Para combatir a ISIS: su fortaleza y su talón de Aquiles

Unas horas después de que los Kouachi atacasen “Charlie Hebdo” en enero, Coulibaly entraba a un supermercado Kosher y secuestraba a varias personas. Ante los medios, afirmó que estaba coordinado con los Kouachi. Coulibaly fue abatido y poco después se daba a conocer un video en donde ese atacante afirmó que él “actuaba a nombre del Estado Islámico (ISIS)”.
Los Kouachi, en cambio, una y otra vez gritaron que formaban parte de Al Qaeda en Yemen. El asunto no es menor porque Al Qaeda e ISIS no sólo compiten, sino que combaten en varias regiones del mundo, no se “coordinan”. ¿Qué es lo que estaba sucediendo? Simple. Los tres individuos eran jihadistas locales desde hacía años. Pero Coulibaly, a diferencia de sus amigos, había dejado de ser leal a Al Qaeda, y ahora era leal a ISIS.
La mayor fortaleza de ISIS no está en la capacidad que ha tenido para conquistar territorio. Ese ha sido el medio para conseguir un fin mucho mayor: la proyección de poder y amenaza hacia sus enemigos, y la capacidad de atracción de seguidores. Esa sola idea, y un magistral manejo de medios y redes sociales, se convirtieron en ese sex-appeal que ocasionó que cientos de células y grupos preexistentes, así como miles de individuos, como Coulibaly, tomasen la decisión de abandonar su lealtad a Al Qaeda para sumarse a la organización de moda.
Pero ahí hay una serie de trampas. La primera, incorporar a la narrativa, la noción de ISIS como Estado debido a que pretende serlo. La segunda, asumir en automático que los grupos que se autoafilian a la “matriz” son parte de la misma estructura organizacional. Por ejemplo, Boko Haram atacaba sanguinariamente a la población civil nigeriana desde mucho antes que el ISIS que hoy conocemos existiera. De ISIS no recibe financiamiento o coordinación, sino asesoría en marketing. Lo que hay en el caso específico de esos grupos es un verdadero posicionamiento de marca porque así se produce una sensación de omnipresencia.
Sin embargo, al haber tomado la decisión de conquistar y gobernar un espacio territorial, ISIS tiene que soportar la carga que ello conlleva, lo que requiere defenderlo, mantenerlo y administrarlo. Para lograrlo al tiempo que es combatido por múltiples milicias y potencias, ISIS necesita constantemente reabastecer sus filas y, por ende, necesita sostener su poder de atracción. Golpear ese poder de atracción sería atacarle en su corazón. El mensaje de ISIS es también su talón de Aquiles. En contraste con Al Qaeda, ISIS se proyecta como “Estado”. Si ese “Estado” va perdiendo su territorio y se ve obligado a retornar a las coladeras, entonces se convertiría en un grupo terrorista más, aún con fuerza, conexiones y toda una red, pero con un mensaje cojo. Y quizás en ese momento su capacidad de competir frente a sus rivales podría disminuir.
Faltará aún la implementación de medidas de corto, mediano y largo plazo para contener la amenaza y sobre todo para pacificar y generar políticas de integración en aquellos sitios en donde ISIS tiene su caldo de cultivo. Sin embargo, el diseño de estrategias comunicativas adecuadas podría golpear a la organización en un punto medular: su capacidad de cautivar a decenas de miles en el planeta.

Por Mauricio Meschoulam
(Analista internacional)
Twitter: @maurimm

EL UNIVERSAL

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