Pedir peras al Amlo: La Feria

SR. LÓPEZ

Penoso caso del que este menda debe reservarse los generales del protagonista: un tío sacerdote estuvo 40 años atendiendo una parroquia muy pobrecita en Tlaxcala; la familia lo sostenía; luego por enfermedad, sus superiores ‘lo cambiaron’ a la Ciudad de México. La familia lo siguió manteniendo y cubrió sus gastos médicos, pues por su voto de pobreza el santo varón no tenía un peso. Bueno, cuando estiró la pata todo se supo: el tío nunca fue sacerdote y tenía más de 40 años de haber abandonado el monasterio; así, sin explicaciones, se dispuso su velorio en Gayosso (Sullivan, no había otro); ya ahí,  la capilla ardiente se llenó de masones de mandil y aparte llegaron con sus hijos, dos señoras con las que estuvo casado (por lo civil, claro). Ni cura ni nada, masón grado 33 y mantenido. Soponcio de tías, sonrisas discretas de tíos.

¿Qué es el Presidente?… para sus detractores del extremo derecho del escuadrón fifí: un izquierdista autoritario que si por él fuera, haría de México una sucursal bolivariana de Venezuela; para sus solovinos consentidos, chairos incurables del ala izquierda de la inexistente geometría política: un santo civil, honesto, fuerte, audaz y valiente, dispuesto a todo a fin transformar y purificar la vida pública de la nación. ¿Qué es el Presidente?

Por su política económica, es un derechista, neoliberal, que sostiene los mismos principios económicos que sus predecesores desde Salinas de Gortari, como prueban su disciplina con el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, y los nombramientos de sus ya tres ‘aspiracionistas’ secretarios de Hacienda, el ortodoxo Carlos Urzúa, egresado del Tec de Monterrey, doctor por la Universidad de Wisconsin; Arturo Herrera con estudios de doctorado por la Universidad de Nueva York, y exgerente de ‘Gobernanza Práctica Global, Servicio Público y Desempeño para América Latina y el Caribe’, ¡del Banco Mundial!; y preparándose para asumir el puesto, Rogerio Ramírez de la O, tecnócrata de altos vuelos, doctorado en Cambridge, dedicado a asesorar a las más grandes empresas multinacionales con inversiones en México, desde sus oficinas en Boston (con la razón social, Ecanal S.A., de la que es fundador y socio único)… José Antonio y doña Vanesa ríen discretos, son gente educada.

También es un neoliberal de los duros, por la austeridad que aplica a su propio gobierno, haciéndolo chiquito, sueño húmedo del Reagan y la señora Thatcher: su proyecto, aparte de la reducción de salarios a funcionarios, incluye despedir a 200 mil empleados del gobierno en su sexenio, invitando a los capitalistas a hacer inversiones, asegurándoles que no les aumentará impuestos y  declarando: “(…) la inversión privada, es fundamental (…) No se puede desarrollar al país sólo con inversión pública” (dicho apenas el 10 de junio pasado, fresquecito).

Si sún duda y se imagina que es una estrategia para luego imponer de golpe y porrazo en México un gobierno socialista duro, se le pide recapacitar en que el Presidente no ha abierto el pico contra los inversionistas especuladores (los ‘golondrinos’), de nuestro mercado financiero, que no pone límites a que emigren fuera del país las utilidades que obtienen acá y permite la tasa de interés que se les paga, superior a la de los EUA, para que sigan viniendo. Aparte, sigue pagando puntualito los intereses de la deuda externa; respeta las subastas de reservas del Banco de México para que no se desplome la paridad peso-dólar y permite su plena autonomía respecto de la emisión de dinero para atajar la inflación. Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto, hacen la ola y gritan alborozados: ¡Eeeh… p…!

Como nunca falta uno pone atención a la cotidiana mañanera y vive con los pelos parados y el hígado en salmuera, pensando que el Presidente nos lleva paso a pasito rumbo a una dictadura socialista, se sugiere recapacitar en la alegría manifestada por nuestro Presidente cuando se formalizó el T-MEC, tratado que asegura el rumbo de nuestra economía por la senda del libre comercio. Y si de plano nada lo tranquiliza, nomás recuerde las habilidades de gimnasta olímpico de nuestro Ejecutivo a la hora de doblar el lomo diciendo ‘¡yes sir!’, para simultáneamente ordenar que la Guardia Nacional mexicana fuera el muro de Trump a la migración.

Seguramente sin saberlo (y no se lo vayan a decir), el Presidente es keynesiano (versión hamaca-chancla pata de gallo).

El británico John Maynard Keynes (1883-1946), proponía que el gobierno debía hacer dinámica la economía incrementando la demanda (de abajo a arriba en nuestro caso, mediante programas sociales), y con inversión pública (que en México, no es aumentar el gasto público sino redistribuirlo, ya ve que andan cortos). Por eso supone el Presidente que su aspersión de dinero entre la población más abandonada, tarde que temprano dará como resultado maravilloso, la reactivación de la economía y que sus obras insignia (refinería de Dos Bocas, el aeropuerto de Santa Lucía, el corredor Transístmico), se reflejarán en crecimiento del producto interno bruto… mmm… el señor Keynes se revuelca en su tumba: las inversiones del estado deben ser productivas y la reactivación de la demanda, también: es dar empleo no regalar dinero.

¿Entonces se está usted preocupando a lo tarugo?… no,  el Presidente, fiel a su origen en el pricámbrico clásico, llegó al poder dando manotazos en el escritorio para dejar claro quién manda: él. Por eso la arbitraria suspensión del Aeropuerto en Texcoco, la clausura de una cervecera privada en Mexicali, la construcción de su refinería en Dos Bocas y el aeropuerto en Santa Lucía, que se construyen por sus puros calzones, sin viabilidad ninguna. A eso sume su pasión por oírse y declarar de todo y de lo mucho que simplemente no sabe. Pero, en fin, no lo hace tan mal tomando en cuenta que en su licenciatura reprobó 16 de 39 materias, entre otras, Economía, Matemáticas, Estadística y Ciencia Política. Dele chance, no se ponga a pedir peras al Amlo.

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