Mauricio de Maria y Campos

JOSÉ ANTONIO MOLINA FARRO

´Todo intento por producir recuerdos coherentes equivale a una falsificación. Ninguna memoria humana está dispuesta en tal forma que lo recuerde todo en una secuencia continua…´

Anna Ajmátova

Mauricio creía en la plenitud de la vida. La amaba en todas sus manifestaciones, el sol, el mar, la luz, la libertad, la independencia, los más ricos frutos de la naturaleza y la civilización. Lo asombroso en él era la unión de un intelecto de primer orden y rigurosa autodisciplina, con un raro encanto personal y un placer en la comedia de la vida. Un erudito de poderosa y cautivadora personalidad, un hombre excepcionalmente simpático, que permaneció apartado de las normales categorías académicas; un ser humano  con una energía intelectual continuamente activa.

No recuerdo a nadie que no respetara su inteligencia, su intransigente integridad y su juicio independiente, en defensa de todo aquello en que creía profundamente. En alguna ocasión me recordó al historiador Lewis Namier quien habló de la dignidad de la cultura y de protegerla de sus tres mayores enemigos: el amateurismo, la prostitución periodística y la obsesión por la doctrina. Su conversación era un deleite, nunca estuvo salpicada del abigarrado desorden de un conocimiento abstracto. Siempre cortés, encantador, sencillo y auténtico. Era un intelectual, pero no era vago de ideas ni pedante, ni se encerró en una torre de marfil; participó y sintió toda su vida un interés genuino en la cosa pública. A su paso por la administración pública, en la diplomacia y en la academia, demostró que es posible ser políticamente eficiente y al mismo tiempo benévolo y humano.

En lo personal no recuerdo a un Subsecretario de Estado con su visibilidad pública, resultados tangibles y sin protagonismos fatuos. Ex Director General de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo, ex Subsecretario de Fomento Industrial, Investigador Asociado del Centro de estudios Económicos de El Colegio de México, Maestro en Economía del Desarrollo por la Universidad de Sussex, Reino Unido, Embajador de México ante el G-19 y en Sudáfrica, donde conoció y trató a Nelson Mandela, Dr. Honoris Causa de las Universidades de Moscú y Yunnan, China, autor de numerosos ensayos y libros, presidente del Centro Tepoztlán Victor L. Urquidi, fundado por un destacado grupo de intelectuales mexicanos y latinoamericanos.  No puedo dejar de mencionar su devoción por la cátedra, su enorme paciencia y riguroso sentido de responsabilidad. Con sus alumnos mediocres fue un preceptor profundo y estimulante. Nunca se permitió intimidar ni ridiculizar a los menos aventajados, pasarlos por alto o tratarlos con desdén. Les daba más de lo que hubiesen esperado y les estimulaba y fortalecía imaginación y autoestima. Saltaba de alegría cuando ex alumnos alumnos le llamaban, para felicitarlo por el día del maestro. Jamás olvidaré sus generosas invitaciones  a reuniones mensuales del grupo Tepoztlán.

José Agustín Ortíz Pinchetti escribe, “Rara vez podemos atribuirle grandeza a algún ser humano por toda su trayectoria…Era un hombre progresista y nacionalista en el mejor sentido de la palabra y es una pena que un talento así no hubiera sido utilizado por el actual gobierno, a pesar de que haya votado por éste.” Lorenzo Meyer lo sintetiza, “Mauricio…un servidor público como se debe”. Muchos homenajes ha recibido y seguirá recibiendo del mundo intelectual y académico, incluso desde posiciones ideológicas antagónicas.

El recuerdo que me quedará por el resto de mis días es el de un hombre de gran calidad humana, bueno y escrupuloso, de la más grande distinción imaginable. Descansa en paz mi muy querido y entrañable amigo. Lo siento tanto.

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