Los cangrejos: La Feria

SR. LÓPEZ

La prima Laida (Adelaida, de las de Toluca, lado materno), era guapota y una trucha enjabonada. Si salía mal de calificaciones, llegaba tarde por estar platicando (… o lo que sea), con el novio o se le olvidaba algún mandado, lo que fuera que ella pensara que podía terminar en bronca con su mamá, se anticipaba con algún chisme, porque tía Perla no tenía defensa para eso (le encantaba el chisme), y si el asunto era con su papá, tío Agustín, lo resolvía mucho más fácil y siempre igual: le decía que se iba a meter de artista (era guapota, ya le dije) y el muy católico tío, alarmadísimo, olvidaba lo que fuera para sermonearla y prevenirla contra ‘eso’. Total, siempre los distraía y cuando lo de su hijito, les dijo que se iba de monja (alegrón para sus viejos), lo tuvo sin que supieran y regresó con el bebé de casi un año, diciendo que lo había adoptado, que lo dejó alguna mala madre en una canasta a la puerta del convento. Ya casada se portó bien, pero se casó con un líder sindical al que no había quien le metiera un gol. Bueno, por lo que sea.

El viernes pasado, por lo de la marcha contra el feminicidio y pintarrajeada de Palacio Nacional; por lo del Decálogo contra la violencia a la mujer de nuestro Presidente (muy en plan de Moisés bajando enchilado del Monte Sinaí); por lo del coronavirus; por la liberación del ‘Lunares’ o por ver memes del día del amor y la amistad, por lo que sea, pero pocos se enteraron de las declaraciones del embajador de EUA en México, Christopher Landau … cuantimenos del pavoroso caso de los helicópteros rusos que íbamos a comprar pero no vamos a comprar.

Mucha, mucha gente en nuestra risueña patria, espera con fe de converso que nuestro Presidente tenga razón y que a partir de este año empiecen las suavecitas, que habrá bienestar (sin crecimiento del PIB, concepto anacrónico de tecnócratas rapaces de esa élite que tiene nombre: la mafia del poder, sí, esos que cenan tamales de chipilín con chocolatito); que el 1 de diciembre (así, precisamente el primer día de ese mes), se recupera la seguridad pública; y que prontito estarán retacados de medicamentos los hospitales públicos; al tiempo que unos se enojan y otros saborean las burlas y chunga que se hace por asuntos tan serios como la rifa del avión (sin avión), la construcción de varios megaproyectos y el reparto de dinero en efectivo a ninis y similares… pero pocos ponen atención a nada que no sea el relámpago del día (se propone elaborar un estudio cuyo título provisional puede ser: ‘Origen y explicación de la pobreza; ontología del chacoteo’).

Una de las varias cosas que no nos gustaban de ese pasado feroz, fifí y conservador que ya superamos (4T mediante), era su sumisión al tío Sam; bueno, le tengo noticias: estamos igual pero más adentro. No solo lo de los migrantes es prueba, sino que el embajador de los EUA nos advierta tan fresco, que no tendremos crecimiento económico mientras no recuperemos la seguridad pública… y ¿sabe qué?… no es cierto, pero es advertencia de parte del Trump que se cree dueño del rancho y que nada más nos deja cultivar esta parcela (que él llama: ‘back yard’, patio de atrás).

No es cierta la afirmación de don Landau porque entonces no hubiéramos exportado el año pasado cerca de 400 mil millones de dólares (se dice fácil… y de  petróleo es el 10%). Nuestro decrecimiento económico es por el abandono en que tenemos al sur-sureste del país. Si el gobierno federal pusiera atención, induciría planes realistas de desarrollo para los seis o siete estados que lastran el crecimiento económico nacional, sin seguir gastando en asistencia social, que debe ser temporal y subsidiaria, no sustituta de la inversión productiva. Pero, ya lo dijo don Landau:

“El tema de seguridad es obviamente fundamental, porque sin seguridad no puede haber crecimiento económico o prosperidad, así que hablamos, yo creo que vamos a tratar de establecer un diálogo continuo sobre materias de seguridad entre la embajada y el sector privado mexicano porque ellos tienen muy buenas ideas, ideas interesantes” (¡ah, los come-tamales se andan reuniendo con el caballerito!… ¡vaya, vaya!).

Y para mayor RIP, vino a México el 6 de febrero el canciller ruso Sergei Lavrov (con menos cobertura de prensa que un juego de la Liga Maya… sin la menor mención oficial, sin apapachos de don Marcelotzin al pie del avión);  y el y de febrero (jueves), aseguró que “México estaba negociando con Rusia la compra de ‘un lote’ de helicópteros militares”. A la semana siguiente (viernes pasado), el subsecretario adjunto de Asuntos del Hemisferio Occidental, del Departamento de Estado del gobierno yanqui, de nombre Hugo Rodríguez, declaró en una audiencia en el subcomité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes yanqui: “Según nuestra investigación inicial, parece que tal venta provocaría sanciones potenciales bajo CAATSA” (refiriéndose a la ‘Ley para contrarrestar a los adversarios mediante sanciones’, promulgada por el tal Trump en agosto de 2017). O sea: van a ver, cómprenle a Putin y a la salida nos vemos.

Y se queda uno pensando: ¿o sea, México necesita permiso de los EUA para ir de compras?… ¿a nuestras autoridades modelo 4T no les resulta ofensivo bailar en boca extranjera?… ¿o será que el gobierno yanqui no quiere que luego a un empresario de ellos con negocios acá le toque un helicóptero militar ruso en una rifa? Puede ser.

Uno esperaría una galana declaración de nuestro gobierno federal, exigiendo respeto a nuestra soberanía y que México le compra lo que quiera a quien quiera… pero, no, de inmediato (a las 12 horas con siete minutos del viernes), de parte de nuestra gallarda Secretaría de Relaciones Exteriores se hizo público lo siguiente: “Fuentes de la SRE aseguraron que no se comprarán helicópteros a Rusia, luego que el canciller ruso, Sergei Lavrov, asegurara que existían conversaciones para llevar a cabo la compra”.

Listo: ¡s’órdenes, jefe!… ni modo: igual que antes y más bien, como los cangrejos.

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