Licencia para matar: La Feria

SR. LÓPEZ

Este menda sufrió el primer descalabro en su ego con las tablas del tres en adelante (no el último, el cálculo integral fue el más sonoro). Ignora el del teclado si ahora se enseñen las tablas de multiplicar en otro año, a su texto servidor le tocó en Segundo de Primaria. Debidamente reportado con su progenitor ‘a la salida’, este, contra su hábito, no fue a trabajar esa tarde: -De aquí no nos levantamos hasta que te las sepas dormido –dijo sentado a la mesa del comedor, con este López enfrente, y agregó: -No me vas a dejar como un irresponsable ante tu maestro -… dormidolas sé.

Como sabemos todos, la palabra ‘responsabilidad’ viene del latín medieval ‘responsabilis’ (que necesita respuesta), derivado del latín ‘responsare’, que es simplemente ‘responder’. El responsable es el que responde; los padres responden por sus hijos (y mascotas); el criminal, de su crimen; el médico, de curar; el maestro de dar bien su clase (no de que aprendan todos los alumnos, porque nunca falta un burro que ni con Sócrates ni López Sr.).

Sin forzar las cosas, podemos asegurar que cada quien, si está en pleno uso de sus facultades mentales, debe responder por sus actos (y omisiones): cada uno somos responsables o más bien dicho, deberíamos serlo.

En sentido contrario, ser ‘irresponsable’, tiene por extensión, en el uso diario, un significado preciso: el que no pone cuidado en lo que hace y le importa un reverendo y serenado cacahuate… aunque, ya responderá.

En el mundo como lo conocemos, el responsable máximo de todo lo público, que no de lo privado, es el gobernante, el gobierno, por ser el que asume respetar y hacer respetar las leyes; por ser el que concentra los instrumentos masivos de persuasión y los mayores recursos materiales y legales.

Conviene insistir: ni el gobernante ni el gobierno, responden de los actos individuales de cada persona, aunque hay casos en los que se traslapan lo público y lo privado; pongamos un ejemplo: la autoridad sanitaria tiene la responsabilidad de alertar a la población sobre cómo evitar el contagio del SIDA y simultáneamente, corresponde a cada quien hacer caso o jugar ruleta rusa cada vez que practica la gimnasia rítmica en pareja (cuantimás cuando se ejerce en número mayor a dos participantes… hay casos). Por supuesto la autoridad realmente responsable además de alertar, facilita el cumplimiento de sus advertencias con campañas de prevención, reparto a granel de artilugios de látex, etc.

Siguiendo con el ejemplo del SIDA: es una enfermedad terrible que se identificó en Francia allá por 1983 aunque en los EUA ya había reportes -sin saber qué diantres era- dos años antes. El SIDA lo causa un virus, el VIH que en un plazo de 5 a 10 años, deriva en la enfermedad que es una pandemia y ya ha costado unos 27 o más millones de vidas.

Si teóricamente, en sentido contrario, hubiera una epidemia mundial de responsabilidad, esa espantosa enfermedad desaparecería en un plazo de entre 5 y 10 años. Sí, imagine usted que a partir de hoy nadie practicara sexo inseguro: los ya contagiados no transmitirían a nadie más ese mal; los sanos seguirían sanos y ¡listo! Pero no somos así los humanos, no.

Lo mismo aplica para la pandemia de moda: el Covid-19. Si todos, absolutamente todos siguiéramos las indicaciones de la Organización Mundial de la Salud, pronto quedaría erradicado de la faz de la Tierra el coronavirus (lo escribe este menda sin tener la menor idea de qué significa), que los sabios denominan SARS-CoV-2 (se repite el paréntesis anterior).

El Covid-19 se regó por el mundo y está matando a millones, por irresponsabilidad, nada más por eso. Irresponsabilidad individual (asombrosa, pues se supone que el miedo es un gran incentivo), e irresponsabilidad de algunos gobernantes que se han rehusado por los más incomprensibles motivos, a tomarse en serio el asunto.

Del lado de la responsabilidad personal con esto del Covid-19, no es tan difícil: circular lo menos posible, usar cubre bocas, no toquetearse la cara (incluye narices), lavarse las manos con frecuencia, no estornudarle en la jeta a nadie, saludar de lejitos. Nada heroico.

Del lado del gobierno, de nuestro gobierno, tampoco es tan difícil detectar las metidas de pata, las irresponsabilidades en que incurrió: somos uno de los pocos países del mundo que no cerramos fronteras ni suspendimos vuelos internacionales, que fueron los que nos trajeron el virus. No hay la menor duda, ya que no se detuvo la llegada del extranjero, se pudo haber decretado la cuarentena de los pasajeros que llegaban (muy incómodo, pero es más incómodo el ataúd). Reporta la BBC que en América, los únicos países que no clausuraron fronteras ni decretaron restricciones a la entrada de viajeros, toques de queda, cuarentenas, son México y Nicaragua.

El primer contagio de Covid-19 en México, se detectó el 28 de febrero. Hasta el 19 de marzo el gobierno recomendó (no obligó) que la gente se quedara en casa “si no es indispensable”. Al principio, el Presidente recomendó seguir abrazándonos, usar escapulario, ser honestos y sigue desacreditando el uso del cubre bocas, mientras el responsable de combatir la pandemia, el doctor Muerte, lo declaró una fuerza moral que no contagia… y sigue con sus giras.

Quedemos claros: cada uno es responsable de cuidar su salud y no contagiar a otros; esto no es transferible. Y del mismo modo, la política pública de salud es responsabilidad exclusiva de la autoridad. Nada justifica que el gobierno no adopte e imponga las medidas necesarias para detener la pandemia y el moridero. Nada lo justifica y comprar las vacunas no atenúa la evidente irresponsabilidad de aplicar extraños criterios políticos a lo que se debió atender solo criterios médicos y rigor científico.

Hemos llegado a más de un millón 750 mil contagiados y casi 110 mil muertos, pero el gobierno sigue atenido a la responsabilidad del tenochca simplex, sin imponer ninguna medida obligatoria en nombre de la libertad que en este caso es licencia para matar.

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