Mensos: La Feria

SR. LÓPEZ

Tía Eloína, no era mentirosa: cursó hasta el segundo de Primaria  y aunque mi abuelita Elena -su hermana- decía que era una burra, tenía mejor criterio que un Doctor en Ciencias. Un día, después de leer una columna de las primeras que le publicaron a este menda allá en el pleistoceno mexicano, me dijo: -“Bueno y tú escribes para qué; la gente ya sabe que salió capón el semental, que la cosecha se perdió y que a la vaca la secó el becerro; ¿qué se gana con que les refriegues en la cara la mugre del gobierno?… nadie tiene ganas de sufrir”. Pensó este su texto servidor cosas muy feas de la señora madre de mi señora tía… pero ayer, más de 40 años después, tuvo un espasmo, una epifanía de cinismo: ¿sí, es cierto, para qué?

Estos arranques metafísicos de conciencia y cuestionamiento sobre el sentido verdadero de las cosas y de la vida, atacan a este López raras veces, como reacción secundaria de un dolor de barriga o como efecto directo de no encontrar nada que ver en la tele (más de 80 canales y ¡nada!; ¿qué hacíamos los seres humanos en aquella Era que teníamos sólo dos?, que cuando tuvimos tres hasta risa daba -2, 4 y 5-, y mucho después cuando llegó el 8, jurábamos que iba a quebrar; era el Canal TIM, Televisión Independiente de México, de Monterrey). En fin, el caso es que ayer, López se puso metafísico, como  Rocinante el del Quijote, por no comer (nada de que lo dijo Sancho).

En ese incómodo estado de ánimo no se le encuentra mucho sentido a nada, empezando por el empeño de llegar en el mejor estado posible al momento de la muerte (sí, se sabe, para tener calidad de vida, pero no anda uno buscando explicaciones, sino nada más ejerce su derecho a la pataleta). En algún momento de la vida empieza uno a cuidar qué come, cuánto bebe, cuánto duerme, cuida el peso, cuenta calorías, hace ejercicio (o vive proponiéndose hacer, como su menda)… para poder llegar completamente sano y presentable al momento de estirar la pata. Bonita gracia, durar en lugar de vivir. Darle envidia al de la funeraria.

O tal vez estos arranques de nihilismo obedecen a que a partir de cierta edad se acumulan más “por qués” que certezas, se notan más algunos de los absurdos generalmente aceptados; mire si no:

A ver, ¿cuándo empezó la competencia de ganar dinero? Algo me perdí durante mi educación, no me di por enterado de que había que ir por la calle humillando desconocidos con el último modelo de coche alemán -o japonés, es lo mismo- que tiene una computadora capaz de llevarlo a Marte por instrumentos, pantalla con los mapas de 1,250 ciudades, que dice cómo llegar del Libramiento Norte al Alí Babar (a cooperar en la cruzada contra la sed), cuando mi viejo coche llega solo; quién estableció que ir de vacaciones a Veracruz era de nacos; desde cuándo es obligatorio ver al médico en Houston, tener 15 tarjetas de crédito, 70 trajes de marca (los calzones también, que usar trusas Zaga, ni los migrantes), zapatos de piel de cocodrilo nonato y víbora virgen; televisión tamaño pared; sistema de sonido apto para mítines; tener teléfono que saca fotos y calienta el café; maletas de a 85 mil pesos (para impresionar a los cargadores). De cuando acá bebemos Cointreau después de comer, cuándo se hizo obligatorio tener botella de Jägermeister -56 hierbas diferentes de la Baja Sajonia-, horripilante bebida apta para embriagar teutones y orangutanes.

¿Por qué trabaja uno como perro de trineo? (símil con derechos de autor de doña Alma Delia Murillo). ¿Por qué vivimos de prisa? ¿Desde cuándo es delito la siesta? ¿Quién decretó que tener deudas es bueno?, porque ahora resulta que si usted paga con dinero y no tiene aparte de tarjetas de crédito, crédito hipotecario, crédito para enseres domésticos, crédito en el súper, hipotecadas la casa y la esposa, y el carro empeñado, no es sujeto de crédito: si no debe hasta la camisa no sólo es un insolvente de pena ajena, sino sospechoso. Vivir y pagar al contado está tipificado, es propio de narcos y secuestradores.

Hay cosas más serias: ¿por qué hay que hablarse de “tú” con el mesero y con el del gas?; ¿por qué tiene uno que ser amigo de los hijos? Durante 30 mil años la humanidad se dividió entre padres, hijos, parentela, viejos y jóvenes, vecinos y desconocidos, con cada quien en su lugar que eso de andar de cuates todos de todos, sólo ha servido para que nadie respete a nadie. ¿Por qué las cuarentonas deben tener cuerpo de adolescentes, porque las adolescentes deben tener experiencia de cuarentonas? ¿De cuándo acá el modelo masculino debe tener músculos en la panza, bailar tango, salsa y “raggae fusion”?; ¿de cuándo acá los señores se hacen “peeling”; cuándo pasó de moda rasurarse?

De regreso a este oficio de escribir. ¿De veras importa? ¿El sentido de la vida es purgar a políticos de medio pelo proclamando su más reciente -que nunca última-, burrada? ¿Alguno de ellos, nomás por no caer en la boca -en el teclado- de su menda enmendó su vida de bellaco? ¿Importa que se convierta, no hay fila de aspirantes a sustituirlo en el albañal de las transas? ¿De veras la palabra mueve montañas? ¿No sería más productivo escribir cuentos para niños, libros de recetas de cocina tibetana, un tratado sobre la influencia del uso de desodorante en la decadencia de Occidente, un estudio de porqué se arrugan las yemas de los dedos con el agua o los hábitos de apareamiento de los coleópteros, ilustrado (para adultos)?

Lo peor de esto de juntar palabras es que hay que leer mucho, cosa de suyo sabrosa, pero quiero que dedique usted 40 años a leer diario declaraciones de políticos (mexicanos), reportajes de sus últimas andanzas, comparar las versiones del mismo hecho en cuatro periódicos todos los días, para concluir que son cínicos y les sobra saliva (¡bendita la hora en que hablan! porque si dejan escurrir sus babas nos ahogan).

Y se escucha la vocecita de la conciencia: por moler, compañero, por moler (que no es consuelo pero es muy divertido), y para que cuando menos sepan que no somos sus mensos.

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