Presidencia, la marca de las apariencias

Casi paralelamente sucedían los incendios, bloqueos y enfrentamientos en Jalisco, Guanajuato, Michoacán y Colima cuando la Presidencia de la República anunciaba la creación de la Coordinación Marca País y Medios Internacionales a la que encargará la elaboración de estrategias de comunicación para fortalecer la imagen y percepción de México en el extranjero.
Invertir en la “creación” de una “marca país” suena tan improvisado como superfluo. La imagen de México en el exterior está drásticamente deteriorada por la carencia de una estrategia integral que ponga entre sus prioridades el desarrollo social, el bloqueo profesional a la entrada de armamento y el respeto indiscriminado a los derechos humanos. Preocupa saber que desde la Presidencia se aspire a un cambio de la percepción de México en el extranjero construyendo mensajes o promoviendo imágenes que no alcanzarán para disfrazar la realidad.
Para la crisis de este fin de semana, el impacto mediático parece contenido. Pocos diarios abordan, con el rigor que merecería, la violenta jornada que ha amenazado la seguridad en el occidente del país. Pero los hechos ahí están. Treinta y nueve bloqueos que se desarrollaron básicamente en Jalisco pero que se extendieron a Colima, Guanajuato y Michoacán. Cuatro estridentes enfrentamientos de los que resultaron siete personas fallecidas. Además de un helicóptero del Ejército derribado, que requirió el uso de armamento de altísimo calibre. Ese mismo día anunciaron que implementarán la “Operación Jalisco”, parece un poco tarde.
Esperaríamos que la imagen del país se modificara en relación con la reversión de la violencia y las evidencias de que los derechos humanos se respetan a como dé lugar. Para ello más que destinar recursos humanos y económicos al diseño de una marca, se requiere primero que nada aceptar que México es un país que atraviesa una profunda crisis de gobernabilidad. Llevar a cabo investigaciones profundas para asegurar que las autoridades de alto nivel en las entidades federativas más problemáticas, no tienen vínculo alguno con los grupos del crimen organizado. Basta ver las imágenes de Rodrigo Vallejo —hijo del ex gobernador de Michoacán por el PRI— echando whisky con La Tuta, para entender que cerca del poder sobran cómplices de criminales. El partido que ocupa hoy la Presidencia permite que los familiares de sus gobernadores negocien con el narco. ¿Qué tipo de marca modificará esto si no se toman decisiones urgentes y contundentes para evitarlo?

Recordemos los resultados del estudio del Congreso de la Unión que presentó Alejandro Encinas a finales del año pasado, que concluía que el tráfico de armas asciende a los 127 millones de dólares anuales, y que el crimen organizado mantiene el 65% de las armas ilegales. A este informe reaccionaron los parlamentarios alemanes e insistieron en que México debía replantear la política de combate al tráfico de armas. ¿Tienen alguna estrategia para impedir que sigan ingresando al país dos mil armas por día?
En lugar de admitir con vergüenza y responsabilidad el diagnóstico y las recomendaciones de Juan Méndez, relator de la ONU en materia de tortura, optaron por negar lo evidente y violando cualquier procedimiento diplomático prefirieron descalificarlo. ¿Consideraron en algún momento pedir una disculpa? ¿Se preocuparon acaso por las repercusiones que trae la tortura en materia de justicia?
La intervención del Ejército y la Policía Federal o local en asesinatos de civiles, difícilmente se olvida con la creación de una “marca”. ¿Qué protocolos y qué consecuencias están proponiendo para evitar que policías o militares estén dispuestos a asesinar como lo hicieron en Ayotzinapa, Tlatlaya o Apatzingan?
La imagen de un país se reconstruye con eficiencia para disminuir la desigualdad, eficacia para controlar la entrada ilegal de armas, respeto a la vida y la integridad de sus ciudadanos. Y ya si podemos pedir algo más, humildad e integridad de sus líderes y gobernantes. Si el gobierno sigue invirtiendo en apariencias, los días de fuegos cruzados y helicópteros derivados no deberán causarnos sorpresa.

Por Maite Azuela
Analista política y activista ciudadana
EL UNIVERSAL

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *