Ni para un chicle

Si hubiera una palabra decente para calificar el nuevo aumento al salario mínimo sería insensibilidad. ¿En dónde nos perdimos?, ¿en qué momento dejamos de ponernos en los zapatos del otro?, ¿en qué momento la gente se convirtió en índice y el índice solamente se ocupa para señalar?
Lo he dicho en muchas ocasiones: si los partidos y los políticos no cambiamos nuestra manera de pensar, sentir y actuar, seremos los responsables de un desastre social.
La noticia del “aumento al salario mínimo” es de pena ajena; lo único que produce es un enojo masivo, la incomprensión, la frustración y lejanía entre el ciudadano y los políticos.
¿Qué compra usted con dos pesos?
Con dos pesos lo único que se me ocurre es un chicle, que serviría para quitar el mal sabor de boca que provocan noticias como ésta. Hagamos cuentas: Si consideramos que el kilo de tortillas está a 12 pesos, un bolillo a 1.45 pesos, un paquete de espagueti cuesta 6.21 pesos, un kilo de frijoles 17.31 pesos y un kilo de arroz 17.31 pesos, el presupuesto diario para la alimentación de una familia de cuatro personas nos deja con un panorama sombrío.
Estos dos pesos con 84 centavos al día fue el aumento que este año determinó la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, mismos que se suman al minisalario actual de 70 pesos, con lo que un trabajador ganará 73 pesos diarios, es decir, 2 mil 191 pesos al mes.
A diciembre, el costo de la canasta básica de 52 productos (incluido un litro de leche, un kilo de azúcar, un kilo de carne, huevo, pan, tortillas, algunos vegetales y granos), es de 1, 909.52 pesos; de adquirirse con el nuevo salario mínimo, dejaría 281.48 pesos para pagar renta, transporte, ropa, luz, agua y medicamentos, entre otros servicios.
Esa misma canasta básica deberá entonces durar por lo menos 30 días para una familia de cuatro integrantes, que es lo que está considerado rinda el salario mínimo de un trabajador.
En esta terrible y desesperante situación se encuentran aproximadamente más de 66 millones mexicanos. Elevar el salario mínimo en nuestro país no es negociable, de acuerdo con nuestra Constitución, debe ser “suficiente para satisfacer las necesidades normales de un jefe o jefa de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer educación obligatoria de los hijos”.
Desde mis inicios en el Sindicato de Sobrecargos, una de mis principales luchas ha sido la defensa de lo que establece la Constitución en materia salarial. Así fue también como senadora y ahora, como secretaria de Educación del DF, la urgencia es mayor.
Ante toda esta serie de datos y cifras existe un sector de la población más vulnerable y que depende directamente del ingreso que se percibe en las familias: los niños y las niñas.
Es evidente la relación que existe entre el grado de escolaridad y el ingreso laboral. En nuestro país, 33.9 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA) carece de instrucción o cuenta solamente con la primaria, y es la que se encuentra en el punto más bajo de la escala salarial.
No se puede aspirar a un mayor salario si no existe una mejor preparación, y que los actuales aumentos al minisalario no han contribuido a mejorar la vida de quienes lo reciben, por el contrario, en los últimos 30 años se ha perdido en 75 por ciento el poder adquisitivo en nuestro país.
En varias ocasiones los gobiernos de izquierda de la ciudad de México han sido criticados y calificados de populistas, por contar con programas que brindan apoyo a los sectores más vulnerables de la sociedad.
Pero, de no existir estos programas, ¿qué pasaría con los miles de jóvenes que son apoyados con financiamientos para que continúen sus estudios?
Un salario digno no solo permite tener una calidad de vida digna, también garantiza que ningún niño se quede sin estudiar, que no vaya a la escuela sin desayunar, que deje las aulas para trabajar. Lograr un salario digno no solo beneficia al trabajador, beneficia todo su entorno familiar, social y, por ende, a nuestra ciudad.

Por Alejandra Barrales
(Secretaria de Educación del Distrito Federal)
Twitter: @Ale_BarralesM
www.alejandrabarrales.org.mx

EL UNIVERSAL

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