PRI

José Antonio Molina Farro

“La exaltación del pragmatismo es una ideología, no su ausencia”

José Francisco Ruíz Massieu

El sábado próximo pasado asistí a un desayuno-trabajo con ex presidentes del C.D.E. PRI, convocado por el actual dirigente Rubén Zuarth Esquinca; también presentes, el Delegado General Eruviel Alonso, Olga Grajales Secretaria General y el experimentado Leyber Martínez. En la pluralidad de expresiones Duverger se asomó, “Del mismo modo que los hombres conservan durante toda su vida las huellas de su infancia, los partidos sufren profundamente las huellas de sus orígenes”. Y sí, el PRI nació desde el poder, con saldos positivos y negativos para el país. Presente la vieja guardia, Roberto Domínguez Castellanos, José Antonio Aguilar Bodegas, Mario Carlos Culebro, Arturo Morales Urioste, Sami David, Julián Nazar y Arely Madrid vía zoom. Destaco la presencia, con la camiseta bien puesta, del talentoso Aquiles Espinosa, actual Secretario de Transporte en el gobierno de Morena de Rutilio Escandón. Ausente, por razones propias de su encargo, Juan Óscar Trinidad Palacios.

Con el ánimo de repensar y proyectar al partido, el joven Zuarth hizo  un repaso de  las aportaciones del PRI y sus gobiernos en la vida nacional desde su creación, pero también reconoció grandes desaciertos y fallas que contribuyeron a su descrédito y se reflejaron en las urnas. Rubén Zuarth articuló lo electoral con el acontecer nacional. Fue enfático al subrayar el autoritarismo, el desmantelamiento institucional, la concentración excesiva del poder, con una cabeza ejecutiva hipertrofiada, el creciente desempleo, el  subempleo y la informalidad, la caída imparable de la inversión fija bruta, el decrecimiento económico, el criminal abandono a las Mipypes, la violencia galopante, la ausencia de contrapesos reales, la justicia selectiva y la importancia de defender las libertades. Sobre mi cuestionamiento sobre las alianzas, coaliciones o candidaturas comunes, fue claro al expresar que hay acercamientos con otros partidos, pero a partir de una plataforma y definiciones sobre el tipo de país que queremos. “Sería un error un frente anti AMLO, sin un proyecto claro de país y, en nuestro caso, de entidad federativa”. En otras palabras, convencer a la ciudadanía  que se aprendió la lección y sobre el porqué y para qué se quiere el poder. Sin solemnidades dijo, se postulará a los mejores, a quienes gocen de buena fama pública y demuestren no sólo ser competitivos sino tener aptitudes para el encargo. Las estrategias serán diferenciadas y el discurso apuntará a la emoción y la razón.

Colosio. En este ánimo de renovación, refundación o reestructuración, me resulta inevitable  recordar algunas de mis pláticas con Luis Donaldo Colosio, a la sazón Presidente del CEN del PRI, allá por 1989. En su introspección Donaldo destilaba energía y humildad.  Rechazaba las grillas baratas y a los “amarra navajas”, tan comunes en este quehacer. Recuerdo algunas de las pláticas  con él, preñadas de consistencia, civilidad política y altura de miras. Las ideas fluían. “Debemos ser capaces de construir una democracia civilizada y adulta, donde no se necesite denigrar y calumniar al adversario para construir la carrera propia”. Se lamentaba por la resistencia de los sectores del partido a su democratización, “exigen cuotas pero no aportan votos”. Y cierto, las marchas y movilizaciones “voluntarias” no se reflejaban en las urnas. Recordemos que Joaquín Gamboa Pascoe, líder obrero de la CTM y de la Federación de Trabajadores del DF, perdió la elección de senador frente a Porfirio Muñoz Ledo en 1988. “La lucha será ardua, tenemos que cambiar por convicción, por simple racionalidad”. Le recordé a Benjamín Disraeli, quien con sensibilidad de estadista advirtió a tiempo el hastío y descontento de la sociedad inglesa hacia sus gobernantes. “Debemos escoger entre ser los promotores del cambio o las víctimas del cambio”. De inmediato agregó, reformar para conservar. Con su peculiar acento norteño me decía que había que combatir la doble moral, y el doble discurso, uno hacia adentro y el otro hacia afuera.  Otros temas fueron el clientelismo, los poderosos intereses económicos y políticos, abiertos y soterrados y las estructuras viciadas al interior del partido.

Desconozco si Rubén Zuarth  Esquinca estará a la altura de su responsabilidad histórica, sólo el tiempo, su olfato y capacidad para concertar alianzas y los resultados lo dirán. Sí puedo decir que hoy está al frente del partido un joven político que sabe escuchar, con ideas, proyecto y sentido de la trascendencia. Última llamada.

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