No nos gusta la democracia: La Feria

SR. LÓPEZ

Tía Mariana y tío Hernán, eran un matrimonio peculiar: cada uno más terco que una mula. Una Semana Santa, iban a Veracruz en su coche con sus tres hijos (una niña y dos niños, todavía chiquitos, luego crecieron); tío Hernán tomó la carretera y la tía le dijo a media voz: -Vas mal –tío Hernán soltó un gruñido equivalente a ‘¿tú qué sabes?’ Llegando a Iguala, el tío anunció que iban a Acapulco: -Les quería dar la sorpresa –remató parándose a recargar combustible. Llegaron, claro, pero durmieron en el coche la primera y la segunda noches, no había un cuarto disponible. El tercer día, tempranito, tía Mariana compró cuatro boletos de autobús y regresó a México con sus hijos. Tío Hernán se quedó muy ofendido. Los niños brincaban de gusto. Al regreso de su marido, la tía ya había contado a toda la familia y vecindario la aventura. No se hablaron semanas. Hay gente así.

Solo estando loco (o teniendo tendencias masoquistas), puede alguien alegrarse de la crisis económica que inició desde el primer año del presente gobierno y que en este, prometa ser de ¡y retiemble en sus centros! No, no ayuda a nadie, no beneficia a nadie.

Si se mantuviera el crecimiento promedio anterior, si las calificadoras estuvieran en tórrido romance con México; si los inversionistas estuvieran peleándose entre ellos a cachetadas por invertir en nuestro país; si se estuviera construyendo el aeropuerto en Texcoco, si continuaran las rondas petroleras, si no hubiera obras tontas ni discurso populista; si todo, todo, estuviera requetebien, nosotros felices, felices, felices y el Presidente de la república fuera mesurado, prudente y querido por cada vez más ciudadanos; si diario hubiera procesiones de acción de gracias a Palacio Nacional, si todo eso estuviera pasando (y no su exacto contrario), igual habría elecciones en 2021 para renovar Cámara de Diputados federal y 29 congresos estatales, 15 gobernadores y casi 2,000 mil ayuntamientos, hasta un total de 3,500 cargos de elección popular… y también, igual, todo sería una moneda al aire: el mismo electorado que montó a Peña Nieto en La Silla, es el que dio el triunfo a López Obrador. En México, ‘il voto è mobile, qual piuma al vento!”

Cierto: en nuestra risueña patria no hay mayorías definitivas. En ninguna democracia las hay. Igual si el Presidente no hubiera ‘arrempujado’ el país al abismo de la discordia social (ahora resulta que tenemos convicciones políticas y nos odiamos entre conservadores y liberales, que fue un pleito del siglo XIX), si no estuviéramos debatiéndonos en la incertidumbre legal y económica; si el Presidente no estuviera agravando la crisis que sigue a la pandemia que paralizó al aparato productivo (y disminuye en la misma proporción los ingresos fiscales); igual si todo fuera miel sobre hojuelas, las elecciones del 2021 no tendrían un resultado predeterminado por la sencilla razón de que el Presidente no va de candidato a nada. Su popularidad equivale a la de una inteligente joven que por su escultural cociente de inteligencia y amplísima cultura ganó Miss Universo y todo el planeta simpatiza con ella… para el siguiente concurso, su fama sirve para ser aplaudida, no para que gane su mejor amiga.

El sábado pasado se realizó una protesta nacional en contra de las políticas del Presidente de la república y demandando su renuncia. El organizador visible es un empresario de Monterrey, Gilberto Lozano, quien impulsó la creación del Frente Nacional antiAMLO (FRENA) y dice tener en su agrupación a 65 colectivos, con dos millones de alegres tenochcas apoyándolo. Muy bien.

Difieren los medios de información en cuanto al alcance de la protesta, hay en los que se habla de ‘varios’ estados, hay los que aseveran que fueron 31 entidades y 65 ciudades. Unos hablan de centenas otros de millares de manifestantes. Será el sereno, lo que no podemos es predicar la castidad fornicando, la paz guerreando, ni la democracia violando la ley.

No, se apresura a aclarar el del teclado: protestar no es ilegal, gritar a los cuatro vientos que ya no se aguanta al Presidente, es perfectamente lícito, ¡vaya!, hasta expresar que le cae a uno gordo, también. La libertad de expresión incluye y protege hasta las tonterías, pero no invitar a violar la ley y el Presidente de este país, no puede botar la renuncia a petición del respetable.

Suele decirse que ‘los cargos de elección popular no son renunciables’. Bueno, la Constitución no lo dice así, dice en su artículo 5, párrafo cuarto: “En cuanto a los servicios públicos, sólo podrán ser obligatorios, (…) el desempeño de los cargos concejiles y los de  elección popular, directa o indirecta”.

En el caso del Presidente de la república, la cosa se pone peor, porque el artículo 86, establece: “El cargo de Presidente de la República sólo es renunciable por causa grave, que calificará el Congreso de la Unión, ante el que se presentará la renuncia”. El último que aventó el arpa y ya no tocó fue Pascualito Ortiz el 4 de septiembre de 1932, hace 88 años, porque en ese entonces mandaba Calles y le tronó los dedos: -“Te estás yendo” –y se fue, pues con don Plutarco no se alegaba.

Es con votos. Solo con votos. En 2021 podemos quitarle la Cámara de Diputados y tenerlo amarrado de pies y manos el resto de su periodo (no, de boca no, lo siento); y tal vez hasta quitarle el mandato, CON VOTOS, en 2022. Todo lo que se salga de eso es un peligro real para la estabilidad del país.

Lo que pide FRENA, viola la Constitución: no es al gusto de nadie, de muchos, ni de la mayoría; menos aún ahora que ya existe la Consulta de Revocación de Mandato (a realizarse en marzo de 2022).

Si son de veras dos millones los de FRENA, somos más los 90 millones de ciudadanos y más los 30 que montaron a AMLO, cuyas metidas de pata tienen harta a una buena parte de la gente, sí… pero si no queremos entrar en la vorágine del golpismo y la asonada, tenemos que esperar a hacerlo en las urnas, solo así.

¿No nos gusta?, entonces no nos gusta la democracia.

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