No juega limpio: La Feria

SR.  LÓPEZ

El Presidente de este país, quien quiera que sea el que ocupe el cargo, dispone de una vasta estructura administrativa y operativa, no por el gusto de sentirse importante, sino porque sus responsabilidades como Titular del Poder Ejecutivo, Jefe de Estado, Jefe de Gobierno y Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, son muchísimas. Y encima, el Presidente no puede soslayar la atención del juego político nacional.

Es tal la complejidad de los asuntos nacionales y del aparato de gobierno, que es absolutamente imposible la atención personal del Presidente de todas sus responsabilidades, está obligado a delegar y a respetar las decisiones de su gabinete legal y ampliado en todo lo que constituye el funcionamiento ordinario de la administración pública, reservándose el ejercicio directo de su autoridad para la orientación política general de su mandato y los asuntos de Estado, que debe atender personalmente.

Entre aquellos que han sido presidentes de México, hemos tenido de todo, desde los que llegaron a balazos o de chiripa, pasando por expertos en administración pública del todo ajenos al noble oficio de la política y al revés, políticos de cepa absolutamente ignorantes de los vericuetos del arte de gobernar. En buena parte su desempeño ha estado en relación directa con la calidad de sus colaboradores y a su capacidad personal para ajustar, variar y hasta prescindir de sus ideas y propósitos, ante la contradictoria realidad que nunca está sujeta a las convicciones ni caprichos de nadie.

Otra cosa que merece mencionarse es que en estos tiempos es mucho más difícil gobernar que antaño. Somos muchos más y estamos infinitamente más informados que antes, cuando casi nadie sabía leer y escribir y las comunicaciones eran a caballo y luego por telégrafo. Aparte de que hacia adentro, ya existen diversos grupos de poder económico y político que no se pueden desdeñar ni desatender; y hacia el exterior, México tiene compromisos, acuerdos y tratados con organizaciones internacionales y gobiernos extranjeros que deben honrarse. Y muy lamentablemente, en el México de estos años, hay un factor adicional que todo complica: la delincuencia organizada, la inseguridad pública.

Sirva todo lo anterior para reflexionar en lo que significa un Presidente como el nuestro que despacha él solo lo asuntos nacionales y considera que no tiene mucha ciencia el gobernar, como declaró el 25 junio de 2019, en Ecatepec, Estado de México. ¡Cuidado!

A dos años y siete meses de iniciada la presente administración y ya pasados los comicios de junio 6, la ecuación política nacional ha cambiado y el Presidente actúa a sabiendas de que su proyecto transexenal original ya es imposible, lo que parece enconar su hábito de dedicar sus mejores esfuerzos a la política en su acepción de grilla y aferrarse a sus programas sociales como fórmula infalible para conseguir que prevalezca su movimiento que no logra cuajar en partido.

Mientras el Presidente está en esos afanes, lo más obvio sigue agravándose: la inseguridad pública. Pareciera un asunto doméstico, otro problema que se puede administrar con declaraciones y estadísticas para irlo llevando hasta llegar al fin del sexenio y heredárselo al siguiente. No. Nuestra delincuencia organizada es un asunto que preocupa mucho a los EUA.

Ante la matanza al azar de 15 personas en las calles de Reynosa, Tamaulipas, el 19 de junio pasado, el Presidente declaró cuatro días después que se trató de “una provocación” y negó que sea un acto de terrorismo: “(…) no podemos hablar a ligera de terrorismo como algunos quisieran, porque eso da pie a que gobiernos extranjeros, se inmiscuyan en asuntos que solo corresponden a México”.

Efectivamente, señor Presidente, pero no son “gobiernos extranjeros”, es uno solo, los Estados Unidos que con la Ley Pública 104-132, ‘Contra el Terrorismo, Ley Antiterrorista y de Pena de Muerte’, de 1996, se otorga a sí mismo facultades para intervenir en cualquier país que signifique una amenaza para la seguridad de ellos, y la Ley Patriótica de 2001, que es extraterritorial y tiene jurisdicción internacional según el Congreso de allá, con fundamento -dicen- en tratados internacionales y convenios bilaterales. O sea: los EUA se autorizan a sí mismos para combatir al terrorismo, dentro y fuera de su territorio. Es una barbajanada, pero aléguele al imperio, señor.

No nos van a invadir (tontos no son), pero si el gobierno de los EUA considera que el gobierno de la Cuarta Transformación no coopera plenamente con los esfuerzos antiterroristas de ellos, podrían intervenir, como ya han hecho, viniendo a detener a quien les pegue la gana para llevárselo preso a su país, como hicieron al doctor Humberto Álvarez Machain, en 1989, liberado dos años después por falta de pruebas y aún vigilado por la DEA aquí, en México.

La simple declaratoria de que este gobierno no coopera con ellos y no hace su chamba contra la delincuencia organizada (ya nada de “abrazos no balazos”), sería un problema inimaginable para México. Es difícil que lo hagan, porque “México es excepcionalmente importante para Estados Unidos”, como declaró el 2 de noviembre de 2018, el general Michael V. Hayden quien fue director de la CIA y de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA); pero esa importancia es de doble filo por lo que ese mismo General declaró que los problemas de México no van a quedarse en México y llegarán a territorio estadounidense por lo que era necesario abordarlos (no es cita textual, pero lo dijo).

Nuestro Presidente ha dicho que va a proponer una reforma constitucional para que la Guardia Nacional pase a la Secretaría de la Defensa Nacional. Los yanquis injerencistas no ven con buenos ojos la idea, los preocupa, mucho, lo ven como una amenaza al eje de su política exterior: la defensa de los derechos humanos y el combate a la corrupción.

Ojalá alguien le informe a nuestro Presidente que no es buena idea picarle el extremo inferior de su sistema digestivo al tío Sam: no juega limpio.

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