Llanto con hipo: La Feria

SR. LÓPEZ

La tía Tina (Ernestina, lado materno toluqueño) era una anciana alta, elegante, magra de cuerpo y cara de vinagrillo, siempre de rig uroso luto, blusa abotonada al cuello, faldas hasta el piso y bastón con empuñadura de oro macizo -por el gusto, no lo necesitaba-, peinada de chongo, con el rostro polveado de blanco muerto, la boca grotesca de labios arrugados pintados rojo sangre y luciendo joyas discretas pero escandalosamente caras. Viuda sin hijos, heredó varios ranchos que vendió para hacer edificios de apartamentos; cada mes se hacía rica otra vez. Este menda recuerda el olor dulzón de su perfume, lo nudoso de sus manos y su voz cavernosa. A tía Tina no la quería nadie; las raras veces que iba a algún evento familiar pocos le hacían plática, a muchos había ofendido o calumniado y era de juicios severísimos; cuando alguien volteaba la cara para no saludarla, decía con el volumen necesario para que la oyeran los presentes: -Ya estarás en la lectura de mi testamento –y sonreía maligna. Con lo que no contó la tía fue con que Magda, su ama de llaves, a la que despidió sin darle un quinto después de largos años de servicio, coleccionaba fotos, fotos de ella, la tía, practicando gimnasia rítmica grupal en peculiares fiestas, al parecer muy animadas, en su casa de descanso en Cuernavaca. Magda no pidió dinero por las fotos… se conformó con hacerlas llegar por correo a varios de la familia. Las carcajadas se oyeron en todo Toluca. Jamás nadie volvió a ver a tía Tina y luego se supo que heredó todo a unas monjitas. Y ni así se le borró la sonrisa de la cara a nadie. No es bueno sembrar agravios.

Al terminar este mes, el presidente llevará 22 meses en La Silla. Casi la tercera parte de su periodo. Se nos ha hecho eterno no solo porque desde antes de asumir el cargo actuó como si ya fuera Presidente, sino por su compulsión irrefrenable de hablar. Habitualmente (siempre), los presidentes declaran poco y los oíamos cuando pronunciaban discursos bien pensados y redactados en eventos públicos, conmemoraciones de fechas históricas o actos de gobierno. Tiempos nuevos, ahora el Presidente es el ‘estandopero’ matutino. Está bien, muy su gusto, el que quiere lo oye y el que no, le cambia de canal, total.

Sin embargo de que su obsesión oral es cosa de él y no viola ninguna ley ni derecho ciudadano, sí sería de desear que se moderara, por su propio bien, pues no es raro que diga cosas que lo exhiben exactamente al revés de lo que quiere aparentar, por ejemplo, su permanente ataque a los medios de comunicación que no lo alaban, a los periodistas que informan cosas nada gratas de su gobierno, a los intelectuales que le plantan cara, los insulta y amenaza no muy veladamente; o cuando dice que a los LeBaron no les va a hacer el juego, ni a los papás de niños con cáncer. Si a él no le molesta quedar como intolerante, colérico e insensible, muy su asunto. Segundo ‘total’.

Otra cosa es recapacitar en que el Presidente surca su sexenio sembrando agravios y coleccionando enemigos. Eso no es bueno para él ni para el país. En serio: cualquiera que tenga la cabeza en su sitio no quiere que el gobierno fracase; si fracasa el que lo paga es el país, o sea nosotros, todos (no, perdón, no todos, quedan exceptuados los vividores -‘machuchones’, diría el Presidente-, que se estén beneficiando de la situación, mejor dicho: que se están beneficiando… y no son tan poquitos).

Por más que el Presidente diga que las críticas son porque afecta intereses; por más que según él, los que se le oponen -todos los que se le oponen-, son corruptos cómplices de los conservadores de antaño, que añoran los privilegios perdidos; su afirmación no resiste análisis. Habrá de esos que él dice, seguro, pero no pueden ser todos y si me apura, no son los que más le deberían preocupar.

Para abrir boca, tiene un frente abierto con los indígenas del país, si no con todos, con muchísimos, con todos los que forman el Congreso Nacional Indígena (CNI), y el Concejo Indígena de Gobierno (CIG). Junto con ellos, están muy enchilados con él los del EZLN (a los que no puede tachar de fifís, conservadores, cómplices de los neoliberales… esperemos). Aparte y más, las organizaciones campesinas que están que trinan: les han quitado casi todos los programas de apoyo a la producción.

Tiene declarada la guerra a los colectivos feministas y a las mujeres en general, esas que protestan porque las están matando, violando, secuestrando, vejando… y no las recibe porque él no le hace el caldo gordo a nadie. ¡Qué vivo!

Al mismo tiempo que se pelea con la prensa, trae bronca con la tercera parte de los gobernadores del país, con los campesinos de Chihuahua, los intelectuales, con ciudadanos de a pie que se organizan (FRENAA le está creciendo por falta de atención y oportuna respuesta; era algo sencillo en sus inicios, ahora ya no, ya se enredó, polarizó él mismo la postura de ese grupo pudiendo haberlo desinflado); las organizaciones magisteriales no están nada contentas y también trae otro un problema serio con Morena, su partido.

Si nada de lo anterior merece la atención del Presidente, si la pandemia ya la domó, si la economía es asunto resuelto, si sus megaobras serán un gran éxito, entonces tiene tiempo sobrado para atender la gravísima inseguridad pública, que no amaina ya muy vencidos los plazos que se dio a sí mismo… y que no vuelva a repetir que los responsables son los gobiernos corruptos de antes, él asumió la responsabilidad y se le otorgó todo lo que pidió, Guardia Nacional incluida.

Si ni eso le roba el sueño, entonces solo queda recordarle un pendientito que está en hervor: la corrupción que permea en su gobierno y a personas muy cercanas a él, que no se las puso un enemigo, los nombró y protege él; y una advertencia: si mágicamente a partir de este lunes no volviera a haber un solo acto de corrupción en todo su gobierno, nada más los casos que ya tiene encima, aunque crea que le vienen guangos, ya se enterará que son de llanto con hipo.

 

 

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