Ni modo: La Feria

SR. LÓPEZ

Ya sabe usted de los tíos Óscar y Olga, esos que fueron la pareja más feliz desde la fundación del Universo por el Creador. Jamás tuvieron, no diga un pleito, ni un pequeño desacuerdo en nada, nunca. En serio. Para él no había nada en el planeta aparte de Olga y para ella, después de Óscar: el vacío. Se querían con una intensidad que hacía pensar en que lo prudente era que consultaran un psiquiatra, lo suyo era más que amor, enfermedad, progresiva e incurable (aparte de una pasión erótica que parecía crecerles con los años; no era raro que a media comida en su casa, con 20 invitados, de repente se desaparecieran una hora, a veces más, y bajaran de regreso a la estancia, recién bañados y con la cara resplandeciente; sus tres guapos hijos varones, ya grandes, se ponían de mal humor y las dos rutilantes y deslumbrantes hijas, se sonrojaban). Aparte, aunque usted no lo crea, eran un par de locos. Un ejemplo: empezaron a construir su casa en 1963 y la terminaron en 1982… 19 añitos en obra porque tío Óscar y tía Olga, la hicieron sin planos, con ‘maistros’ de obra a los que les iban diciendo qué hacer, qué cambiar, qué deshacer. El resultado final, después de 27 clausuras de obra de parte de la entonces Delegación Álvaro Obregón, fue una cosa que no parecía casa, una casa que parecía otra cosa. La terminaron estando ya casados los cinco hijos (huyeron de uno en uno, en cuanto pudieron), pero ellos igual, la terminaron con las seis recámaras previstas originalmente. Daba pena entrar y salir… lo fuera a ver alguien conocido… ¡ah! y a los dos años de habitarla, se las embargaron, porque no pudieron pagar el dineral que costó. Viven su larga vida en una casita muy mona en San Juan de Aragón (70 metros cuadrados); siguen igual. “Hay gente pa’tó”… decía el gitanillo.

Ayer, tan previsible como lo que sigue al noveno mes de embarazo, la Cámara de Diputados dio a luz el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 (PND), con los votos de Morena y Asociados y la inútil y meramente testimonial oposición de los que saltaron a la cancha sin portero, sin defensas, sin medios, ni delanteros.

Como ha quedado dicho, “hay gente pa’tó” y este menda se leyó completo el documento, contra los consejos del oftalmólogo (por desperdicio inútil de dioptrías), pero para que no le digan a uno, que no le cuenten, no hay más remedio que leer y leer y leer.

El asunto es que se supone que el Plan Nacional de Desarrollo, es obligatorio, según dice la Constitución (artículo 26), la Ley de Planeación (artículo 21) y la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal  (artículo 9 y del 27 al 42).

Reza el 21 de la Ley de Planeación: “El Plan Nacional de Desarrollo precisará los objetivos nacionales, estrategia y prioridades del desarrollo integral y sustentable del país, contendrá previsiones sobre los recursos que serán asignados a tales fines; determinará los instrumentos y responsables de su ejecución, establecerá los lineamientos de política de carácter global, sectorial y regional; sus previsiones se referirán al conjunto de la actividad económica, social y cultural, tomando siempre en cuenta las variables ambientales que se relacionen a éstas y regirá el contenido de los programas que se generen en el sistema nacional de planeación democrática”. Bueno, pues eso es lo que no contiene el PND aprobado.

Los precisos objetivos, estrategias y prioridades, no aparecen, por lo que lo del desarrollo integral y sustentable (ese que se está riendo: ¡para afuera!), queda en el mejor caso, en propósito. Encima, en la parte del farragoso Anexo elaborada por Hacienda, sí hay metas específicas… que contradicen lo manifestado en la primera parte del PND, en sus 64 páginas de discurso ideológico y remache de las culpas tan espantosas que llevarán como una mancha los anteriores gobernantes (¡viera cómo sufren!), para ya ni mencionar los errores de cálculo detectados por la Coparmex (según publicó ayer mismo la fifí Confederación Patronal de esta nuestra risueña patria… ¡pelillos a la mar!).

Obviamente, como es de esperar de la conocida perseverancia, tenacidad (no necedad, no sea conservador aguafiestas), del pensador que creó este documento que pasará a la historia (sección historietas histéricas), se insiste en que el crecimiento económico promedio anual durante este gobierno -que ya se empieza a sentir muy largo-, será del 4%, meta equivalente a superar un marcador de Brasil 7, Burundi 0, resultado de los primeros ocho minutos de juego (este gobierno estará en el poder 70 meses; ocho minutos equivalen a los primeros seis meses que llevan al timón). A uno no le crean, sí al Banco de México, y el BM ha dicho que para lograr esa proeza se necesitaría crecer más del 5.2% anual de 2021 en adelante… perfecto, ahí la llevamos: no dijeron que no (igual los comentaristas del partido Brasil-Burundi, pudieron decir que era cosa de no que no les metieran más goles y le anotaran más de 7 a Brasil… sí, ok, ¡fácil!)

Algo que no debería extrañarnos es que no haya en el PND metas o indicadores verificables para cositas como la cultura, la ciencia, la tecnología, si ya quedamos que no se necesita mucha ciencia para hacer pozos petroleros o caminos.

Lo que sí es extraño es que en el trepidante asunto de la inseguridad pública, en la primera parte del PND se hable de reducirla al 50% para 2024… y en el Anexo Técnico la meta sea del 15%… ¿error de dedo? (¿tipo dedo de estudiante yucateca?)

Este PND no fue elaborado para darle gusto a los residuos fifís de la población, sino para permitir la más libre acción del actual Poder Ejecutivo a fin de que obtenga sus propósitos… y eso no necesariamente está mal. Lo que habremos de suponer en un ataque de optimismo inexplicable (en grado imbécil), es que todo el inmenso aparato que compone el Poder Ejecutivo, podrá adivinar esos propósitos no plasmados en un Plan Nacional de Desarrollo, clarito y medible. ¡Que sufran!

Sí, pero la realidad es que esa gente no sufre nunca y los de a pie sí…. toca, ni modo.

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