¡Quién tal hace, que tal pague! : La Feria

Sr. López

En los años 50’s del siglo pasado, las bodas más rumbosas de la alta sociedad cleptócrata-político-pulquera mexicana, salían en borrosas fotos en blanco y negro, en la Sección de Sociales del viejo diario Excélsior; por eso, no se enteró la nación que tía Consuelo NO se casó de blanco, sino con un vestido espectacular -perfectamente relleno con su espectacular persona-, sí, pero de color marfil… subidito de tono. Años después, cuando salía el tema, decía sonriendo la tía: -“Cómo iba a entrar de blanco a la iglesia, se hubiera reído hasta el monaguillo, ¡qué pena!…” -la tía tenía su historia… y sentido común. Ridículo voluntario, jamás.
Rosa Icela Rodríguez, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, señora de todos nuestros respetos, informó ayer que en 2021 disminuyeron los homicidios dolosos en el país (¡que se oiga esa banda!), porque hubo 33 mil 308 (3.6% menos que en 2019 y 0.4% menos respecto de 2020, si se le entendió su explicación), gracias a la estrategia de seguridad. ¡Ay, doña Rosa!
Los números a cualquiera ponen en su sitio. Dando por buenos los datos oficiales, el total de homicidios durante este gobierno, es de 105 mil 546 (sin feminicidios que pasan de tres mil).
Tal vez a usted como a casi todo tenochca simplex, lo deje impávido la cifra (la danza de los números anestesia al más avispado), por lo que a riesgo de aburrirlo, le recuerdo que en el mismo tiempo que lleva este gobierno, en el periodo de Fox se registraron 40,563 asesinatos; en el de Calderón, 39,672; y en el de Quique Copete, 62,145; este gobierno, 105,546 fiambres (260% respecto de Fox; 288% comparado con Calderón; 173% frente a Peña Nieto).
Ante este brutal incremento de homicidios, hablar de reducciones del 3.6% y el 0.4%, comparando amigablemente con los asesinatos ocurridos dentro de este mismo gobierno, no es mentir, es manipular para afirmar que se ha estabilizado y disminuido la matanza y eso es menos cierto que la pureza virginal de doña Lyn May, señora, también, de todos nuestros respetos.
No dijo el peor enemigo del Presidente que sin recuperar la seguridad pública, no hay 4T, lo dijo el propio Presidente el 15 de julio del año pasado: “(…) si no terminamos de pacificar a México, por más que se haya hecho no vamos a poder acreditar históricamente a nuestro gobierno (…)”.
Nótese la habilidad discursiva: “si no terminamos”… ¿no terminamos?, no señor, ni siquiera han empezado, los ha rebasado esta catarata de sangre, aluvión de llanto, plaga de tragedias por plantear y sostener contra viento y marea una estrategia que no es sino una frase (abrazos no balazos) y convicciones erradas (la paz es fruto de la justicia y que los programas sociales drenarían de delincuentes a las bandas criminales).
Y de eso a lo irrisorio ante los actos vandálicos: “(…) en una de esas los voy a acusar con sus mamás, con sus papás, con sus abuelos (…) los verían como malcriados, que no deben de andar haciendo eso, les darían hasta sus jalones de orejas, sus zapes” (octubre 2 de 2019).
Tampoco dijo un fifí conservador neoliberal que “No puede haber desarrollo, crecimiento económico, bienestar material, progreso, si no hay paz en nuestro país, si no tenemos garantizada la seguridad pública, el que no haya violencia, que no haya confrontaciones”. No lo dijo un enemigo de la 4T, sino el Presidente el 21 de abril de 2021. Bueno, su boca es su medida.
Mientras nuestro gobierno tiene al país con el alma en un hilo con iniciativas como la de la industria eléctrica; mientras el afán presidencial es conseguir a como dé lugar que se haga la consulta de revocación de mandato, sabiendo que la tiene ganada (ni sus reales opositores políticos quieren que interrumpa su sexenio y México entre en las turbulencias acostumbradas en no pocos países de América Latina); mientras nuestro Ejecutivo dedica no poca parte de su tiempo en insultar, descalificar y ningunear a periodistas, medios e intelectuales; mientras todo eso, el mundo observa. Sí señor.
La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), lleva el registro de homicidios oficialmente reconocidos en todos los países y elabora el índice de asesinatos por cada cien mil habitantes de cada uno. El promedio mundial es de 6.1 fiambres por 100 mil habitantes; esa tasa de víctimas de homicidio intencional varía por continente: América (17.2), África (13.0), de Asia (2.3), Europa (3.0), y Oceanía (2.8). Muy bien, pues con la novedad de que México tiene 29 homicidios por cada 100 mil habitantes; casi cinco veces más que el promedio mundial, poco menos del doble que en América, casi el triple que África.
Y doña Rosa Icela hablando de disminución, mientras el mundo nos ve horrorizado, sí, para que le penetre: en la Guerra del Vietnam participaron los EUA de 1959 a 1973, catorce años, y le costó la vida a 46,500 de sus combatientes, dejándoles una cicatriz indeleble que no les deja de doler casi 50 años después… y acá en tres años y piquito, llevamos más de 105 mil difuntos. De esa escala es la catástrofe que estamos viviendo en este país y que el gobierno cree que no es tema político prioritario porque no hay marchas, protestas, plantones, reclamos… mal diagnóstico, los cadáveres de asesinados sin justicia no reposan nunca y nadie se extrañe de que esta carnicería se transforme en denuncias y juicios severos en México o tribunales internacionales. Es imposible ocultar este holocausto mexicano.
Y hablando de cosas imposibles de encubrir, al 3 de enero pasado según las cifras del propio gobierno (es cosa de no aburrirse de buscarlas), iban 455 mil 576 muertes por el Covid-19, casi 160 mil más de las que reporta la Secretaría de Salud con los datos de fallecidos en hospitales públicos.
Hace 400 años, escribió Tirso de Molina en el Burlador de Sevilla: “Adviertan los que de Dios juzgan los castigos grandes/ que no hay plazo que no llegue ni deuda que no se pague”. Y sentenció el infaltable castigo: “¡Quién tal hace, que tal pague!”.

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