Orgullo del neoliberalismo: La Feria

Sr. López

La sección femenina de la familia materno-toluqueña de este menda era católica alta definición, 8 GB de RAM, con antivirus y batería vitalicia; en tanto, los varones eran masones yorkinos, ateos con revestimiento antiadherente, nada se les pegaba de la intensa religiosidad de sus cónyuges. Así las cosas, a mediados de los años 60 del siglo pasado, la prima Silvia, dotada con doble cerebro, consiguió una beca en Harvard y dijo a sus papás que tenía que irse a vivir a Boston; su papá la felicitó, su mamá empezó una novena a San Judas para que “entrara en razón”, pero no entraba y entonces intervino su abuela, tía Lola, quien le recordó a Silvia que en la familia las hijas salían de su casa solo casadas o muertas, y le resumió la cuestión: -Escoge, niña, sigues el camino de la decencia o el de Juárez y Calles -Silvia no sabía mucho de historia y siguió el camino de American Airlines.

Nadie puede decirse sorprendido por el cortejo del Presidente al PRI. Con el PAN, Movimiento Ciudadano y PRD, no cuenta, ya le plantaron cara. Trae ahorcada la mula de seises y ni modo, a hacerle requiebros al partido que le puede dar los votos que necesita en el Congreso para seguir haciendo su voluntad con la Constitución.

La iniciativa de reforma constitucional que devolvería a la CFE el monopolio del sector, requiere de los votos de un mínimo de 333 diputados federales y 85 senadores y la mayoría de los congresos locales. En la Cámara de Diputados, Morena y asociados (PT y Verde), tienen 277 votos, les faltan 56 (el PRI tiene 71, sobradito); en la Cámara de Senadores, Morena con PT, Verde y PES, tiene 73 curules, le faltan 12 (el PRI tiene 12). Pero ni eso está tan fácil.

Doblar a la dirigencia nacional que preside Alejandro Moreno es la parte menos problemática; ellos saben que el Presidente sabe de sus debilidades y todos están al tanto de lo que es capaz el Fiscal General, don Gertz, verdugo designado del sexenio.

Luego, hacer entrar en razón a los diputados del tricolor no sería una hazaña, machincuepas con mayor grado de dificultad se han echado. Los senadores priistas no tanto, pero también le entran a los juegos de manos. Los congresos locales no son ningún obstáculo, nunca lo son. Los problemas van a ser después.

Para abrir boca, los amparos que sin duda van a interponer empresas y organizaciones de la sociedad civil, ante la Suprema Corte (en este caso los particulares no pueden impugnar ni por la vía del juicio de Amparo Indirecto, según manda el artículo 61 de la Ley de Amparo).

Pero con los de las empresas basta para que se arme la Marimorena porque la reforma constitucional que propone el Presidente se las aplicarían retroactivamente a derechos ya adquiridos (y mucho dinero invertido), con el respaldo de tratados internacionales que tienen la misma fuerza que nuestra Constitución, según reza su artículo 133: “Esta Constitución, las leyes del Congreso de la Unión que emanen de ella y todos los tratados que estén de acuerdo con la misma, celebrados y que se celebren por el Presidente de la República, con aprobación del Senado, serán la Ley Suprema de toda la Unión (…)”. Y que se sepa, el T-MEC está aprobadísimo, firmadísimo y vigente. No se van a dejar tan fácil ni las empresas de los Estados Unidos ni las de Canadá.

Alguien le debería explicar al Presidente que en este caso, reformar la Constitución no es su mayor problema. Los tratados internacionales son el obstáculo a vencer.

En pocas palabras: si se aprueba la reforma eléctrica del Presidente, no sería cosa del otro mundo que se caiga en tribunales mexicanos o internacionales. Y en ese penoso caso, el PRI se pone gratis una quemada que será inolvidable y en 2024 su lucha será mantener el registro (a lo mejor sería bueno que ya le den cristiana sepultura de una buena vez).

Ese es el dilema del PRI: les conviene dejarse montar por el Presidente para evitar cosa peor con Gertz Manero, pero si no sale la jugada se quedan sin la leche, el cubo, el banquito y la vaca.

Al Presidente le importa un reverendo y serenado cacahuate lo que pase. Él se da por satisfecho si consigue la reforma constitucional y si después pierde en tribunales proclamará que él cumplió y los malos de Malolandia boicotearon su hazaña. Y tampoco le apura mucho si su reforma eléctrica es otro clavo en el ataúd de la economía nacional, eso lo disimulará durante lo que le queda de sexenio y el que venga atrás, que arreé.

Así es que está dispuesto a todo para que el Congreso apruebe su reforma. Sabe que en el PRI hay quien piensa y eso le apura, mucho. Tanto, que ayer recurrió a un llamado peculiar, por decir lo menos.

“Es una oportunidad histórica (…) el PRI tiene una oportunidad para definirse, si va a seguir con el salinismo como política o va a retomar el camino del presidente Lázaro Cárdenas, del presidente Adolfo López Mateos, el camino que trazaron estos dos grandes presidentes de México”.

Es un llamado a regresar al México de 1934 y 1958. Ni nuestro país ni el mundo se parecen a esas épocas. Además, Cárdenas no nacionalizó el petróleo, que siempre ha sido del país: mandó a volar unas empresas que desobedecieron un fallo judicial… y las indemnizó.

Y López Mateos tampoco nacionalizó la industria eléctrica: compró las acciones de The Mexican Light and Power Co., que sustituyó con la Compañía de Luz y Fuerza del Centro que siempre fue un despelote, siempre dio mal servicio y quebró (la CFE se fundó el 14 de agosto de 1937). Puro cuento.

Si el PRI quiere “retomar” el camino de Cárdenas y López Mateos, muy su asunto, cada quien es muy dueño de hacer el ridículo. Lo curioso es que no haya alguien de entre los colaboradores del Presidente que le comente un detalle: para retomar nuestro no tan glorioso pasado y para no seguir en el salinismo, debería cancelar el Tratado de Libre Comercio (hoy T-MEC), que es creación de Carlos Salinas de Gortari y de pasadita cambiar las políticas económicas de la Secretaría de Hacienda, orgullo del neoliberalismo.

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