No es en serio: La Feria

SR . LÓPEZ

Va uno acumulando décadas y matiza lo que pensaba de los domadores que tuvieron a su cargo amaestrar a este menda… eran tantas las normas domésticas que difícilmente no estaba uno castigado por algo; la subcomandante Yolanda concentraba el Poder Legislativo y Judicial, en el Campo de Adiestramiento (otros niños le decían ‘casa’ al suyo), y emitía normas a diario. Ahora, más años después de los que es prudente confesar, entiende uno: no era crueldad, era entrenamiento estaban para vivir en México.

Dada la diarrea legislativa que aqueja a La Patria (la señora de toga blanca de la portada de los libros de texto gratuitos), comprende uno que sin ese entrenamiento bien podría encontrarse disfrutando de los cursos de capacitación y reinserción social tan amenos que se imparten en cualquiera de los Centros de Readaptación Social que nuestro gobierno ha distribuido por el país, que constituyen nuestro Sistema Penal Montessori, orgullo de todos nosotros. Pero, no, los egresados del Campo López, estamos a las vivas, listos a evitar cualquier sorpresa que embocen nuestras leyes.

Algo pasa en México, tal vez, como los legisladores no se podían reelegir (desde 2018 ya se vale, una sola vuelta senadores y diputados federales), les entraban ansias de hacer leyes, las que fueran, con tal de dejar su marca en la historia, aunque la verdad, la inmensa mayoría de nuestros tribunos padecen del incurable Síndrome de Acidia (apatía, dejadez, desgana, desidia, holgazanería, vagancia, vaguería, negligencia, o si le rasca al diccionario de mexicanismos, hay otra palabra para describir con toda precisión su inacción somnolienta en curul, rima con ‘cueva’).

Y ¡menos mal!, porque si así, siendo pocos los activos y creativos, no paran de emitir leyes, imagínese que todos los diputados de los estados (suman más o menos 1,135), más 500 diputados federales, más 128 senadores, en total: 1,763, tribunos… si cada uno trabajara, digamos, una semana al mes, tendríamos 21,156 iniciativas de ley nuevas cada año. No, mejor que sigan dormitando.

Entonces, esta disentería legislativa, esa incontinencia, obedece a otras causas, más bien a una causa: la fe en que la ley cambia la realidad. Mire si no:

Que asesinan mujeres (cosa fea), se crea el delito de feminicidio: ¡resuelto!; ¿que sigue la matadera?… se impone la ‘Alerta de Género’, y ahora sí. ¿Que la gente no paga sus impuestos completos y copeteados?: se legisla para hacer tan incivil costumbre equivalente a ser asesino serial, explotador de menores, traficante de armas o drogas… ¡otro asunto! ¿Qué hay inocentes presos?: ¡ley de amnistía!, faltaba más (cosa que indigna, porque si hay inocentes presos, lo menos que se podría hacer sería revisar qué hizo cada juez y recetarle la misma pena que injustamente impuso).

¿Qué hay pobreza, tragedias y desesperanza entre algunos connacionales?… mmm, no contaban con la astucia de nuestros políticos: ¡Secretaría del Bienestar! Antes las cosas estaban mal, pero es que se llamaba Secretaria de Desarrollo Social, en cambio así, ya siendo Secretaría del Bienestar, ¡a bien estar todos! Y el que no esté bien será por su gusto o porque sea fifí, frufrú, conservador o le guste llevar la contraria. Fregados esos…

De verdad, si dentro de algunos milenios, cuando este territorio sea otra cosa y de los tenochcas puros no quede rastro, los arqueólogos de ese lejano futuro, se van a quedar impresionados leyendo nuestras leyes, van a sostener, papeles en mano, que esto era el Edén, el Paraíso, la Arcadia hecha realidad. Mire usted que tenían leyes que protegían los derechos de niñas, niños, adolescentas y adolescentes (la gramática vale churro frente a la corrección política de género), personas ancianas o de capacidades diferentes… sin faltar las fulgurantes leyes que custodiaban a criadas (no es grosería), a los indios (tampoco es), y velaban por la ecología con mimo. ¡Qué gente habitó estas tierras!… ¿cómo fueron a desaparecer?… la Atenas de la Grecia Antigua era un bar de mala muerte, de barrio bajo de puerto, junto al México del siglo XXI. Eso pensarán… hasta que empiecen a desenterrar periódicos.

En México vivimos un cierto tipo de esquizofrenia con personalidad múltiple, sin que a nadie se nos mueva el copete. Aceptamos con la mayor naturalidad la distancia que existe entre nuestras leyes y nuestra realidad. Un ejemplo, así, a volapié: se supone que ahora, con el nuevo sistema penal acusatorio, el que acusa, tiene que probar… ¿de veras?… pues explíquenle a Rosario Robles por qué está presa en lo que la Fiscalía General encuentra pruebas de lo que la acusan (y a algunos otros miles en su misma circunstancia); y no le cuenten de las docenas de presos inculpados y encontrados culpables con puños de pruebas, que salen libres porque los jueces descubren que hubo por ahí algo que faltó a la hora de dictar sentencia a reos que encima, aceptan su crimen (Televisa informa, 13 de febrero de 2018, 8:03 am: “Un asaltante ha sido detenido 8 veces por la policía de la Ciudad de México tras robar tiendas de conveniencia en las delegaciones Tláhuac y Xochimilco durante 2018; durante este año ha cometido un asalto cada cinco días”. Y sigue libre porque ¿sabe qué?, la policía lo detiene con muy malos modos, le alzan la voz, lo zangolotean… de veras, que les enseñen a detener delincuentes, Manual de Carreño en mano).

¿Quiere ratificar la influencia de Kafka en nuestro Poder Legislativo? (nomás no olvide la realidad nacional): tenemos una ley que protege y garantiza nuestro derecho al chacoteo, a jugar balero, a darse un revolcón sin intermedios ni límite de tiempo, en el motel de su elección. ¿No?… claro que sí, toda “actividad física con fines lúdicos que permiten la utilización positiva del tiempo libre”, está prevista en el artículo 5, fracción IV, de la ‘Ley general de cultura física y deporte’. Lo lúdico es el juego y jugar es muy positivo, aleja el mal humor, tonifica músculo, quita penas. ¿Ya entendió?… no es en serio.

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