“Legítima”, la protesta contra el ‘gasolinazo’: Obispo Arizmendi

El obispo de la diócesis local, Felipe Arizmendi Esquivel, afirmó que “es legítimo” que la población “se exprese, que salga a las calles y a las redes sociales” para manifestar su inconformidad por el alza en los precios de las gasolinas.

“Comprendemos los gritos y las manifestaciones contra el llamado gasolinazo, porque el pueblo ve cuánto se gasta en publicidad oficial, cuánto ganan los diputados, senadores, ministros de la Suprema Corte y otros servidores públicos; cuánto se destina a propaganda de los partidos políticos, y que luego se va a la basura, cuánta corrupción se cuela en la administración pública, cuánta impunidad en los robos al erario público”, añadió.

Expresó que ante ello “el pueblo nada puede hacer para impedirlo”, por lo que “sólo le queda expresar su inconformidad y su rechazo en tantas manifestaciones públicas que hemos visto en estos días”.

Agregó que “como pastores cercanos al pueblo comprendemos el enojo y la rabia de la mayoría de los ciudadanos, que se sienten defraudados, engañados con las promesas de que esos bienes y servicios bajarían de precio y ahora resulta lo contrario”.

Manifestó que “la mayoría de los partidos políticos apoyaron estas medidas y ahora las critican. No previeron las consecuencias. Por ello, ya muchos mexicanos no confían en sus políticos. Que esto nos sirva de experiencia para no dejarnos embaucar por quienes ofrecen revertir esos aumentos, ahora que están ya en campañas presidenciales, pues no todo lo que se promete es posible ponerlo en práctica. No somos una economía autónoma y autosuficiente, sino dependiente”.

Dijo que la iglesia católica “apoya al pueblo pobre en sus manifestaciones”, pero “es necesario que el pueblo se organice en trabajos comunitarios, en alternativas políticas a los partidos, en ayudas solidarias, para que no todo quede en desahogos viscerales”.

En un comunicado, señaló que “a todos nos ha cimbrado el considerable aumento a las gasolinas, al gas y al consumo de electricidad. Cuando a la gasolina sólo se le aumentaban unos centavos cada mes, no lo resentíamos tanto; pero este aumento ha suscitado reacciones violentas por muchas partes. Todo se encarece y los sueldos son más que mínimos, para la mayoría”.

Como Iglesia, abundó, “no nos compete hacer un análisis técnico y económico de las razones que llevaron a nuestras autoridades a tomar esta decisión; que los expertos en economía den su juicio si en verdad esta fue la mejor decisión para proteger la estabilidad económica y evitar peores daños si no se hubiera tomado o si habría otras alternativas”.

Remarcó: “Comprendemos el enojo del pueblo. Es legítimo que se exprese, que salga a las calles y a las redes sociales. Apoyamos al pueblo pobre en sus manifestaciones, pero “no apoyamos la violencia destructora, los saqueos, el vandalismo, el atropello a los derechos de terceros, los bloqueos carreteros contra quienes nada deben y nada pueden hacer para revertir los aumentos”.

Dijo que “dañando a los ciudadanos en su libre tránsito, aumentan el daño que el gasolinazo está causando”, por lo que exhortó “a la comunidad a expresarse, pero también rogamos encarecidamente evitar todo tipo de saqueos, vandalismos y bloqueos”.

Exhortó a las autoridades federales a buscar alternativas económicas que no dañen al pueblo, sobre todo a los de menos recursos, que son los que más importan. Hacer más efectiva la lucha contra la corrupción oficial, es la mejor forma de calmar al pueblo”.

Por separado, Leopoldo González González, obispo de Tapachula, donde se ha registrado el mayor número de saqueos a tiendas y comercios, afirmó que “el descontento y molestia por los gasolinazos son generalizados” y una “realidad que no puede ser desatendida”.

En un comunicado expresó su “rechazo y la tristeza ante los hechos violentos ocurridos en algunas ciudades de nuestra diócesis, en los que se han vandalizado y destruido negocios, oficinas públicas y bienes de la comunidad”, pues “esto para nada abona a una solución”.

Sostuvo que “estas conductas no han sido características de nuestra región y se percibe un ambiente de miedo que hace muchos años no se vivía. Ya es demasiada la violencia y la injusticia que padecemos para producir más violencia e injusticia. Quienes realmente busquen mejorar las condiciones para las personas y la sociedad, miremos la forma no violenta de exigir las medidas adecuadas para cambiar de raíz las estructuras y conductas que nos han llevado a la situación actual”.

Por: La Jornada

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