¿Para qué sirve estudiar un cometa?    

cometas[1]

 

EL UNIVERSAL

«No está muerto, está dormido». Este parece ser el susurro que emiten al unísono los especialistas de la Agencia Espacial Europea (ESA) respecto al módulo de aterrizaje Philae. Después de un recorrido de 6.5 billones de kilómetros a través del Sistema Solar, la sonda espacial Rosetta celebró diez años de su lanzamiento con la llegada al cometa 67P/Churymov-Gerasimenko. Sin embargo, la victoria de esta histórica hazaña celebrada el pasado 12 de noviembre tuvo un sabor agridulce.

Las cosas no fueron exactamente como se habían planeado ya que la corteza del cometa, hecha de hielo, moléculas orgánicas y polvo, resultó más dura de lo que los expertos imaginaban y los sistemas de anclaje no funcionaron conforme a lo esperado. Esto provocó que el módulo de poco más de 100 kilogramos rebotará como una enorme pelota de playa para finalmente caer en un sitio donde la poca intensidad de la energía solar fue limitando las baterías del módulo hasta sumirlo en un «sueño profundo».

Con una inversión de 1.4 billones de euros, esta misión ha cruzado varios altibajos. Antes de poder ser lanzada en el 2004, fue suspendida en un par de ocasiones, lo que ocasionó que cambiará su objetivo inicial de estudio, que era el cometa 46P/Wirtanen. La logística al seleccionar uno u otro cometa fue determinada por las mejores condiciones para aproximarse a su superficie.

En agosto pasado Rosetta ingresó a la órbita del 67P y se espera que permanezca en ella alrededor de 15 meses más, independientemente de que su módulo tenga oportunidad de recargar sus baterías y con esto, enriquecer las investigaciones.

Durante esta década, la sonda tuvo acercamientos con la Tierra, Marte y Júpiter, así como con los asteroides Steins y Lutetia. Pero además de la información recabada, estos encuentros le ayudaron a obtener el impulso gravitacional para realizar el recorrido. Antes de Rosetta, no se había logrado orbitar ni pisar la estructura de un cometa. Los esfuerzos se habían reducido a sobrevuelos. Es por esto que esta hazaña es considerada uno de los grandes logros científicos que vale la pena analizar desde diferentes ángulos.

– Los misterios de la vida en la Tierra

Para el doctor Alejandro Farah, Coordinador de Sistemas de la Red Universitaria del Espacio, estudiar un cometa nos ayuda a entender mejor cómo está conformado el universo, pues son superficies que han sufrido pocas modificaciones durante más de 4000 millones de años. «Los cometas son materia muy vieja que nos dan pistas de la formación del Sistema Solar», señala el astrónomo y agrega que una de las teorías más importantes en la que los investigadores quieren profundizar es la que dice que el origen de la vida se encuentra precisamente en un cometa.

Esta teoría se revitalizó en el 2006 cuando se estudiaron las partículas de material recuperado de la cola del cometa Wild-2 por la sonda de la NASA, Stardust. Moléculas de gran complejidad, ricas en carbono, cuyo análisis detallado fue presentado en la revista «Science», estimularon la idea de que en este material podrían estar los precursores de los elementos químicos que dieron origen a la vida sobre el planeta Tierra.

ROSINA, uno de los 11 instrumentos instalados en Rosetta, y que mide la abundancia de gases mediante sus espectómetros, ha demostrado una alta proporción de deuterio para hidrógeno. Según las investigaciones de la doctora Kathrin Altwegg, principal investigadora de este instrumento científico por la Universidad de Berna, esto podría confirmar la versión de hace tres años, mediante estudios sobre el cometa Hartley-2, de que los impactos con los cometas fueron los que le dieron la mayor parte del agua a la Tierra.

Además de la recolección y estudio de materiales indispensables para conocer la historia del universo, Farah señala que otro de los puntos más importantes de esta misión, probablemente el principal, es subrayar la hazaña tecnológica de gran precisión que finalmente logró anclar un pequeño robot, representado por la sonda Philae, a un cometa. El investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM explica que esto puede verse como algo sencillo, ya que estamos acostumbrados a la ficción hollywoodense donde este tipo de retos no tienen peso específico, pero en la realidad es una conquista mayúscula de decenas de científicos que han concentrado su trabajo de muchos años en estos objetivos.

«Es un reto muy complejo que requiere la participación de muchos matemáticos, para calcular las órbitas; de muchos físicos, para entender como son los movimientos del cometa; y del manejo preciso de sistemas computarizados que ayuden a colocar estos aparatos. Hay que recordar que este cometa y en general todos los cometas, se van moviendo a varios miles de kilómetros por hora, así que alcanzarlo es como alcanzar el vuelo de un avión cuya velocidad es quince veces más rápida, es un gran reto tecnológico», comenta.

Una muestra de este esfuerzo es cómo desde los años 90 el Centro Nacional de Estudios Espaciales de Francia (CNES) realizaba el cálculo de las trayectorias para lograr que Philae, producto de una colaboración entre el Programa Espacial francés y su símil alemán, se internara en el cometa.

Todavía hay muchos retos por delante. Los científicos de la ESA reportan que el primero será el análisis preciso de las 64 horas que logró registrar Philae en la superficie del P67 antes de quedarse sin energía, y después se trata de trabajar en la segunda fase de la misión, que es presenciar en primera fila el desarrollo del coma.

Cuando el calor solar activa los gases congelados que existen sobre y debajo de la superficie de un cometa, los vapores y partículas de polvo crean una atmósfera alrededor del núcleo, llamada coma. Rosetta se convertirá en la primera sonda espacial en seguir a un cometa en su trayectoria hacía el sol y presenciar en primera fila el desarrollo de este fenómeno, aunque con una distancia adecuada para evitar la afectaciones a su órbita.

Se calcula que será el 13 de agosto del 2015 cuando el 67P tendrá su mayor cercanía con el Sol, ubicándose a 186 millones de kilómetros del astro. También se espera que durante ese mes la iluminación sobre el cometa se intensifique, lo que podría despertar a Philae del estado de hibernación en el que se encuentra actualmente.

Sin embargo esta reactivación aún es incierta. Para Farah, el que la sonda saliera de este estado sólo sería «el pilón» de la misión, ya que en realidad los objetivos primordiales han sido logrados con estándares exitosos.

«Algo muy importante es que aunque no haya quedado en el lugar planeado, el pequeño robot ya está anclado y ya no se puede separar del cometa, pero además la misión de Rosetta continúa», apunta.

Alejandro Farah señala que este tipo de misiones también son herramientas que ayudan a entender los mecanismos de impacto de un cuerpo celeste y a largo plazo inclusive podrían determinar las posibilidades de evitar una colisión de alguno de estos cuerpos celestes con la Tierra.

Para el científico, el proyecto Rosetta representa cómo en la formulación de las preguntas adecuadas están incluidas las respuestas, pues en los cuestionamientos de cualquier proyecto científico de ciencia básica y aplicada, se concentra el verdadero impulso del conocimiento científico.

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