Liga infinita: La Feria

SR. LÓPEZ

Tía Nena (pocos supieron su nombre, Felipa), de las de Autlán, del lado paterno, guapa de quitar el hipo, durante 22 años le aguantó muchas a su esposo, tío Nachón (Ignacio se llamaba, pero era tan… usted entiende): borracheras, parrandas de días, camisas embarradas de lápiz labial; regresar apestando a perfume barato o sin calcetines; y atender a sus amigotes cuando los invitaba a comer a su casa -y de comida pasaba a cena y a veces desayuno-: todo le aguantó. Hasta el día que les embargaron la casa: ese día lo dejó. Tenía límite la cosa.

El viernes pasado, la autoridad sanitaria del país nos hizo saber: hay 6,297 casos confirmados del Covid éste, que son 55,951, advirtiendo desde antes que pueden ser, 10, 20 ó 40 veces más los contagiados que los confirmados… o sea: hay 6,297, pero son 55,951, que pueden ser 62,970… 125,940 o quién sabe, tal vez con mala pata 251,880…

Y se queda uno pensando: ¿es en serio?… ¿cómo se previenen para esto?… ¿cuánto personal médico hace falta?… ¿cuánto material?… ¿cuántas camas y equipos?; porque no es lo mismo contratar alguien para que nos pinte una pared de 62 metros cuadrados, que son 559 aunque puede ser que mida 629 ó 2518… ¿cuánta pintura compra?… ¿cuántas brochas?… ¿va solo o con otros 40 pintores?… ¡Vacilón, qué rico vacilón!…. ¡cha, cha, cha!… ¡qué rico cha, cha, cha!…

Uno supone que en algún otro país donde no se viva bajo los principios del manual ‘La mentira en la vida cotidiana’, las multitudes saldrían a despellejar vivos a los que les dijeran que hay 6,300 enfermos, que son casi 56 mil, pero pueden ser 251 mil… ¡Óigame, no! (como diría el personaje de Eugenio Derbez, ese que nuestro Presidente desenmascaró y resulta ser portavoz de los conservadores… ya lo sospechábamos, analice a la Familia Peluche, fifís de tomo y lomo).

Pero eso no pasa en México por dos razones: la primera, ya dicha, estamos acostumbrados a que nuestras autoridades mientan; y la segunda: no esperamos nada de nuestros gobiernos y solo cuando la panza aprieta sí se pone brava la gente (pronto sabremos si la desatención masiva de enfermos, también, hasta ahora, solo la panza).

Por eso no deben confiarse nuestras actuales autoridades federales; además aunque estemos acostumbrados a que nos mientan, hay de mentiras a mentiras. No es lo mismo inventar héroes (como Pancho Villa), que inventar equipo médico; no es lo mismo nacionalizar la banca -porque nos habían ‘saqueado’ y no nos volverían saquear-, que expropiar la panza porque los conservadores quieren no pagar impuestos y el que manda quiere que aprendamos a vivir en la pobreza franciscana (pero los franciscanos comían, diario, debían contarle los de su confianza, no sean así).

Sí, los orgullosos integrantes del gallardo peladaje nacional, aguantamos mucho, claro que sí, del “Arriba y adelante” de Echeverría; “La solución somos todos” de López Portillo; “La renovación moral de la sociedad” y “La solución somos todos”, de Miguel de la Madrid; al “Que hable México” de Salinas (que dejó a México indignado y mudo); el “Bienestar para tu familia” de Zedillo (que de tarjetita de presentación cometió aquel ‘error de diciembre’ que nos puso en la indigencia); pasando por aquello de  “Mi compromiso es contigo” de Peña Nieto; hasta llegar a la florida apoteosis verbal de los lemas de las campañas presidenciales de Andrés Manuel López Obrador: “Por el bien de todos, primero los pobres” (2006); “El cambio verdadero está en tus manos” (2012); “Juntos haremos historia” (2018), acompañada esta última, con su guarnición ‘tutti frutti’ con aderezo de babas:

“Amor y paz”; “Becarios sí, sicarios no”; “Ni chavismo, ni trumpismo, sí juarismo, maderismo, cardenismo, mexicanismo. Que no te asusten” (no, no nos asustamos, ¡machos!); “No puede haber gobierno rico, con pueblo pobre” (y gobierno pobre con pueblo mísero, ¿sí?); la inolvidable frase, éxtasis del pensamiento minimalista:  “Abrazos, no balazos” (con dedicatoria especial a la parentela directa del señor Chapo, con respetillo);  y “Minoría rapaz” (aplican restricciones: Salinas Pliego, Manuel Velasco, entre otros).

Y en apartado especial, esa otra frase, consuelo de todo tenochca simplex, síntesis precisa de las ansias de justicia de la nación: “La mafia del poder” (léase el “Manual de amnistía anticipada”: quedan exentos, por el poder limpiador de la ‘4T’: Bartlett, Ebrard, Jaime Bonilla, Carlos Lomelí -fugaz súper delegado del gobierno federal en Jalisco-; Napoleón Gómez Urrutia, Alfonso Romo -el empresario afamado por meter a Monsanto en Chiapas, exfoxista que decía: ‘AMLO, un peligro para México-; y otros, sin mencionar a los que el viento se llevó y fueron colaboradores de las confianzas de nuestro ahora Presidente: el Bejarano (el Señor de la Ligas para sus conocidos); el Ponce (que apostaba el erario en Las Vegas); la Cadena -filmada recibiendo dinero contante y sonante-, o el terrorífico matrimonio Abarca, enredado en lo de los 43 desaparecidos de la Normal de Ayotzinapa)… y no olvide el “fuchi, guácala” oficial a la “mafia del poder”. ¡Suertudotes que somos!

Tomemos con resignación azteca lo de la pandemia. Total, ya sucedió. A cualquiera toma por sorpresa (aunque se nos alertó desde enero, lo que hace inexcusable la tragedia… pero, ya, no echemos sal a la herida). Ya ni modo.

Pero lo que sí es previsible y no es un efecto inesperado, es la gravísima crisis económica que tenemos encima y se agravará en la medida que el Presidente sostenga la necedad de dejar a su suerte a la planta productiva y prescribir aspirinas para un infarto empresarial nacional (el millón de créditos de a 25 mil pesos, es una burla).

Olvide las advertencias de los economistas del mundo, las instituciones financieras y la banca internacional. En nuestra Secretaría de Hacienda y el Banco de México, hay gente probadamente capaz para capotear esta res…  pero topan con un Presidente seguro de su suerte y creyendo que el país aguanta todo. Y no, no existe la liga infinita.

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