Payasos: La Feria

SR. LÓPEZ

La prima Elvira -de las de Autlán de la Grana-, era un atentado frontal a la virtud de la castidad. Pudorosa de modos y vestir, a su paso dejaba hirviendo el asfalto de las calles… y nunca dio de qué hablar. Se casó con un señor de la Ciudad de México, empleadito de una fábrica; vivían en una birria de departamento, pero ella era feliz. De repente, el marido tenía un sueldazo, se cambiaron a un piso en Polanco, estrenaron coche y el dueño de la fábrica, un millonario divorciado varias veces, los invitaba a cenar y a pasar fines de semana en una mansión que tenía en Cuernavaca. Elvira, seria, no decía nada, pero de tonta no tenía un pelo. Todo reventó una Semana Santa cuando, llegando a Cuernavaca, el marido le dijo que tenía que regresar a la ciudad, pero que ella se quedara ahí con el patrón y él volvería ‘en unos días’. Elvira dijo que mejor al revés, que ella se regresaba y él se quedara: -“No estoy en venta, hijo de la…” –aquí va una palabrota que este López sería incapaz de teclear, pero rima con brigada. Elvira regresó, sí, pero a casa de sus papás en Jalisco. Se acabó el matrimonio.

¿Por qué importa saber quién o quiénes financian a un político?… por lo mismo que Elvira no se quedó en Cuernavaca. En esta materia la ley es muy rigurosa y se supone que todo debe estar a la vista de la autoridad electoral, lo que es igual a decir que los esposos digan todo a sus esposas (¿todo, todo?… ¡sí cómo no!).

Lo cierto es que el financiamiento a AMLO y luego a Morena, es un gran misterio no desvelado. Nadie sabe a ciencia cierta de donde salió el dineral de la larguísima campaña electoral de nuestro Presidente.

Se le recuerda sin mala intención, que nada bueno se oculta; aceptando que hay cosas que por pudor no se cuentan (se dice ‘voy al baño’, sin detallar el género de emisión, líquida, sólida o gaseosa, a la que uno está urgido a proceder); o por modestia no se andan contando las buenas acciones de la propia conducta; pero tratándose de cuestiones legales, se dice la verdad… si todo es lícito.

Pero, México es México y así como nunca sabremos cómo estuvo nuestra entrada a la Segunda Guerra Mundial (lo del hundimiento del Potrero del Llano, por parte de un submarino alemán, no se lo cree un bebé de brazos); cómo se arregló terminar la Guerra Cristera; quién mató a Colosio; ni a quién se le ocurrió montar a Peña Nieto; tampoco sabremos quién financió una campaña política de años, como la que hizo nuestro hoy Presidente. Nunca lo sabremos… y cuando la causa está oculta, se revisan indicios, efectos y en especial, las cuestiones que se pretendan ocultar, para tener una idea no fantasiosa de la realidad, calcular el tamaño del sapo y en caso necesario, buscar la piedra apropiada.

Poco resonó en su momento un reporte de Notimex, de marzo 14 de 2018: “Investigan presunto financiamiento a campaña de AMLO./ El diputado venezolano Rafael Ramírez pidió hoy a la Asamblea Nacional (Congreso) investigar el presunto financiamiento del gobierno del presidente Nicolás Maduro a la campaña del candidato izquierdista mexicano Andrés Manuel López Obrador./ “(…) lamentó que el gobierno de Maduro derroche dinero financiando a sus “amigos socialistas del mundo (…)”. No es chisme de vagos de cafetería, es petición de un parlamentario de otro país.

Otro hilo que se puede jalar para llegar al ovillo, son los asesores no confesados. No es secreto que nuestros presidentes contratan asesores extranjeros: Miguel Alemán tuvo de asesor y Secretario Privado al nicaragüense Rogerio de la Selva. De la Madrid, al francés José Córdoba Montoya, quien luego lo fue de Salinas de Gortari, en la Secretaría de Programación y Presupuesto, y ya con Salinas presidente, fue jefe de la Oficina de la Presidencia; otro asesor francés de Salinas fue Jacques Rogozinski, al mando de la Coordinación General de la Unidad de Desincorporación de Hacienda, y a John Womack, estadounidense quien junto con Noam Chomsky le ayudó (lo dice Salinas en su libro ‘México, un paso difícil a la modernidad’), a implementar “un programa social maoísta sin precedentes, que fue conocido como Solidaridad” (luego Progresa, Oportunidades hoy Bienestar); abiertamente, igual que Fox tuvo al peruano Hernando de Soto, al yanqui Rob Allyn y el brasileño Roberto Mangabeira; o Calderón como asesor en seguridad a Joaquín Villalobos, uno de los cinco comandantes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional de El Salvador. Y Peña Nieto contrató al general colombiano Óscar Naranjo, conocido como el mejor policía del mundo. Sin esconderlos ni negarlos.

A diferencia de los anteriores, el actual Presidente, más mexicano que el escudo nacional, el 16 de junio de 2012, arremetió contra Peña Nieto, por tener asesores extranjeros y el 21 de enero de 2018 declaró que no tendría asesores no mexicanos “porque los extranjeros no tienen conciencia de la realidad del país”… bueno, pues será por eso que todo mundo en el gabinete silba de lado si alguien dice el nombre del español Alfredo Serrano Mancilla (catalogado en su país como de ‘ultraizquierda’), autor de ‘Del asalto a la transformación del Estado en Bolivia’… transformación, transformación, y plantea la economía social y humanista ¿le suena verdad?

Serrano ha asesorado a Correa, Evo, Chávez y Maduro, quien dice de él que “es el Jesucristo de la economía” (la inflación de Venezuela en 2015, fue del 180.9%; en 2019 cerró con el 7,374.4% de alza de precios; Maduro confunde milagros con catástrofes).

Y hay otros asesores impresentables y peligrosos (ni uno tonto, son eficientes agitadores a favor de sus causas, cuesten lo que cuesten).

A este Serrano dicen que lo trajo a la vera del Presidente, Héctor Díaz Polanco, del primer círculo de AMLO, quien ha expresado su deseo de integrar a México a la “Revolución Bolivariana” venezolana, igual que doña Polevnsky.

Ahora lo sabe usted. Hagamos una excepción, vamos a ponernos serios, que Canio apuñale a Silvio y diga ‘La commedia è finita!’, como en la ópera ‘Payasos’.

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