Latín, latón y lámina canalada: La Feria

SR. LÓPEZ

Este menda cursó Primaria y Secundaria en una escuela cuyo Director era más respetado que el Santo Padre en el Vaticano, don Ismael, señor siempre amable que nos manejaba a tres mil chamacos con los ojos. La escuela tenía una férrea disciplina, aunque no maltrataban a nadie, pero por unas cuantas cosas muy sensatas, cualquiera era expulsado aunque faltara un día para el fin de cursos; a cambio, daba una formación académica de presumir. En cierta ocasión don Ismael estuvo fuera de acción casi cuatro meses (se enfermó), y en su lugar quedó un ‘licenciado’ Sánchez Uriarte, joven y jovial, cuyo primer anuncio con todos formados en el patio principal, fue que cada salón elegiría un Jefe de Grupo; que estos elegirían un Jefe de Año; y que esos elegidos, conformarían el Consejo Escolar, que votaría la aprobación (o no), de las disposiciones de él: la democracia había llegado a la escuela (dijo). Al regreso de don Ismael, aquello era un aquelarre, lo arregló en dos días: el primero para correr a Sánchez Uriarte; el segundo para notificarnos que ahí mandaba él; protestaron los del Consejo Escolar y don Ismael les informó que al que no le pareciera, lo expulsaba y le devolvía a sus papás el importe de las colegiaturas que hubieran pagado en el año.  Se acabó la democracia… en buena hora.

México es como un enfermo sobrediagnosticado, al que le aplican tantos remedios y le prescriben tantas medicinas, que pareciera agravar sus males, que no son tantos ni irremediables aunque algunos sí son muy serios: seguridad pública, educación, salud, para abrir boca.

Curioso es que los problemas serios son de la responsabilidad de las instituciones del gobierno que entre todos pagamos (más o menos), sin dejar de aceptar que no son tan pocas las que funcionan dentro de los límites de lo aceptable (esto no es un ‘paisito’, tampoco).

Como sea, no es una exageración decir que México necesita mejorar su gobierno, en sus tres niveles, pero empezar por el federal estaría bueno, porque no va bien la cosa: ya somos tres Méxicos (Norte, Centro y Sur-sureste), y si revisa la economía por estado, ya parece una nación balcanizada (dividida en pedacitos, deshaciéndose), cosa relativamente cierta  y de urgente atención, porque no es de ahora sino de hace 198 años que son los que tenemos de que nos independizaron los españoles de España (después de que los indígenas nos conquistaron para España… cosas de nosotros).

Es imposible empezar de cero y rehacer un país de 130 millones de sonrientes conciudadanos sin arriesgarse a provocar algo gordo, como que algunos estados dijeran que se separan de la federación o que repitiéramos el pleito añejo de si de veras somos federales o centralistas, si de veras somos democracia representativa o queremos un sistema parlamentario (y bien podría aparecer un grupo que fuera a Europa por uno que viniera de Emperador; no lo dude). Mejor nos quedamos como estamos (y no le mueva).

Pero así como estamos tenemos que aceptar que el problema está en los partidos políticos. Con la pena: Morena no es partido (con suerte lo será, pero nada apunta a eso); los demás están unos, hechos trizas y otros, de dar risa. Cuestan caro y si revisa usted la calidad de cafres que mandan de representantes ante el Congreso (con honrosísimas excepciones, muy excepcionales), descubrirá al asesino serial que anida en su subconsciente.

¿Podemos prescindir de los partidos políticos?… no, aunque hay países sin partidos, por ejemplo:

Arabia Saudita (monarquía absoluta); Baréin (monarquía constitucional, partidos prohibidos). Catar (monarquía absoluta); Emiratos Árabes Unidos (monarcas federados absolutistas); Micronesia (sin comentarios); Kuwait (monarquía constitucional); Omán (monarquía absoluta); Pakistán (democracia intermitente entre golpes de Estado; partidos prohibidos en las áreas tribales… mmm); Palaos (presidencialista sin partidos; 21 mil habitantes; echando un café se ponen de acuerdo);Tuvalu (monarquía… 11,810 habitantes: “eeera un Rey de chocolate”); y el Vaticano (monarquía, Dios elige al que manda: a ver, dígale que no).

También hay países con un solo partido (y hacen elecciones): China; Corea del Norte; Cuba; Eritrea (un solo partido dictatorial, feroz y férreo; se dice de Eritrea que es el país del que todos quieren huir y son casi 6 millones de habitantes); Laos; República Árabe Saharaui Democrática; y Vietnam del Norte. Todos comunistas o socialistas, con excepción de China pero China es otro planeta.

Luego hay países de pocos partidos o solo dos, y los que como México, son pluripartidistas: Italia, es la democracia más carnavalera de Europa (terrible y fétida), con sus 92 partidos políticos (5 principales, 31 nacionales y 56 regionales); pero el país campeonísimo del despelote (maldita suerte la nuestra), es España, con  4,772 partidos políticos (sí: 4,772 según registro del Ministerio del Interior, al 15 de agosto de 2017… ya ha de haber más).

No somos árabes ni queremos Rey; no somos comunistas (ni podríamos, recuerde al vecinito del Norte que nos endosó el Creador); somos unos desordenados que no nos ha dado la gana gobernarnos bien, por lo que unos cuantos listos se han puesto a la mesa y mangonean como les viene en gana y cuando hay suerte, como mejor pueden.

Trágico el desorden dentro de Morena para elegir a su dirigencia nacional; de pena ajena el PRI como quedó; de caricatura lo que lograron hacer del PAN; de llanto el PRD; y los misceláneos… bueno… bueno, dejemos el tema.

Pero como ya quedamos: esto no es un paisito y se están organizando otros y organizándose bien, así que no se sorprenda mucho si de repente, en 2021 ó 2024, el juego es nuevo, con unos que ya de hecho existen (de maestros de muuucho colmillo), y otros que sin ruido organizan don Calderón y su respetable esposa, doña Margarita Zavala. Y entonces sí, todos a volar y será Morena, contra una derecha articulada y un partido de maestros que en cosas de política hablan latín, latón y lámina canalada.

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