Naturalmente: La Feria

SR. LÓPEZ

Tía Rosita (en Toluca, “la señorita Rosa”), vivió 117 añitos, lúcida los primeros 115, los últimos dos años, dormía, comía y punto (y nada más reconocía al impresentable primo Pepe, terrible estándar, menos con ella, nunca se supo la razón, pero era su favorito indiscutible). Sus sirvientas (unas chamacas de 80 años y poquito más), la querían mucho, la cuidaban con primor y aparte, la familia le puso enfermera las 24 horas. Se estaba apagando. Una triste tarde, la enfermera de turno llamó por teléfono a la abuela Virgen, la de los siete embarazos (sobrina de tía Rosita) y avisó que “la veía malita”. La información corrió como lumbre no solo porque era muy querida la tía, sino porque había algún interés, así como quien no quiere la cosa, por saber qué decía su testamento (nada más su casa, una manzana completa en pleno centro, valía una fortuna). Instalada en tragedia, la abuela Virgen por teléfono tocó a rebato, movilizó a cuanta familia quedaba allá, amigos y conocidos, para que de inmediato fuera su médico a verla (un jovenzuelo de 76 añitos), en lo que llegaban las tropas de refresco desde el entonces D.F. (toda la parentela), daba grima ver a la abuela llamar y llamar por teléfono a Toluca: ¡su médico!…¡su médico!… y tío Armando, hijo mayor de doña Virgen (que resultó era el heredero universal para sorpresa de todos y de él), le dijo a su mamá: -Cálmate… ¿a ver, por qué urge que la vea su doctor?… tiene 117 años, se va a  morir… de qué, es lo de menos… se va a morir, mamá –y en efecto, como pajarito, sin dar lata… dormidita. Si fueron los pulmones o el corazón, lo que fuera, a esa edad, todo era muerte natural. Naturalmente.

El estado en que se encuentra la relación México-EUA por supuesto que tiene remedio, a condición de no dejarse dominar por el pánico… ni la dignidad.

El viernes pasado, a las 20:31 horas de Washington, el infame Trump tuiteó que le daba mucho gusto (¡uy, mucho!… nos imaginamos cuánto), el acuerdo firmado que detiene definitivamente lo de aplicar aranceles a nuestras exportaciones a su país.  No eche las campanas al vuelo: si se consiguió evitar tamaña barbaridad, puede estar seguro que fue a cambio de entregar el palmito patrio. Nos lo digan o no (no nos lo van a decir).

En 1848 los EUA se robó sin consecuencias, más de medio territorio nacional (… digo, el “Tratado” Guadalupe-Hidalgo se firmó a punta pistola: eso es robar, el término jurídico preciso de Derecho Internacional, es lo de menos); claro nunca falta el cínico que repone: sí, tendríamos más del doble de territorio… más del doble de problemas… y de pobres (quién sabe, Dios sabe lo que dispone). Por eso desde hace ya 171 años, los gobernantes yanquis saben que pueden tratarnos como les venga en gana. Y así nos tratan… por eso los EUA no respetó el “Tratado”… y nosotros silbando, las manos en las bolsas, mirando al suelo.

¿Derrotismo?… ¿pesimismo?… ¿falta de nervio patrio?… sí, pero es la verdad.

Nuestra venerada “expropiación petrolera”, no fue tal, no “expropiamos” el petróleo, se expropiaron unas empresas (pagaditas): el petróleo siempre ha sido y será nuestro, desde cuando esto era Nueva España (… mientras esté bajo tierra, ya arriba, hay maña). La “expropiación” asistida por el embajador yanqui Josephus Daniels, se hizo porque iba a haber Segunda Guerra Mundial y los EUA no querían intereses europeos en México. La negociación entonces, era que los EUA se iban a oponer porque había capital yanqui entre esas empresas expropiadas y nos iban a bloquear, pero que nosotros firmáramos contratos de venta con Alemania, Italia y Japón… ¡y abur, bloqueo!… salvando la facha el gobierno yanqui. Todo sucedió en favor de los intereses de ellos. No mandamos ni un litro de petróleo a esos países y los EUA sí nos metieron a esa guerra a palos. México tenía que estar derechito y sin hacer gestos, del lado yanqui. Ni modo.

México hoy no es el enclenque país que éramos en 1848 o 1938… pero junto al cruel tío Sam, la desventaja en nuestra contra es de dar ataque de nervios con diarrea: sí podemos darles lata, pero es tan aplastante su superioridad económica, industrial y tecnológica (de lo militar no hablemos, por pudor), que lo recomendable es llevar la fiesta en paz, cosa muy difícil con una sabandija modelo Trump en la presidencia de allá, cierto… pero ya lo sabíamos: el tipo del copete de quesillo es un patán… que alguien ahora, nos explique la estrategia de rascarle salva sea la parte al tigre y andar de echadores y valentones. Regalamos el balón frente a la portería y el portero, es un nene que está aprendiendo a caminar: gol.

Hace años viene diciendo el Senado yanqui y los responsables de inteligencia de allá, que su seguridad interna empieza en el río Suchiate, no en el Bravo… la permanente desatención a nuestra frontera sur tiene consecuencias, una, ésta: el tío Sam se montó en México (y es muy pesado)… y por cierto: lo de la frontera es responsabilidad federal, no local.

Las amenazas arancelarias de Trump más la baja de calificación del crédito del gobierno de México, de  Pemex (quedó en “bono basura”), junto con varios bancos, pusieron al país en decúbito supino. Era aceptar o aceptar. Aceptaron. No olvidar: no nos lo van a decir… pero algo se sabrá, por lo pronto el tal Trump ya informó que:

“México, a su vez, acordó tomar medidas enérgicas para detener la marea de la migración a través de México y hacia nuestra frontera sur. Esto se está haciendo para reducir, o eliminar en gran medida, la inmigración ilegal que viene de México a los Estados Unidos”.

Y la agencia Reuters, informó el viernes a las 21:06 horas (tiempo de acá), que “(…) México recibirá a los migrantes que sean regresados ‘sin demora’ de Estados Unidos (…)”, ya somos lo que dijimos que nunca seríamos: tercer país, para acá los yanquis echarán a los migrantes que quieran y los vamos a recibir ‘sin demora’.

¿Y el apoyo fraterno a los desposeídos sufridos migrantes?… ¡chin!, el que manda, manda. Naturalmente.

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