Piedra de sol

José Antonio Molina Farro

“Escapar de la fragilidad de los asuntos humanos se ha recomendado tanto, que la mayor parte de la filosofía política desde Platón, podría interpretarse fácilmente como los diversos intentos de encontrar bases teóricas y formas prácticas que permitan escapar de la política por completo”.
Hanna Arendt.

Frederich Hölderlin en su elegía Pan y Vino se preguntaba para qué sirven los poetas en un tiempo indiferente, en un mundo de capitalismo salvaje, socialismos fallidos, miseria globalizada, destrucción ambiental, fundamentalismos étnicos y religiosos, en un mundo donde la música es ruido y el amor pornografía. Agregaríamos, hoy día, una humanidad agobiada y victimada por la pandemia y la violencia. Para eso sirve la poesía, para la vida y su consecuencia, la muerte. Lo decía Leopardi, “leer algo de poesía contemporánea verdadera, en prosa o en verso aún en un tiempo tan prosaico como el nuestro, es añadir un hilo a la tela muy corta de nuestra vida, como decía Sterne de una sonrisa”.
En septiembre de 1957 se publicó el poema Piedra de sol, de Octavio Paz, apenas cuatro años antes se reconoció a las mujeres mexicanas el derecho a votar y ser votadas en elecciones federales, y el español era la única lengua reconocida oficialmente por nuestra Constitución. Los temas de este monumento lingüístico son, a decir de la gran poeta mexicana Maricela Guerrero -no encontré otra descripción mejor-, “el amor, la humanidad, la otredad, la fragilidad de los asuntos humanos, signada por el deseo. Los cuerpos deseantes son cuerpos políticos; el conflicto y la negociación del deseo es un asunto de poder que se actualiza y resuelve en cada momento y espacio histórico… el cuerpo de la mujer es territorio, geografía que deviene en la imagen de un árbol líquido…Como el árbol y el agua ese cuerpo será un fenómeno de la naturaleza…Cuerpos que serán de piedra y se sublimarán en un par de ojos y en un instante… Venus, patrona del erotismo es el cuerpo aludido en los quinientos ochenta y cuatro versos del poema, mismo número de días en que el planeta Venus tarda en dar una vuelta alrededor del sol”… En esta columna sólo voy referirme a un pasaje de mujeres que se pueden ubicar en el espacio y tiempo de la Guerra Civil española. Como es sabido, Piedra de sol ha sido comparado con Muerte sin fin, obra cumbre de la literatura mexicana, de José Gorostiza, poema que el mismo Octavio Paz identificó como “reloj de cristal de roca”. Van unos párrafos.

Madrid, 1937,
en la Plaza del Ángel las mujeres
cosían y cantaban con sus hijos,
después sonó la alarma y hubo gritos,
casas arrodilladas en el polvo,
torres hendidas, frentes esculpidas
y el huracán de los motores, fijo:
los dos se desnudaron y se amaron
por defender nuestra porción eterna,
nuestra ración de tiempo y paraíso,
tocar nuestra raíz y recobrarnos,
recobrar nuestra herencia arrebatada
por ladrones de vida hace mil siglos
los dos se desnudaron y besaron
porque las desnudeces enlazadas
saltan el tiempo y son invulnerables,
nada las toca, vuelven al principio,
no hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres,
verdad de dos en sólo un cuerpo y alma,
oh ser total…

P. D. “La suerte es la confluencia de la preparación con la oportunidad”.
Séneca

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