinero sucio. Es un mapa de transacciones opacas que se mueven con prestanombres y crean empresas de papel, que no existen. El problema se da en los márgenes de una legalidad deficiente, frente a la que se hacen esfuerzos internacionales, todavía insuficientes, para acotar y transparentar los privilegios del capital sucio. En suma, Panama Papers muestran las debilidades y retos de México para contar con una estructura fiscal fuerte y equitativa, impedir la evasión y, sobre todo, combatir la impunidad de los socios del poder…

Por Alberto Aziz Nassif
Investigador del CIESAS
@AzizNassif

EL UNIVERSAL

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