Profesores de tiempo repleto

Son muchos y sostienen la base del edificio. No tienen contratos de tiempo completo, pero laboran de tiempo repleto. De un salón a otro y de una escuela a la que sigue para completar, apenas, la quincena. Viven en gerundio: ando yendo de aquí para allá dando clases a diario.
La Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior, ANUIES, dio a conocer, hace unos días, datos preliminares de un estudio sobre el enorme conjunto de académicos que, trabajando a destajo, sostienen a las licenciaturas en México: los y las profesoras “de asignatura”. Pronto podremos estudiarlo a fondo, pero los avances dados a conocer (los “cortos” de la película por venir) muestran que es urgente atender un grave problema en el espacio laboral de las instituciones de educación superior (IES): se ha conformado un sistema tan estratificado que, por momentos, parece corresponder al de las castas.
En lo más alto de la pirámide se hallan los profesores de tiempo completo. Quizá sean 25% del total. Si en todas las IES del país (públicas y privadas, federales, estatales, tecnológicas y normales) trabajan cerca de 340 mil académicos, alrededor de 85 mil tienen un vínculo laboral que asegura 40 horas de trabajo a la semana. Como dice el sabio: si hasta en los microbuses hay rutas, es preciso aclarar que no todos los colegas de tiempo completo son iguales. Cerca de 23 mil son la crema y nata del oficio, pues además de contar con un contrato estable, obtienen bonos en sus instituciones y reciben aún más dinero al ser parte del Sistema Nacional de Investigadores, el SNI. Hay una tendencia en este sector: a mayores honores y privilegios, es necesario huir de la enseñanza en los niveles básicos. La licenciatura es un terreno que pocos visitan. No me quemé las pestañas, estudiando un doctorado en Harvard, para dar clase a los alumnos de los primeros semestres. Son muchos y estorban para lograr una carrera académica “deseable”. En todo caso, me dedicaré al posgrado.
Abajo de la clase premier, el resto de los tiempos completos, 65 mil, trabajan con mayor frecuencia en la docencia temprana pero desde luego no bastan: hay 3.5 millones de estudiantes que atender en las licenciaturas del país.
¿Quién se hace cargo de la docencia en los primeros años de los estudios superiores, y muchas veces a todo lo largo de ese nivel? El resto: los llamados “por horas”. Y, en efecto, son un resto: 255 mil maestras y profesores. Imparten 7 de cada 10 cursos que se ofrecen. De nuevo, los códigos postales son variables en este grupo. Una cantidad no menor son profesionistas que se ligan con la docencia ya sea para completar ingresos o por otras razones, pero tienen su espacio laboral de referencia fuera de las IES, y en él obtienen la parte fundamental de sus ingresos. En otros casos, se trata de personas que contribuyen al gasto familiar impartiendo algunas clases dado que pueden realizarse en horarios compatibles con otras obligaciones laborales no reconocidas como tales. Pero hay miles y miles de colegas que acumulan tantas clases como pueden, les interesa la vida académica y a eso se dedican en condiciones muy precarias. La mayoría gana entre 50 y 90 pesos por hora/pizarrón. Sus contratos son inestables, no tienen derecho a ingresos adicionales ni a sabáticos o lujos similares. Las autoridades no los consideran realmente académicos, pero aprovechan su empleo intensivo como la base de la educación superior nacional. Ninguno es marxista ya. Imposible: lo peor que les podría pasar es que arribara la sociedad sin clases. ¿De qué vivirían? Los tiempos repletos ahí están. Baratos. Con ilusiones unos, hartos otros: quemados muchas veces por tantos años girando. Cansados. Los jornaleros del gis y el borrador salen temprano. Madrugan los peones. A darle.

Por Manuel Gil Antón
(Profesor del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México)
EL UNIVERSAL

Twitter: @ManuelGilAnton
Correo: mgil@colmex.mx

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