¡Milagro!: La Feria

SR. LÓPEZ

Tío Cacho (registrado como Óscar), tenía dos trabajos, de contador en una fábrica de siete de la mañana a tres de la tarde (turno corrido, 20 minutos para comer), y corriendo como venado para llegar a tiempo, de cuatro de la tarde a once de la noche, en una oficina de la entonces Regencia del Distrito Federal; en las madrugadas, de cuatro a seis y media, vendía tortas de tamal y atole en la esquina de su casa. Sábados y domingos, en las mañanas -misma esquina-, tempranito, caldos para la cruda y desde mediodía, barbacoa, hasta acabar todo. No se podía trabajar más y era la viva imagen de la pobreza: la ropa se le caía a pedazos, los zapatos siempre con agujeros en las suelas, impecablemente limpio pero se bañaba con agua fría y jabón para la ropa (de teja, pues). También trabajaban, su esposa, tía Tina (Martina) y sus cinco hijos, todos hombres, pero el gasto de la casa era responsabilidad exclusiva de tío Cacho. Nadie ayudaba con un peso, nada, eso era su responsabilidad, punto. Al tío daba pena verlo; la tía y sus hijos vestían bien, comían a hartarse y de vez en cuando se iban de vacaciones (tío Cacho, no, él las trabajaba, para sacar un “extrita”). Una buena vez, un invierno, a tío Cacho le dio una pulmonía cuata, pero una señora pulmonía como para dar clase, orgullo del hospital (el Hospital General, por supuesto, no tenía dinero para un sanatorio privado); a punto de morir estuvo, pero algo pasó y cuando regresó a su casa hecho un esqueleto, sin abrir la boca, empacó su poca ropa y se fue, a dónde no se supo, pero se fue para siempre (como tampoco se volvió a ver a una vecina, comadre de ellos… se decían cosas, vaya usted a saber). A grandes males…

Ayer se dieron vuelo los medios de comunicación de este nuestro risueño país con la noticia de las condonaciones de impuestos y cancelaciones de créditos fiscales en las dos últimas administraciones federales; los beneficiarios son empresas (de las grandotas), bancos (!), artistas, políticos (aunque no lo crea)… y el propio gobierno (estelarmente la CFE: 14 mil milloncitos de pesos dejó de pagar al gobierno del que forma parte). Mucha bulla le metieron al caso de la señora Citlali Ibáñez Camacho (a) Yeidckol Polevnsky Gurwitz, a quien el SAT de todos tan temido, le perdonó 16 milloncitos de pesos, pero eso fue de mala fe, por ser la presidenta en funciones de Morena, el partido que vela por nuestro bienestar. Cosas de la grilla.

En total, de 2007 a 2015, nuestro gobierno, dador de toda gracia, benefició con su habitual benevolencia a 7,884 contribuyentes con condonaciones que suman -a pesos de ahora-,  273,700 millones de pesos (mdp) y a 9,132 contribuyentes les dejó de cobrar créditos por 814,700 mdp; un total de 1 billón 88 mil 400 mdp… o sea, lo de doña Polevnsky son ganas de moler, una nada junto a esa hemorragia fiscal de poquito más de 136 mil mdp por año.

Debe advertirse a usted que dichas condonaciones fueron legales (a partir del año que entra ya no se vale), pero era una facultad del SAT, que por más que haya sido discrecional (para cuates, influyentes, poderosos y gargantones misceláneos), eso no la transforma en ilegal. Será tener muy poca, pero recuerde: “Dura lex, sed lex”, que traducido libremente significa: “Pobre del pobre, que al Cielo no va…” (ya sabe lo demás). Como sea, era legal y no pocas veces correcto (sí, no hay que armar espantos).

Otra cosa legalita es sacar dinero del país. El 25 de febrero pasado, informó el Banco de México que desde 2001, empresas establecidas aquí invierten fuera del país, 7,722 millones de dólares por año (en promedio), por ahí de 154 mil 440 mdp; aparte de la ‘desinversión’ (así le dicen a cuando alguien saca sus ahorros de un banco de aquí a un banco extranjero), por 4,710 millones de dólares en promedio, más o menos, 94 mil mdp (en el primer semestre de este año, ¡cosa más rara!, salieron de México 16,028 millones de dólares). Tomemos en cuenta solo los promedios anuales y súmelos a los ‘perdones’… ya vamos en casi 385 mil mdp anuales de diarrea financiera. Y la tendencia es sostenida, no es algo extraño: aquí se gana, se guarda afuera.

Nos podrían llamar más la atención otras cosas que no son legales, como los 500 mil millones anuales de evasión fiscal (lo dijo el procurador Fiscal, Carlos Romero Aranda, el 23 de mayo pasado, en el seminario Corrupción y Lavado de Dinero, organizado por la Unidad de Inteligencia Financiera). Vaya llevando la cuenta, ya vamos en casi 900 mil millones anuales.

También podríamos caer en cuenta que existe el contrabando: el pasado 22 de abril, Canacintra informó que somos el cuarto lugar mundial en delitos de piratería y contrabando (número uno y campeonísimos en América Latina), con más o menos 43 mil millones anuales de pérdidas para el país… y ya puestos en este plan, habría que echarle cuentas a la economía informal, esa que no paga impuestos, ni da prestaciones sociales: según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo que hace el Inegi, divulgada el 16 de mayo del 2017, el 57.2% de los trabajadores del país están en eso, en la economía informal, generando el equivalente a casi la cuarta parte del PIB anual del país (al cierre de 2018, Inegi informó que el PIB de México sumó 2 millones 548 mil 166 millones de dólares: casi 51 billones de pesos… y en economía informal se desaprovechan más de 12 billones anuales que deberían pagar IVA, impuesto sobre la renta, IMSS, Infonavit y todo). Siga con la suma o mejor, déjelo, es de locura.

Por cierto, estiman los expertos (según ‘El País’, edición del 30 de abril del año pasado), que a México entran entre 30 mil y 40 mil millones de dólares por la narco industria y que la marihuana es lo que más dinero reparte.

Aquí la pregunta es cómo funciona el país, unos no pagan impuestos, a otros se los perdonan, aquellos sacan su dinero, los otros trabajan chueco… en serio, a este barco todos le hacen agujeros y no se hunde… esto es muy buena suerte o milagro… no existe tanta buena suerte… ¡milagro!

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