Petróleo barato y ¿gasolina cara?

A Carmen Aristegui y su equipo, con el deseo de escucharlos pronto por la radio.

Este 18 de marzo, 77 aniversario de la expropiación de la industria petrolera, es la primera vez que Petróleos Mexicanos (Pemex) lo conmemora como Empresa Productiva de Estado (EPE). También lo hace en un escenario de cotizaciones deprimidas del petróleo y altos precios de las gasolinas para los mexicanos.
Esto último, que podría parecer una contradicción, ha servido para que los partidos políticos en la oposición (PAN, PRD, Morena y PT) lo utilicen como tema para las campañas políticas para renovar la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión y los otros cargos de elección en disputa. Por ello vale la pena poner en contexto la discusión.
¿Se vale ahora que hay elecciones arrinconar al gobierno y al partido en turno con verdades a medias? Claro que sí. ¿Tiene que responderles el Ejecutivo federal y el PRI/PVEM? Desde luego que sí. Estos debates, si se hicieran en serio, quizá son lo sabroso de la democracia. Entonces, ¿por qué los mexicanos tenemos que aguantar vara y pagar precios más altos en las gasolinas que incluso en Estados Unidos, de donde importamos alrededor del 50% del consumo de combustibles automotrices? Son varias razones:

1.— Afortunadamente la economía mexicana y su sector externo no están “petrolizados”, esto significa que la producción de hidrocarburos representa menos del 7% del Producto Interno Bruto (PIB), esto es del valor de todos los bienes y servicios de uso final que se producen en territorio mexicano durante un año. En cuanto a las exportaciones, las de petróleo crudo representaron en 2014 casi el 11% del total de lo que México exporta al mundo. De continuar el nivel actual de precios, posiblemente lleguen a representar menos 7%. Hasta ahí todo bien.

2.— Sin embargo, lo que sí está “petrolizado” es la Hacienda Pública del Estado mexicano. Y para colmo, los precios de las gasolinas y diesel los fija el gobierno federal, por ello se les llama “precios administrados”. Esto genera graves distorsiones. Para empezar, dada la precariedad de la recaudación tributaria, es gracias a los ingresos del petróleo que se ha podido sostener el discurso de finanzas públicas sanas. Dependiendo del año y de las cotizaciones del crudo, los ingresos petroleros han llegado a cubrir hasta casi el 45% del gasto público del gobierno federal, el de las entidades federativas y de los municipios, como lo fue en 2008. Entre 1998 y 2000, por ejemplo, la dependencia llegó a estar entre 15 y 22%.

3.— Pero depender de ingresos petroleros no es lo malo. Lo auténticamente perverso es qué se hace con ellos. Desafortunadamente México los utiliza para cubrir el gasto de operación porque la recaudación de impuestos per se no alcanza. De esta forma el petróleo, en lugar de destinar el producto de su venta a constituir más activos, lo usamos para el consumo, de la misma manera como lo llega a hacer una familia cuyos integrantes no trabajan pero venden los bienes para “comerse” la herencia. Otra historia cantaría la economía mexicana si los ingresos petroleros se hubieran canalizado para el crecimiento y la generación de empleos. De 2003 a 2013, los gobiernos en el poder han preferido destinarlos a un gasto que se le denomina “desarrollo social”, que en los resultados parece más una política pública obsesionada con el objetivo de maximizar el cultivo de pobres, esto es de mexicanos que no tienen acceso a derechos sociales como educación, salud, protección social y vivienda, entre otros.

4.— En adición a lo anterior, hay algo francamente aterrador, perverso y depredador. No sólo los ingresos petroleros los hemos consumido como nación, sino también los hemos literalmente quemado. De 2006 a 2014, el gobierno mexicano con el aval del Congreso de la Unión y de todos los partidos políticos que ahora reclaman por los altos precios de la gasolina, permitieron y solaparon que las personas de los estratos de ingreso más alto de este país, que poseen y hacen uso del automóvil para su movilidad, recibieran un subsidio que equivale a casi 77 mil millones de dólares (mmd). (Por cierto, la deuda externa del gobierno federal asciende a casi 81 mmd). Sí, este regalo lo recibimos los automovilistas, porque nuestros partidos políticos y legisladores no tuvieron el valor de decir que, con las altas cotizaciones del petróleo que imperaron durante ese período, los precios de las gasolinas debieron ajustarse al alza.

¡Qué cómodo es ahora reclamarle al gobierno bajar los precios de las gasolinas sin proponer cómo financiar el gasto público! Más cuando se sabe que los altos precios de la gasolina, versus el exterior, están sirviendo para compensar la drástica caída de los precios del petróleo. Urge congruencia y urge que los partidos políticos se esfuercen con propuestas más elaboradas para que la economía mexicana crezca y genere más y mejores empleos. Bajar de golpe el precio de la gasolina en estos momentos es una gran irresponsabilidad fiscal, aunque nos duela admitirlo.

Por Jorge A. Chávez Presa
Economista

@jchavezpresa
EL UNIVERSAL

 

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