Plumaje: La Feria

SR. LÓPEZ

Haga memoria, recuerde el peor ridículo de su vida. No se haga… nadie se salva, todos hemos deseado alguna vez que nos trague la tierra. Este menda de vez en cuando despierta sudoroso, con la cara ardiendo por el recuerdo -no lo anden contando-, de su presentación en un festival escolar de 10 de mayo, a los 12 años de edad, como “conejito” en un bailable ideado como justa venganza por “miss” Carmen, la maestra de música, que no por casualidad escogió para ese grotesco cuadro solo a los de mala conducta. Y la peor parte del amargo recuerdo es -ya terminada la presentación-, el silencio espeso de las madres petrificadas. Algunas pocas forzaron sus manos a aplaudir, se oían sus palmadas con eco; una se soltó a llorar tapándose la cara. No nace uno bravo, lo hacen.

Eso mismo siente su texto servidor oyendo al Presidente convocar a una consulta popular para enjuiciar expresidentes, o decir que ‘la economía está respondiendo bien’ (caída en el segundo trimestre del año: -18.7%, no vista desde 1932 según el Banco de México… un brinco atrás de 88 años y dice que está ‘respondiendo bien’), o asegurar que se están recuperando empleos (por 50 mil nuevos, frente al millón de trabajos formales perdidos y los 12 millones de informales sin chamba). ¡Cosa más grande!, diría Trespatines.

Pero se reconoce que tiene su chiste lo que hace el Presidente de la república, pues consigue mantener ante sus pertinaces admiradores, la imagen de salvador de la patria, santo civil, Juárez reencarnado, Mahatma Gandhi chancla pata de gallo (‘Macuspana Style’), y para ratificar que lo chairo no tiene cura, no se desaniman ni les baja el sentimiento de honor por estar con Obrador, aunque lo oigan declarar con franqueza y sonriendo, que no respeta la ley ni piensa hacerlo.

México está en tiempos escatológicos en sus dos acepciones: tiempos de las últimas cosas según las creencias cristianas, tiempos de gran tribulación, acosados por los cuatro jinetes del Apocalipsis Tenochca: inseguridad, pandemia, miseria y desgobierno; y también escatológicos por la copropolítica al uso, el exceso de excremento en el discurso, lo fecal como materia prima del Poder Ejecutivo federal.

Parece ser que el Presidente cree haber descubierto las ventajas del cinismo, puede ser que por eso se atreva a decir que él es un ave que cruza el pantano sin manchar su plumaje, o aceptar públicamente que sí recibía (¿recibe?), dinero ilegal, que su hermano se lo llevaba, que un empleado estelar de su gobierno le advirtió que se iba a saber… -¿Y qué? -debe haber pensado: lo acepto y me hacen los mandados sin que se me caiga una pluma del penacho. Y está seguro que le salió bien, olvidando que mientras sea Presidente es casi intocable.

Por eso, sentado en La Silla, lejos de ocultar sus atropellos a la ley, los presume, ya sea la realización de ‘consultas populares’ ilegales, sesgadas, no representativas, para que ‘el pueblo’ sea el que apruebe el trenecito Maya, clausurar la construcción del aeropuerto en Texcoco o una cervecera en Mexicali, arbitrarias acciones exclusivamente de la responsabilidad de él, que significan un inmenso desperdicio de recursos públicos en tiempos en que nuestra economía se tambalea; o rehusarse a denunciar ante la Fiscalía General los casos de cuatro expresidentes que él afirma, incurrieron en delitos graves, en actos de corrupción inaceptables, diciendo abiertamente que solo aportará las pruebas que tiene si lo citan a declarar por las acusaciones contra su hermano Pío, o que cumpliría con su obligación de aplicarles la ley solo si eso le manda el pueblo en una consulta, esta sí sujeta a los requisitos constitucionales que de antemano sabe son imposibles de cumplir.

Sí, lo suyo es la epifanía del cinismo: el abierto derroche de dinero en programas sociales sobre los que crece el clamor de que están naufragando en mares de corrupción, ineficacia e improvisación, aún peores que los del pasado reciente, carentes de reglas de operación, de asignación desordenada, aleatoria o arbitraria y lo peor, condicionada; más la creación de los ‘servidores de la nación’, entre 17 y 19 mil activistas de él, oficialmente responsables de ‘dispersar’ los programas sociales y en la realidad, un ejército de activistas electorales de su partido y su gobierno, carente de sustento legal, que al principio se dijo no cobrarían sueldo, luego que sí, y ahora sabemos que en 2019 nos costaron poco más de mil 800 millones de pesos… y sumando.

En la cumbre de la desfachatez, repite hasta la náusea que está empeñado en una lucha titánica contra la corrupción mientras asigna directa, ilegalmente, el 76% de las compras y contrataciones, mientras desdeña los abundantes señalamientos de corrupción de sus muy cercanos.

Claro, él sigue convencido que le funciona su estrategia y sostiene con una inexplicable sonrisa que ‘vamos bien’ y que las críticas obedecen a que está transformando la nación, sin sospechar que para muchos ya no hay esperanza de que sea prócer quien resultó ser padrote de la patria.

Y, aferrado a su ego, embriagado por su propia imagen, interpreta que el 53.6% de aprobación en las encuestas, es calificación aprobatoria… y no, 5.36 es reprobado. Que alguien le explique.

Y aunque 53.6% fuera estar en los cuernos de la Luna, esas mismas encuestas reportan que solo un 48.6% aprueban su combate a la corrupción; el 41.2% opina que está manejando bien la pandemia (¿qué tal?); el 52.4% piensa que ha probado tener capacidad para gobernar; el 47%; están de acuerdo en cómo maneja la relación con los EUA; le parece al 36.1% que está combatiendo bien a la delincuencia organizada; y consideran que conduce bien la economía el 34.3% de los tenochcas (hay gente para todo).

Esa es su boleta señor Presidente, cincos, cuatros y peor.

Y aunque su persona fuera de verdad más popular que la Adelita, en el 2021, recuerde: no es candidato a nada y no olvide, a su gobierno lo reprueba la ciudadanía. Por cierto: no se apure, a la salida le revisamos el plumaje.

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