México, un gran socio para Estados Unidos

A nivel mundial, la integración comercial ha mejorado el nivel de vida de la población gracias a que ha detonado una mayor productividad y permite el acceso a bienes de calidad con precios competitivos.
Además, el impacto neto en la generación de empleos por la apertura comercial ha sido positivo, aun cuando ha sido inevitable la desaparición de algunos puestos de trabajo ante la automatización de procesos y el traslado de producción de menor valor agregado fuera de las economías industrializadas.
En algunos sectores de la población estadounidense existe la percepción de que su economía está sufriendo un proceso de desindustrialización debido a que la producción manufacturera y los empleos se han ido a otras economías, a raíz del proceso de liberalización del comercio que inició en los 90 con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).
Décadas antes de la entrada en vigor del TLCAN el empleo manufacturero en Estados Unidos mostraba un declive atribuido principalmente al avance tecnológico. Entre 1979 y 2015 el empleo en las manufacturas disminuyó de 19.3 millones a 12.3 millones de puestos de trabajo, no obstante que el volumen de producción, es decir la cantidad física de producto final, aumentó en 110% en el mismo período.
A partir de la entrada en vigor del TLCAN no se percibe un deterioro generalizado del mercado laboral de EU. Por el contrario, la tasa de desempleo bajó de 6.5% al cierre de 1993 a 3.9% al cierre del año 2000, sólo 6 años después de que se firmó el tratado. Hoy se ubica en 5.0%, aun cuando a principios de esta década la crisis económica la llevó hasta niveles cercanos a 10%.
La pérdida directa de empleos manufactureros en Estados Unidos asociada con el traslado de producción hacia México se calcula como máximo en un millón de puestos de trabajo, lo que se compara muy favorablemente con la creación de 14 millones de empleos que la Cámara de Comercio de Estados Unidos estima que están vinculados con el comercio con México.
Hay que tener en cuenta que el comercio entre EU y México es único en el mundo, ya que existe un programa de “producción compartida” entre ambos países en el cual un 40% del contenido de las importaciones de Estados Unidos que provienen de México en realidad se produce en EU. Esto significa que cuarenta centavos de cada dólar gastado en importaciones de México regresan a Estados Unidos, una cantidad diez veces mayor que los cuatro centavos por cada dólar que regresan de los productos que se importan de China.
Por otro lado, la apertura comercial ha significado un incremento sustancial en el poder adquisitivo de las familias de Estados Unidos. Según un estudio realizado por las Universidades de California y de Columbia, el trabajador medio estadounidense perdería 29% de su poder adquisitivo si su país se cierra al comercio, mientras que los trabajadores con menores ingresos lo verían desplomarse en 62%. Esto porque su consumo depende en mayor medida de productos importados.
No obstante, resulta extremadamente difícil explicarle las bondades del comercio a quienes han perdido su trabajo y no han logrado reingresar al mercado laboral, o lo han hecho en condiciones precarias. La falta de capacitación ha impedido a estas personas adaptarse al cambio tecnológico, situación que se ha reflejado en un incremento en la desigualdad en los países desarrollados.
En Estados Unidos, por ejemplo, la remuneración real de un trabajador con título universitario se incrementó en 12% entre 1980 y 2015, mientras que los ingresos de los que carecen de título universitario, los menos calificados, se contrajeron en 21%, lo que explica el descontento y la frustración de un segmento importante de la población estadounidense. Por ello, no sorprende que entre los sectores de menores ingresos sean tan populares las propuestas proteccionistas y las promesas de repatriar la producción a suelo estadounidense.
El diagnóstico es claro, la población menos calificada en los países desarrollados atraviesa por una crisis debido a la incapacidad de adaptarse al entorno moderno, por lo que el esfuerzo de los gobiernos debe concentrarse en resolver esta problemática.
La respuesta se tiene que buscar en la capacitación y en desarrollar habilidades que le den mayor flexibilidad a la fuerza laboral, mas no en el proteccionismo; hacerlo sólo provocaría una caída en la productividad, los salarios, una mayor inflación y pérdida de bienestar para los menos favorecidos.

Por Enrique de la Madrid
(Secretario de Turismo)
EL UNIVERSAL

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