Leviatán

JOSÉ ANTONIO MOLINA FARRO

“Nada fatiga tanto como el aspecto de un perpetuo vencedor”

Nietzsche

El Leviatán sigue navegando y sus fauces son omniabarcantes. Nada lo detiene. Es insaciable en su voracidad. Para Hobbes, autor de la locución latina Homo homini lupus, “el hombre es un lobo para el hombre”, el Leviatán se vuelve imagen del poder del Estado, un ser no humano, un hombre “artificial” destinado a la protección del hombre natural. El Estado como justificación del poder absoluto.

Hoy México vive un desmantelamiento institucional que demandará décadas reconstruir. Pasamos del autoritarismo institucionalizado a la democracia no institucionalizada, con fuertes pulsiones caudillistas.

Un retroceso autoritario que amenaza los cimientos de la democracia y las conquistas alcanzadas durante décadas de vida institucional; pulveriza sin pudor el Estado de derecho, la división y  equilibrio de poderes, y engulle los órganos autónomos. Pisar la ley para hacer política, es abolir la ley y abolir la política.

El Congreso, cuya función sustantiva, amén de legislar, es el servir de contrapeso, denunciar y evitar las arbitrariedades y desviaciones del poder, poco puede hacer con sus muy dignas voces autónomas, en tanto son minoritarias ante una mayoría legislativa avasallante. Curioso paralelismo, Santa Anna llegó a decir, “Mientras tengamos Congreso no tendremos progreso”.

Dice mi talentoso y entrañable amigo Juan Carlos Cal y Mayor, “El mayor pecado de Morena, y en eso llevarán la penitencia, es no aceptar que su amado líder no lo está haciendo bien. No son capaces de un ejercicio autocrítico que empiece por evaluar al propio Presidente. Menos aun de corregir el rumbo que está siguiendo el país”. Un diagnóstico certero, pero no podemos exigirles lo que no pueden dar. La autocrítica que los evalúe a ellos y al Presidente, si la hacen, es hacia sus adentros, impensable exudarla, sería el suicidio político.

Cierto que muchos saben que el Presidente camina por el rumbo equivocado, pero lo aceptan por interés personal, grupal, económico o cálculo político. Otros más abandonan el cargo por dignidad, véanse si no las numerosas renuncias de miembros prominentes del gabinete y órganos autónomos, no así de los militantes de Morena, al menos no abiertamente. Imposible reconocer errores del profeta frente a sus súbditos, sin pagar el costo. Su mirada está puesta en el 2021 y el 2024.

Reconociendo la auténtica devoción que despierta Andrés Manuel en millones de mexicanos,  el proceder de turiferarios de legisladores y grupos cercanos al Presidente no asombra, es consustancial al sistema, alcanzar las dignidades exige, muchas veces, grandes indignidades, se premia la lealtad a ciegas, se castiga la discrepancia y se inhibe la reflexión colectiva, la discusión y la crítica, en aras de una disciplina perversa; pero ello no es potestativo de Morena, así fue con el PRI, así fue con el PAN, así ocurre en muchas entidades del país.

La cuestión es que la gente votó en contra de estas prácticas, así como en contra de la corrupción, la soberbia, la impunidad y el cinismo que todavía prevalecen. Tenemos un presidencialismo autoritario y satrapías locales con facultades metaconstitucionales, que toman decisiones que acatan sin chistar quienes participan en el ejercicio del poder.

Cierto es que hay presidentes y gobernadores que saben escuchar a su círculo cercano, hijos, esposas, amigos, algunos personajes con más influencia que otros, los menos escuchan la voz de la sociedad, pero con AMLO se han rebasado los límites del poder unipersonal, priman la egolatría y el narcisismo, lo ciegan sus fobias, obsesiones y ocurrencias. Con él o contra él. Como buen creyente de la nada creadora, busca reducir a cenizas todo lo existente, incluidos “viejos valores que oprimen  a la sociedad”, y ello pasa por el exterminio de las instituciones, para edificar, en sus cenizas, el nuevo orden liberador.

Su proyecto es misión y causa religiosa, su inspiración Tolstoi, “Cual es mi fe” y la “Cartilla moral” de Alfonso Reyes, ahí está el fundamento de la felicidad. De fuerte influencia también la “Economía moral” de Thompson, quien explicó el comportamiento popular en los motines de subsistencias del siglo XVIII, y  que enseñaba la inmoralidad de lucrar en base a las necesidades de la gente. En noviembre de 2019, AMLO editó un libro de su autoría, “Hacia una Economía Moral”, con prólogo de Enrique Galván, su viejo compañero de lucha.  Ahí establece los ejes rectores de su gobierno: honestidad, justicia y amor. El lector juzgará a la luz de los resultados.

Ya hablaremos en una próxima colaboración del rifle fideicomicida, dictamen aprobado entre gritos y empujones, con la  alianza de Morena, Verde y Encuentro Solidario, no así por el PT, de inspiración maoísta, que apoyó la permanencia de 35 fideicomisos con un valor de $21 mil setecientos millones de pesos, entre ellos el Fonden y Financiera Rural. Legisladores de Morena los acusaron de traición al líder máximo.

Todo apunta a una dirección no deseada, se inflama el radicalismo y se angosta la reconciliación, aunque ya surgen con fuerza organizaciones que se movilizan y protestan por la vía pacífica. Su valor está en la pluralidad de voces, ideologías y pensamientos, cohesionados por un objetivo común: México

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