¡Sálvese quien pueda!: La Feria

SR. LÓPEZ

Tía Sarita era una santa, en serio. Tío Yago su esposo, era un pico de oro capaz de vender bufandas en Acapulco. Desobligado y borrachín, mantenía a la tía y sus cinco criaturas, al borde del hambre. Tía Sarita no se quejaba: cosía ajeno, hacía gelatinas para vender, por las noches ponía un puesto de quesadillas en la banqueta frente al ruinoso edificio en que vivían, allá por las calles de Jesús Carranza en pleno Tepito. Todo cambió por cuatro pesos: su hija mayor, Sarita Chica, iba a bailar en un festival de sexto de Primaria y solo había agujeros en donde iban las suelas de los zapatos de la nena, la tía los llevó a poner medias suelas; le pidió esa cantidad a tío Yago y él le contestó que estaba harto de que solo pensara en dinero. Nadie imaginó que la santa de tía Sarita pudiera dejar privado a su marido de un solo puñetazo. La familia materno-toluqueña entera lo celebró y luego la ayudaron, porque lo dejó para siempre. Se tardó.

Ahora resulta… o sea… es decir… los mexicanos solo buscamos el bienestar material, vivimos conforme a un código perverso, lo que más nos importa es el lucro, somos individualistas, no tenemos escrúpulos morales de ninguna índole y en resumen, por eso y tantas cosas más, el país vive en una crisis moral. Somos una birria.

Pero ¡hay un Dios!, y aquel que es la Palabra, que se hizo hombre y habita entre nosotros, sí, damas y caballeros, chairos y fifís, Andrés Manuel López Obrador llegó para rescatarnos y lleno de gracia, ordenó la elaboración de un manual práctico de redención y perdón de nuestro pecados.

Lo anunció ayer en su homilía-conferencia-pregón matutino desde Palacio Nacional:

“No solo de pan vive el hombre, no solo es buscar el bienestar material. Hay que buscar el bienestar del alma, fortalecer los valores y esto no se procuraba”. Y añadió: “(…) los criminales y corruptos pueden redimirse”. Los ahí presentes, encallecida el alma, no se pusieron de pie, ninguno lo aclamó como merece: ¡Hosanna! ¡Bendito es el que vino en el nombre de Morena!… ahí para la otra.

Y señalando con su sacro dedito la pantalla, presentó su “Guía Ética para la Transformación de México”. ¡Aleluya, aleluya!

Sin darnos cuenta por presenciar cotidianamente el prodigio, nuestro Presidente, poco a poco, se nos convirtió en el Mesías nacional, verdadero redentor nuestro, enviado por Dios para salvarnos. Por eso ayer nos instó amorosamente a combatir “los vicios que se arraigaron durante el período neoliberal”. Lástima que no hubo tiempo o su humildad lo impidió, pero seguro con otro cuarto de hora de madrugadora, en el Salón Tesorería se hubiera oído una voz desde el cielo: “Este es mi Hijo muy amado, escuchadlo”… sí, qué trabajo nos cuesta, escuchémoslo… escuchémoslo más, porque lo escuchamos diario, diario, diario.

Sin que le ganara la risa, el Presidente resumió el contenido de su Guía Ética, con las pausas necesarias para que cada una de sus palabras calara bien hondo: “respeto a diferencia; la vida; la dignidad; la libertad; el amor; el sufrimiento y el placer; el pasado y el futuro; la gratitud; el perdón; la redención; la igualdad; la verdad; la palabra y la confianza; la fraternidad; las leyes y la justicia; la autoridad y el poder; el trabajo; la riqueza y la economía; los acuerdos; la familia; los animales; las plantas y las cosas”.

Sin mencionar la notoria confusión que anida en el cerebro del Presidente entre ética y moral, sí es prudente negarse a aceptar esa ruina en condominio, esa responsabilidad compartida, este prorratear los vicios públicos entre los particulares que no por ser “pueblo bueno”, somos sus tarugos.

Lo que sí se debe mencionar es que NO, así NO es la gente: perversa, avariciosa, egoísta y sin escrúpulos. La gente, la generalidad de la gente, sin ser nadie santos, le cumple diario a la vida. Por eso es noticia lo malo, por excéntrico, porque no es lo normal. Y aunque no fuera así, no corresponde al gobernante de turno adoptar el papel de papá nacional, de guía moral; su deber es cumplir con la ley e imponerla a quienes la violen. Punto.

Y denostar la búsqueda del bienestar material es vivir en la Luna. Precisamente eso, el bienestar, es una de las más legítimas aspiraciones sino es que obligaciones del adulto responsable. Por cierto: ese bienestar material está muy lejos del pueblo. Estigmatizar la búsqueda del bienestar material, es el discurso equivocado con el 58.6% de la población en pobreza, y es burla tachar a la gente de solo buscar el lucro cuando a más de 45 millones no les alcanzan sus ingresos para adquirir la canasta básica. Decir semejantes cosas a un pueblo con hambre es una majadería.

Si es cierto, si fuera cierto que la población del país vive en una crisis moral, eso no es de la responsabilidad del gobierno. Si alguien es un inmoral de tomo y lomo, pero respeta la ley, el gobierno no debe ni opinar. La materia de la administración pública no es el bienestar del alma ni la redención de criminales y corruptos. Lo estamos perdiendo… se nos va, se nos va.

Ahora que si de verdad piensa así que empiece por los suyos. No ha movido un dedo para que se aclaren a cabalidad cuestionamientos públicos por corrupción hechos a su secretario Particular, Alejandro Esquer; a su vocero, Jesús Ramírez; la Nahle; el Bartlett; doña Guevara; la tal Sandoval, mera responsable de auditar a todo el gobierno; doña Polevnsky, que está denunciada por retozar con el dinero de Morena; más cuestionamientos misceláneos a los militares señalados por robar parte de los salarios a los trabajadores de las construcciones bajo su responsabilidad; las sospechas varias en el  IMSS y el mutismo oficial sobre la asignación directa de la mayor parte de las compras y contrataciones del gobierno. Esta administración ya hiede y el Presidente ni pío dice (mal chiste, usted disculpe).

Nuestro Presidente tan preocupado por la salvación de nuestra alma no se da cuenta que a este paso, al final de su periodo, en su gobierno la voz será: ¡sálvese quien pueda!

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