Mascarada: La Feria

SR. LÓPEZ

Tío Martín y tía Lucha (lado materno-toluqueño), individualmente eran buenas personas pero conyugalmente, un par de terroristas: su matrimonio era una guerra de guerrillas. A pesar de las continuas hostilidades maritales, tuvieron once hijos (Dios sabe cómo). Como gente educada que eran, si había visitas, cesaban los enfrentamientos y se trataban con corrección. Una sola cosa delataba que en esa casa sucedía algo raro: no había un solo retrato en paredes o sobre ningún mueble. La explicación eran sencilla, tía Lucha había roto los retratos del cuñado que le presentó a Martín (al grito de “¡maldita la hora!”); él guardó el agravio y al siguiente enfrentamiento, rompió los retratos de recién casados; ella se siguió con los de toda la parentela de él y al revés, él, con los de su suegros y cuñados; la tía la emprendió contra las fotos de sus hijos cuando bebés y así, en cosa de días, quedaron sin una foto, que también se despacharon las de bautizos de sus vástagos; solo tenían en el comedor la reglamentaria ‘Última Cena’, porque, decía tía Lucha, no eran las ‘Bodas de Caná’.  Enviudó ella y tapizó la sala con fotos del funeral bien enmarcadas: -¡Algo qué celebrar! –decía tía Lucha. Feo caso.

Empachado el del teclado de tanto sainete nacional, se dispuso a buscar algo que decir sobre otro tema: recalentado de peje mañana, tarde y noche, cansa.

Destaca lo que está sucediendo en los EUA a raíz del asesinato por asfixia, el 25 de mayo pasado, del afroamericano George Floyd, en Minneapolis, Minnesota, en plena calle, por un policía, con la gravísima omisión de sus compañeros ahí presentes. Sin ninguna duda, si Mr. Floyd hubiera sido blanco, anglosajón, protestante, no hubiera sido asesinado… ni detenido. El racismo de ninguna manera ha sido erradicado de los EUA, ni de buena parte del mundo, aclarando de inmediato que también hay racismo contra la gente blanca en algunos países africanos; contra indígenas en América Latina; contra negros en el Sahara; contra judíos en muchas partes; contra gitanos en no pocos países… un batidillo.

El asesinato de mr. Floyd, tuvo ya reflejos contra la brutalidad policiaca en Europa y hasta en México, aunque en el caso de nuestro país, sin tintes racistas. Ya se verá si lo de acá es inducido, ya ve cómo se llevan los políticos y lo mucho que contribuye a este ambiente de crispación la beligerancia presidencial, que diario atiza problemas y siembra discordia. Cosas veremos.

Llama la atención el extraño remate de las manifestaciones contra el racismo en los EUA, pues algunos exaltados la emprendieron contra estatuas de Colón, relacionando a don Cristóbal con el esclavismo que suponen arribó a este idílico continente con los europeos. ¡Qué cosa!

Por supuesto había esclavitud entre los pobladores anteriores a la colonización europea de este continente bautizado por razones de risa loca como ‘América’ (suerte que el gran mentiroso de Américo Vespucio, no se llamaba Próculo).

Y por supuesto, es cosa de informarse, la masiva esclavitud de personas de raza negra con destino a este continente, fue posible gracias a que los negros de África vendían negros de África, a holandeses, ingleses, españoles, portugueses. Lo hacían desde siglos antes del ‘descubrimiento’ de América, vendiendo gente a los árabes, egipcios y países al otro lado del mar Rojo. Si de reivindicaciones contemporáneas se trata, entonces Benín, Ghana, Guinea, Nigeria, Angola, Tanzania, entre otros, tendrían que dejar de silbar de lado y asumir su responsabilidad como vendedores de esclavos durante siglos.

Este asunto de la esclavitud tiene muchas aristas. Malamente fue una práctica aceptada en el mundo desde la noche de los tiempos hasta hace muy poco.

Por algo en el Nuevo Testamento, no hay ni una sola condena de Jesucristo contra ella y por el contrario, San Pablo en su primera carta a Timoteo (6.1), indica: “Todos los esclavos deben tener respeto por sus amos para no avergonzar el nombre de Dios y su enseñanza”. No eran malos, así eran los tiempos.

Bendito el Dios en que cada uno crea, eso fue cambiando, dicen algunos enterados que entre otras razones por criterios económicos, pero igual: el primer país del mundo que abolió la esclavitud, fue Francia en 1794 y la Gran Bretaña en 1807; México la abolió en 1810; en 1820 en los EUA se estableció la pena de muerte para el que comerciara con esclavos; Turquía la abolió en 1847… y así.

Pero era algo tan natural que el gran Napoleón Bonaparte la restituyó en Francia en 1802 hasta que en 1848, la abolieron por siempre.

Dicho lo anterior, no se desdibuja el horror de haber traído negros como esclavos a América, pero es obligado matizar: la esclavitud fue una espantosa práctica general en todo el planeta al menos hasta fines del siglo XIX… y bien vistas las cosas, continúa en nuestros tiempos, a menos que el tráfico de personas, la explotación de mujeres y menores de edad, sean considerados variantes del libre mercado; a menos, también, que la esclavitud infantil de Haití, el ‘restavec’, sea aceptado como usos y costumbres (‘restavec’ en creole, del francés ‘rester’ y ‘avec’, ‘quedarse con’), pues aunque en la ley está prohibido, en los hechos nadie lo impide y en este año 2020, se calcula que hay 300 mil niños, la mayoría niñas, esclavos en Haití.

Sí, qué triste, pero falta mucho para que la justicia y la igualdad de derechos sea universal.

De cualquier manera, nunca es aconsejable revolver el pasado, protestar contra la historia; es querer recoger agua derramada: lo pasado, pasado, que tenerlo presente sirva de lección, nada más, pero sin pretender cobrar hoy facturas de hace siglos; bastan las contemporáneas aberraciones para tener motivación sobrada a las acciones de reparación y justicia.

Lo mismo aplica en nuestro país en otro orden de cosas: el enfrentamiento de liberales y conservadores se pretende reeditar para favorecer un movimiento que se niega a declararse de izquierda socialista, enemigo del capital y del comercio… por eso la mascarada.

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