México: ¿Qué esperamos?

Por Arnoldo Kraus
(Médico)

Los mexicanos no políticos y no asociados al narcotráfico aguardamos. Los políticosnarcos o los narcopolíticos no aguardan, al contrario, procuran que el país siga hundiéndose. Y si no lo procuran, carecen de dotes para enderezarlo.
No pertenezco a ninguna compañía dedicada a encuestas. Preocupado, sobre todo después de la masacre de Ayotzinapa, le he preguntado, cada día, a ocho o diez personas, acerca de la situación del país. Las preguntas son simples: ¿confía en el gobierno actual?, ¿confió en el gobierno de Calderón?, ¿confía en el PRI, PAN o PRD?, ¿tiene esperanza en alguien, en algún dirigente, en una formación política?
Mi encuesta tiene sesgo: Los encuestados son conocidos. Con algunos tengo mucho contacto, con otros poco. Algunos son médicos, otros son pacientes, amigos o alumnos, varios dedican su tiempo a la cultura, otras ayudan a madres centroamericanas que acuden a México en busca de sus hijos, y con algunos hablo por cuestión de servicios: peluquero, bolero, camillero, taxistas, cocinera, elevadoristas, meseros. El nivel de educación y situación económica varía, lo cual hace más representativa mi miniencuesta. Las respuestas, en cambio, son similares: (Casi) nadie confía en el gobierno actual, (casi) nadie confió en el gobierno del ex empleado de Harvard, y la inmensa mayoría carece de esperanza, tanto en los políticos contemporáneos, como en los que están tras bambalinas o en quienes pretenden trabajar en el gobierno.
Mi encuesta no es oficial pero es real. Carece de poder estadístico pero retrata bien el sentir de los mexicanos. Al gobierno no le sirven mis datos —ni los de nadie—, incluyendo las advertencias de medios como “The Economist”, “Financial Times”, “The New York Times”, y un larguísimo etcétera en italiano, francés o alemán que no llega a los archivos del gobierno. Al Poder le importa un bledo la voz del pueblo y otro bledo la opinión internacional. Mis datos, lo sé, sirven poco, pero tienen valor: representan el malestar, la asfixia y el desasosiego del pueblo como nunca antes (y eso que hemos convivido con políticos patanes, despóticos, ladrones y racistas).
Seguramente a algunos lectores les resultarán familiares mis comentarios. Aclaro: Mis encuestas no siguieron los patrones científicos como las elaboradas por el gobierno. Son válidas porque la población era heterogénea: hombres, mujeres, pobres, ricos, universitarios, empleados sujetos al sueldo mínimo, jóvenes, viejos, desempleados, lava coches, asaltados o no asaltados, incomodados o no por la policía, violadas, asqueados por la “Casa Blanca” y el resto de las casas, decepcionados porque nuestro señor Presidente no ha acudido a Iguala. Son además válidas porque la gente quería hablar.
Una vez formuladas las preguntas los entrevistados expresaban mucho. Dominaba la ira, el coraje, el hasta la madre, el dolor por los muertos, la desesperanza y la certeza de que las cosas no mejorarán. Corrupción, impunidad, carencia de servicios, falta de confianza e imposibilidad de progresar eran respuestas frecuentes. Tras las preguntas, una vez acabada la entrevista, cuestionaba, ¿a quién admiras en el gobierno actual?, ¿al Presidente, a algún gobernador, a algún ministro de gobierno? “A nadie”, fue la respuesta. No admirar es un subtipo de enfermedad (idea mía). Quienes admiran desean emular, copiar, alcanzar, ser como una persona que sintetiza una serie de cualidades y sapiencias salpicadas por dignidad, verticalidad, transparencia. ¿Quién en México?
Yo no admiro a nadie ni en éste ni en los últimos gobiernos. Encuesta genial sería elaborar una serie de preguntas dirigidas a políticos del PRI, PAN y PRD para que valorasen, desde el anonimato, la labor de sus compinches. Sé el resultado: No hay día sin noticias acerca de los desaciertos, robos, impunidad y corrupción provenientes del cáncer variedad México: PRIPANPRD.
Al gran Samuel Becket, cuando le propusieron llevar al cine su obra de teatro “Esperando a Godot”, comentó, “¿Cómo fotografiar palabras?”. Dueño de una inteligencia admirable no aceptó la propuesta. Su texto era una obra de teatro y no más. ¿Cómo puede comprobar el gobierno que mis estadísticas son reales si no constan en papel ni han sido sometidas a rigurosos estudios científicos? Fácil: Salir a la calle y preguntar, coger el auto y adentrarse en la Sierra Madre, cercana a Iguala, a observar los cultivos de amapola, y si acaso les interesa, leyendo lo que dice la prensa internacional del Momento México.
Notas Insomnes. Los personajes de Becket aguardaron en vano a Godot. Más de la mitad de la población mexicana, sumida en la miseria, espera un gobierno poco ladrón (imposible pedir más).

vía EL UNIVERSAL

 

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