Primera llamada: La Feria

SR. LÓPEZ

Como ya sabe usted, los del lado paterno de este menda, eran de Autlán de la Grana, Jalisco, los López y los Michel, de allá eran y eran… especiales. Una vez, por lo que no le importa, siendo casi púber su texto servidor, preguntó a la abuela Elena si era cierto que en la familia no había mujeres golpeadas y frunciendo un poco las cejas como haciendo memoria, respondió: -Bueno… no… hay viudas, eso sí -¡ah, caray!

El macho de la especie humana se ha impuesto sobre la mujer desde la noche de los tiempos. La diferencia de talla y fuerza física más las limitaciones que imponen embarazo, parto y crianza, permitieron establecer la supuesta superioridad de unos sobre otras, lo que es comprensible cuando papá cavernario salía a cazar mamut para regresar y repartir chuletas como le daba la gana; encima, como adornito adicional, el macho disponía de cuantas hembras podía fecundar, pues muchas -nomás por moler-, morían al dar a luz y para que el troglodita se asegurara una vejez con menos achuchones, necesitaba hijos, hartos hijos, porque no se reproducía pensando en la conveniencia de preservar la especie, sino en tener quien le cuidara las espaldas y lo alimentara ya anciano (digamos, a los 25 ó 30 años de edad).

El primate bípedo dicen que apareció hace unos seis o siete millones de años (a ver, aléguele a los científicos… seis o siete millones… no se miden); dicen también que el ‘homo sapiens’ arcaico, celebró su primer cumpleaños hace 340 mil años y que el ser humano casi como lo conocemos, tiene entre 150 mil y 230 mil años de estar sobre la faz de la Tierra en desigual combate contra nuestra madre Natura, aunque el ‘homo sapiens sapiens’, o sea nosotros, llegó hace 42,021 años (40 mil a.C más 2021 que llevamos).

Menos impreciso sería afirmar solo que hace muchísimos años apareció nuestra especie y que durante todo ese dilatadísimo periodo, al macho se le hizo la maña de creerse superior a la mujer por ser tiempos en que el mejor argumento era el tamaño de la macana. Pues, lejos no estamos.

Como sea, la mujer siempre ha estado en desventaja frente al macho y así sigue en enormes porciones de África, Asia, Oceanía, algunas de Europa y no pocas de América. La mujer hoy, vive en condiciones similares al patriarcado tribal. Parece mentira. Es cierto.

Probablemente la primera fisura en el monolítico machismo universal fue el cristianismo que sin proponérselo y predicando la sujeción de ellas a ellos, a partir del siglo IV sembró la idea de que algo debía valer la mujer como para haber traído al mundo al Salvador o haber sido mujer la primera que se topó con Jesús resucitado (y no olvide que todos los muy machos apóstoles salieron por piernas cuando la crucifixión).

Es hasta mediados del siglo XIV (hace cinco minutos en tiempo-historia) que la veneciana Christine de Pizan (1364-1430) presentó en sociedad un primer feminismo, con libros que reivindicaban a las claras la igualdad de derechos de las mujeres… se dice fácil, imagine las que aguantó la doñita. Le siguió otra veneciana, Modesta Pozzo (1555-1592), quien abiertamente escribió sobre las barbajanadas del macho y las posibles soluciones en ‘El mérito de las mujeres’ (‘l merito delle donne’) y la ‘Justicia de las mujeres’ (‘Giustizia delle donne’, divertidísima, se recomienda mucho, contiene algunos castigos que se le ocurrieron para los machitos).

Después de ellas se abrió un lapso de casi dos siglos de inacción. Con la Ilustración en el siglo XVIII, aparecieron no pocas mujeres (y hombres) defendiendo a las claras la igualdad de derechos, el voto femenino y su derecho a participar en política; doña Mary Wollstonecraft es la primera verdadera feminista; escribió en 1792 ‘Vindicación de los derechos de la mujer’, de lujo.

Pero la verdad es que nadie comprendía qué carambas querían las mujeres, que con parir hijos y que las mantuvieran debían darse nalgadas de gusto… ajá, sí cómo no.

El siglo XIX pasó sin pena ni gloria para la causa feminista, excepto por algunos movimientos sufragistas y una organización abiertamente feminista fundada en Barcelona en 1891, la Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona.

Hasta la segunda mitad del siglo XX, a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial que incorporó mujeres a labores antes impensables en el ‘sexo débil’, reventó incontenible el feminismo (¡hay un Dios!), empezó el fin de cuento, la mujer ya peleó con uñas y dientes recuperar su valor como persona, no como hija, hermana, esposa, madre, ama de casa y con suerte, como secretaria o enfermera.

No ha sido fácil lo realmente poco que han conseguido pero no van a ceder en nada logrado. ¡Falta tanto!

En México, el año pasado hubo 967 feminicidios, 16,545 violaciones y más de 260 mil llamadas de emergencia de mujeres pidiendo ayuda contra actos de violencia. La lucha feminista en nuestro país empieza en que no las maten, así de grave.

Este gobierno usurpa para sí mismo la denominación de ‘izquierda’ y es refractario a las causas de las mujeres, traicionando la historia feminista de la izquierda

El Presidente recibe y apapacha a la más variada fauna, mujeres no, y ante las manifestaciones de justa protesta de ayer, dijo: “Con motivo del nuevo aniversario del Día de las Mujeres, se ha desatado una campaña de desprestigio en contra del gobierno y de mi persona. La derecha está muy ofuscada, molesta (…) el propósito es atacar al gobierno”.

No, Presidente, no es contra el gobierno, ni contra usted, sorpréndase: no todo gira en torno a su persona. Tampoco es la derecha. No se siga equivocando. Si con respeto y porque quiso, fue a Sinaloa a saludar de mano a la mamá de un afamado narcotraficante, con mayor respeto y por obligación, reciba y atienda a las dolientes de miles de asesinadas, desaparecidas, violadas, golpeadas y ofendidas. Comprenda o no el feminismo. Le conviene. Ofreció muro y no granaderos. Hubo muro y granaderos, golpes y gas pimienta. La imagen de la revuelta que no es y usted propicia.

Ayer le tiraron su muro, primera llamada.

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