Parejo : La Feria

Sr. López

Tío Otilio era de Angangueo, Michoacán, pero se avecindó en Autlán de la Grana, Jalisco, porque en Veracruz conoció por accidente a la tía Lulú -guapa de hacer saltar los clavos de una vía férrea- y la siguió hasta que llegó al pueblo, la cortejó como lobo en celo y se casaron. El tío contaba cosas divertidas de su pueblo, de allá por los años 30´s, como que tuvieron 18 años seguidos al mismo alcalde, tipo que después de su primer año, repitió en el segundo los mismos discursos de cada ocasión del primero y ya después en cada evento, nomás decía muy jetón cuando le tocaba hablar: -“Lo dicho” -y se volvía a sentar. Según el tío la gente le aplaudía, agradeciendo que no les repitiera las mismas mentiras.
Cuando alguien habla de un problema social, económico, político o cualquier otro resultado de los enredos propios de nuestra especie, y plantea soluciones fáciles, hay que ponerse en guardia pues una de dos: o es un menso o esconde sus verdaderas intenciones
Nuestro Presidente NO es menso, luego, entonces, ¿cuál será su propósito al plantear ante el Consejo de Seguridad de la ONU que el principal problema de la humanidad es la corrupción?
No es calumnia, ayer lo dijo en la sede central de la ONU: “Sería insensato omitir que la corrupción es la causa principal de la desigualdad, de la pobreza, de la frustración, de la violencia, de la migración y de graves conflictos sociales”.
Tómese en cuenta que habló ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas durante el Debate Abierto de Alto Nivel “Mantenimiento de la paz y de la seguridad internacionales: exclusión, desigualdad y conflicto”, lo que magnifica el desatino del discurso presidencial, pues no hay relación causa efecto entre corrupción y los asuntos materia del Debate Abierto, sin negar que la corrupción en alguna de sus presentaciones pueda estar presente en casos específicos, lo que confirma el error de diagnóstico general de nuestro Presidente. Sería muy bueno que solo la corrupción explicara tantos y tan embrollados problemas pues su solución definitiva sería menos complicada.
Es de pena ajena que nuestro Presidente se dirigiera al Consejo de Seguridad para dar lecciones y regañarlos, porque los puso pintos: “Es importante que el más relevante organismo internacional despierte de su letargo y salga de su rutina, del formalismo, que se reforme, denuncie y combata la corrupción en el mundo, que luche contra la desigualdad y el malestar social que cunden en el planeta, con más decisión, profundidad, con más protagonismo, con más liderazgo”. Yerro de forma y fondo:
El Consejo de Seguridad está para mantener la paz y seguridad en el mundo; no es asunto conceptual, este año en el mundo hay guerra en Yemen, Camerún, Etiopía, Mozambique, Marruecos, Siria, el Sahel (franja sur del desierto del Sahara, 5,400 km, once países en conflicto con milicias y grupos terroristas), República Centroafricana y el perpetuo conflicto palestino israelí; además de eso el Consejo de Seguridad mantiene el equilibrio entre las potencias nucleares; no está para que ningún gobierno cancele ilegalmente obras de infraestructura ni inversiones privadas, para que nadie compre tapabocas a ocho veces su precio, para que no inscriban muertos en la nómina de los programas sociales, para que los hermanos de alguien no reciban sobres con dinero en Chiapas ni nadie organice su boda en Guatemala.
Y si la regañina fue para la ONU es un disparate: la ONU aparte de sus objetivos fundacionales, encabeza el combate global contra la corrupción como debería saberlo siendo Presidente de México porque en México se formalizó en diciembre de 2003, la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción (UNCAC, por sus siglas en inglés), llamada Convención Mérida, porque ahí se firmó y a la que actualmente se han integrado 184 Estados.
Esa UNCAC tiene por objetivos: adoptar medidas para prevenir y combatir más eficaz y eficientemente la corrupción, así como el fortalecimiento de las normas existentes; fomentar la cooperación internacional y la asistencia técnica en la prevención y la lucha contra la corrupción; promover la integridad, la obligación de rendir cuentas y la debida gestión de los asuntos y bienes públicos.
Ni letargo ni rutina, la ONU instaló en Guatemala, de acuerdo con el gobierno de ese país, la Comisión Internacional contra la Impunidad de Guatemala (CICIG) que funcionó de 2006 a 2019 en apoyo al Ministerio Público, la Policía Nacional Civil y otras instituciones de gobierno de ese país, facultada para hacer denuncias contra funcionarios públicos.
La CICIG dio muchos frutos sobre casos individuales de corrupción, desarticuló bandas de lavado de dinero, aclaró asesinatos, detectó fuentes de financiamiento ilegal de partidos, coadyuvó para enjuiciar al expresidente Alfonso Portillo y varios militares por malversación de fondos y corrupción, y don Portillo fue extraditado a los EUA donde aceptó su culpabilidad y acabó preso; la CICIG también presentó solicitud de juicio al entonces presidente Jimmy Morales, por financiamiento ilícito de su campaña, razón por la que Morales, echó fuera de Guatemala a la CICIG.
Y no se puede decir que la ONU está ‘aletargada’, Guatemala le pidió ayuda, la ONU le entró en serio al asunto casi 13 años y no dejó títere con cabeza con la ventaja de que ninguna de sus acciones tuvo influencias ni intereses políticos.
Si un Presidente de verdad quiere combatir la corrupción en su país (ya la del resto del mundo la podrá atender después), basta con firmar el acuerdo con la ONU para que instale una Comisión Internacional contra la Impunidad, cosa que ya ha propuesto para México alguna ONG para instalar mecanismos realmente independientes y efectivos de investigación y persecución del delito, que aseguren el derecho a la verdad.
Así que, señor Presidente, ya no repita el mismo discurso, ya lo sabemos de memoria, mejor solicite a la ONU la instalación de la que sería CICIM y tenga la seguridad de que le limpian la casa, parejo.

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