Pesadilla: La Feria

SR. LÓPEZ

En la familia materno-toluqueña de este menda a tía Josefina le empezaron a decir Chepina cuando se casó con tío Chepo (José Manuel). Fueron una pareja tan bien avenida que algunos decían que daban asco. Siempre melosos y siempre alegres  con algún proyecto que los llenaba de entusiasmo y dada su solemne pobreza, toda la familia sabía imposible; compraron un terreno a crédito, construyeron los cimientos de una casa que nunca terminaron y qué bueno porque perdieron el predio; toda la infancia de sus hijos cada año, planearon gustosos un viaje a Disneylandia que nunca hicieron; y su permanente contento no lo turbaban las constantes trastadas de sus críos, dos crápulas varones que ya grandes, en la Delegación de Policía los conocían por nombre y apellidos. Un día, contaban emocionados que iban a empezar un negocio -¡buenísimo!- de engorda de cerdos en la jaula de tendido de la azotea del edificio en que vivían, el abuelo Armando, que era de poco hablar, soltó en voz baja: -Cada vez más ¡tontos!

Hágase a la idea: lo más probable es que el Presidente de la república y su partido, Morena, ganen las próximas elecciones del 6 de junio, con el apoyo de sus partidos satélites (rémoras). Todo apunta a que se hará no solo con varios gobiernos estatales sino con las diputaciones federales suficientes para mantener más o menos igual su mayoría de curules en la Cámara de Diputados. ¿Razón?… la abulia de los electores que parece, nomás no van a salir a votar (pandos de alegría por la dicha inicua de reenviar memes burlones contra el gobierno), y la anemia voluntaria de los partidos opositores, PAN, PRI y PRD, con la posible excepción de Movimiento Ciudadano, que va por su lado y parece competitivo. Es lo mismo: vamos resignándonos al discurso triunfalista del huésped de Palacio Nacional.

Eso significa… nada nuevo: igual seguirá el Presidente, sin mayoría en la Cámara de Senadores para hacer reformas constitucionales; igual seguirá obligando a la Cámara de Diputados a hacer desfiguros inútiles; igual seguirá coleccionando resoluciones judiciales adversas; igual seguirá el Presidente, disfrutando viciosamente las delicias de su estéril onanismo verbal, denostando a todos cuantos no alaben y apoyen hasta la ignominia sus decisiones, iniciativas y puntadas; igual seguirá el derroche del erario en monstruosas obras muy cuestionables social, económica y técnicamente; igual seguirá la hemorragia de cataratas de dinero en desordenados programas sociales inútiles para combatir la pobreza y probadamente eficaces para fomentar la corrupción; igual continuará la ineficacia de su gobierno; igual seguiremos dejándonos distraer por sus bombásticas declaraciones del día… ¡ah! y también igual seguirá creciendo su desprestigio ante el mundo, eso sin duda, pues la magia de los ‘bots’ y la prensa tenochca afín no influyen en los fríos análisis de hechos a que son adictos los gobiernos de las potencias ni la gran empresa privada internacional.

Mientras están en el horno las elecciones del 6 de junio próximo, el Presidente está metido a fondo en dos proyectos de patas cortas y uno que le aseguraría quedar en el basurero de la historia.

Los de patas cortas son reestablecer el régimen de monopolio del Estado a favor de CFE y Pemex; está seguro de poder hacerlo mediante reformas legales. No lo conseguirá. Y no lo conseguiría ni si pudiera reformar la Constitución: el país tiene firmados muy solemnemente, tratados internacionales que tienen fuerza de ley en México y contratos con inversionistas extranjeros a los que no les altera el pulso la verborrea presidencial. En los tres años y cinco meses que restan a esta administración, sobra tiempo para que esos dos proyectos dejen en ridículo a su impulsor, habrá una vorágine de pleitos judiciales y dependiendo de la contumacia presidencial, nos impondrán espeluznantes penalizaciones en metálico. El imperio del capital no se caracteriza por ser comprensivo y tolerante cuando le toman el pelo. México se comprometió y México está obligado a cumplir. El Presidente dirá misa, pero tarde o temprano quedará anotado en su biografía que hundió la economía al país.

El proyecto que le aseguraría un sitio especial en el basurero de nuestra historia es prolongar su mandato. Si en lo de alargar el periodo del Presidente de la Suprema Corte, su intención fuera solo garantizar, según él, el beneficio del Poder Judicial, ya sería hora de que dijera que ni se reelige ni prolonga su mandato, en vez de insistir en que se va en septiembre de 2024… “si el pueblo lo decide”, dejando viva la posibilidad de tener que sacrificar su proyecto de retirarse a su lejana finca si el pueblo se lo exige.

La otra cosa que no cambiará el resultado de las elecciones del 6 de junio es… la realidad. Sí, la realidad pelona. Más temprano que tarde se hará presente y es muy adversa al discurso oficial: hay más pobreza; la corrupción no cedió un palmo; y la inseguridad pública está peor que nunca, con 81,484 homicidios en sus dos primeros años de gobierno (frente a los 28,072 de Calderón y los 39,446 de Peña Nieto), datos del Centro Nacional de Información del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP); el sector salud ha sido dañado severamente y aparte, en algún momento será imposible seguir tapando el Sol con un dedo respecto de las muertes por la pandemia. La realidad es trágica: no hay un rubro en el que el gobierno pueda mostrar resultados inobjetables, todo es palabrerío.

La otra parte de la realidad son nuestras relaciones exteriores. Lamentablemente, nuestro Presidente las desdeña y resuelve el asunto repitiendo un par de frases hechas (no intervención y la ‘doctrina’ Estrada…), y proponiendo a los EUA que resuelva la migración sembrando arbolitos en Centroamérica. Sí, cómo no.

Concedamos que el Presidente actúa con la mejor buena fe, concedamos que es un soñador y que soñar no es pecado… sí, lástima que en la política real un buen sueño  suele acabar en pesadilla.

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