¿Qué está pasando en Yemen?

Hace unos meses asistí a un foro internacional de seguridad. En una de las cenas, un colega de Yemen se sentó a mi lado. No pude evitar compartirle mi pesimismo en torno a la Primavera Árabe. Resultó que sin saberlo, estaba yo conversando nada menos que con uno de los más importantes líderes de la Primavera Árabe en Yemen, Mohammed Abulahoum. Él era enormemente optimista y continuamente me decía que todo iba a estar bien. La verdad no era mi intención empañar su optimismo así que mejor pasamos a discutir temas de comida y cultura. No obstante, los temores que en ese momento preferí guardarme se han venido confirmando.
Considere los siguientes eventos ocurridos todos durante la última semana en Yemen: (a) Una serie de atentados contra mezquitas chiítas, reivindicados por ISIS terminaron con la vida de más de 130 personas; (b) grupos afiliados a Al Qaeda extendieron su zona de control; (c) los rebeldes Houthis, quienes actualmente controlan la capital del país, lanzaron una nueva ofensiva de expansión; (d) Arabia Saudita inicia ataques aéreos contra los Houthis y forma una coalición internacional.
Esta serie de eventos exhiben la peligrosa confluencia de al menos cinco elementos que tras la Primavera Árabe se están repitiendo en diversos países de la región: (1) La persistencia de uno o varios conflictos locales de carácter político; (2) dichos conflictos se entretejen con añejas hostilidades sectarias o tribales que afloran con las condiciones de inestabilidad; (3) diversas potencias regionales se involucran indirecta o directamente; (4) el involucramiento directo o indirecto de una o varias potencias globales; (5) el aprovechamiento del caos por parte de grupos terroristas para aumentar su influencia.
El conflicto yemení involucra a los siguientes actores: (1) El gobierno del presidente Hadi, compuesto principalmente de musulmanes sunitas, apoyado por Arabia Saudita y por EU; (2) los grupos rebeldes Houthis pertenecientes a una subsecta del Islam chiíta, apoyados por Irán y por el exdictador Saleh, aquél que tuvo que dejar la silla a raíz de la Primavera Árabe; (3) Al Qaeda en la Península Arábiga; (4) ISIS, que recientemente penetra en Yemen, pretendiendo robar foco y nombre a Al Qaeda. Por último, (5) una coalición de potencias sunitas lideradas por Arabia Saudita que incluye a 10 países de la región, para frenar el avance Houthi, y con ello la injerencia de Irán en la zona.
Yemen no es solamente el país más pobre de toda la región, sino un país que en el pasado ha vivido demasiados momentos de guerra e inestabilidad. Por si fuera poco, Yemen es también una de esas historias, hoy ya tan repetidas, en las que las protestas del 2011 no produjeron una situación más favorable que la que existía antes del fin de la dictadura. Pero el asunto no para ahí. Esos factores internos, confluyen con un entorno regional e internacional que en lugar de ayudar a mitigar el conflicto, termina contribuyendo a atizar el fuego. Me pregunto dónde estará hoy mi amigo Mohammed. Y me pregunto dónde habrá quedado ese optimismo que no pude o no supe compartir con él, y que hoy resulta tan necesario para siquiera empezar a pensar en un Yemen diferente.

Por Mauricio Meschoulam
(Analista internacional)
EL UNIVERSAL

Twitter: @maurimm

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