Mala memoria: La Feria

Sr. López

Tía Victoria, como bien sabe usted a estas alturas, acumuló en su vida más colchones que la cadena Sheraton y encima, sabía las “historias” de todo el Toluca de la primera mitad del siglo pasado. En general era discreta pero cuando de defender a las mujeres de la familia se trataba, en especial a sus sobrinas, no se tentaba el corazón, como la vez que tía Beatriz dijo de la prima Olga, que era una chamaca de vida inmoral y tía Victoria la atajó: -Si tanto te gusta hablar de moral, platícanos por qué tu primer hijo nació sietemesino de cinco kilos y ni se parece a tu marido –soponcio de tía Beatriz, risitas contenidas de los presentes.
Emilio Lozoya, director de Pemex de diciembre del 2012 a febrero del 2016, acusado de corrupción, lavado de dinero, tráfico de influencias y crimen organizado, fue capturado en España y extraditado en México.
Al llegar a esta tierra de hombres cabales, pasó a ser ‘testigo colaborador’ conforme a lo dispuesto en la Ley Federal para la Protección a Personas que Intervienen en el Procedimiento Penal (no ‘testigo protegido’, que eso no existe en la ley, ni ‘persona protegida’ que sí existe pero es otra cosa según las fracciones IX y X del artículo segundo de esa ley).
Quedó sujeto a proceso por los probables delitos de cohecho, asociación delictuosa y uso de recursos de procedencia ilícita. Ha confesado que recibió un soborno de 10 millones de dólares de la empresa Odebrecht. No pisó la cárcel, pues se supone que va a ‘colaborar’ (a echar de cabeza a otros). Bueno, cada quien se defiende como puede y más si la Fiscalía se va encima de la mamá, hermana y esposa. Cualquiera no afloja.
El caso es que fue sorprendido el pasado sábado 9 de octubre, cenando plácidamente en un restaurante caro de la CdMx. Se armó un escandalete ridículo: el señor puede andar por donde le pegue la gana dentro de la capital del país, portando un brazalete electrónico de localización (se supone que lo usa, pero vaya usted a saber).
Al día siguiente el Presidente de la república declaró que eso “es legal pero es inmoral”. ¡Áchis!
Es delicado que el Presidente hable de moral, pues la moral la impone la sociedad; la moral son las costumbres, los valores culturalmente establecidos y aceptados por la generalidad; nos gusten o no; sean correctos o no, respecto del Derecho y los derechos.
Interesante sería que nuestro Jefe de Estado y de Gobierno, se enterara que la costumbre (la moral), está inserta en las leyes promulgadas que norman el comportamiento de los individuos que pertenecen a determinada colectividad, pues se legisla tomando en cuenta entre otras cosas, las costumbres de la sociedad.
Por eso y para no arriesgarse a que el titular del Poder Ejecutivo salga con vaciladas de moral, moralina o moralejas, al asumir el cargo jura solemnemente cumplir y hacer cumplir las leyes, no las costumbres, no la moral. En fin, para el caso que le hacen a uno.
Decíamos que es delicado que nuestro Presidente hable de moral (y lo hace insistentemente), porque en el uso cotidiano que los del peladaje hacemos de ese término, no son pocas las acciones de su gobierno que por legales que sean, son inmorales.
Es legal (ya es legal), la arbitraria suspensión de la construcción del aeropuerto de Texcoco, pero fue una inmoralidad que nos costó carretadas de dinero, que lastimó el prestigio del país como lugar para invertir, con consecuencias que no por silenciosas son menos estruendosas respecto del futuro económico de la nación.
Es legal (a empujones), la construcción de la refinería de Dos Bocas, pero es una inmoralidad haberla decidido por capricho y a contrapelo de las opiniones de los expertos, entre ellos los del Instituto Mexicano del Petróleo (de Pemex), que desde 2008 declararon inviable su construcción por buenas y no pocas razones.
Es legal (porque terminaron por aceptar los propietarios), pero fue inmoral la clausura de la construcción de la cervecera Constellation Brands en Mexicali, a resultas de una consulta popular 100% inventada (bueno, no, 95% inventada), mandando al basurero una inversión de dos mil millones de dólares, cuatro mil empleos indirectos y mil directos,
Es legal (porque la autorizó el Congreso), la contrarreforma educativa, aunque es inmoral haber devuelto a la deplorable CNTE el control de la educación en los estados en que campea.
Es legal y muy inmoral gastar dinero del erario, o sea de todos los que pagan impuestos, en personas que deben llenar dos requisitos: no trabajar y no estudiar, los afamados ‘ninis’, en vez de crear una bolsa nacional de trabajo y centros de capacitación para el trabajo o lo que sea, excepto regalarles dinero.
Podríamos mencionar otras acciones del gobierno federal de turno, legales pero francamente inmorales y hasta otras pertenecientes al hilarante tratado de la Historia de la Estulticia, como solicitar que España pida perdón a México por hechos sucedidos cuando España no existía (ni México), pero nada de eso atenta contra las obligaciones presidenciales, el cretinismo no está tipificado ni es punible, la ingenuidad o la terquedad, tampoco.
Más de pensarse son las acciones ilegales e inmorales de este gobierno: decretar la política de “abrazos, no balazos” para la delincuencia organizada y no detener a capos del narcotráfico; su propuesta de “amnistía anticipada” a favor de quienes hayan cometido delitos de corrupción; también es ilegal e inmoral que el 80% de los contratos federales se otorgue por adjudicación directa; igual que el desbasto general de medicamentos que en el caso de los niños con cáncer es una afrenta; también es ilegal la manifiesta omisión para desocupar las vías férreas de Michoacán, clausurar los comedores comunitarios, cerrar las estancias infantiles, las casas refugio para mujeres víctimas de la violencia… ya sin mencionar el abandono del sector campesino y de toda la sociedad ante los embates de la pandemia.
Este esperpéntico panorama prueba que los políticos que tienen la conciencia tranquila tienen mala memoria.

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