Sembrando vientos: La Feria

SR. LÓPEZ

Una prima cuyo nombre no quiero decirle (de las de Autlán, es lo más que me va a sacar), hija única, vivía en Guadalajara con su mamá viuda desde que ella nació. Era una de esas primas guapas de parar relojes. Estudió algo, nadie supo qué y entró a trabajar, muy bien pagada, de ‘Secretaria Privada’ de un empresario un poco más que muy rico, pero con un horario muy raro, tanto que un día su mamá, la enfrentó y le sacó la verdad: sí, su trabajo era algo que llaman ‘concubinato’, pero ya ve cómo es la gente cuando quiere impresionar con palabras domingueras. La tía no ha de haber sabido la palabra porque le dijo que no aceptaba que fuera querida, mantenida ni barragana (ya en desuso), y la prima muy fresca, le contestó que ‘era un trabajo como cualquier otro’ pero su mamá con sentido común, le preguntó si le iban a dar aguinaldo, Seguro Social y podía demandarlo en Conciliación y Arbitraje… no, pues no. Pues no era trabajo. La prima continuo unos años en esa línea laboral hasta que se conchabó civilmente a uno también muy rico, muy viejito y luego se supo sin planes de pasar a fiambre. Duró casi 20 años. Dirá usted, cada quién… sí, pero la tía tenía razón: trabajo no era.

El lunes pasado, nuestro Presidente, desde Perote, Veracruz, sin echar de menos como apropiado fondo musical, la ‘Marcha de Zacatecas’, declaró que su programa social denominado ‘Sembrando Vida’ es capaz de generar más empleos en Veracruz que una armadora de la Ford:

-“Tenemos la tierra y tenemos el conocimiento de los campesinos y ahora contamos también con el presupuesto. Este programa este año significa una inversión que no es un gasto de 26 mil millones de pesos, pero fíjense, con 26 mil millones y más de 400 mil empleos (…) Si se viniera a Veracruz toda la fábrica automotriz de Ford, no se generarían, si vinieran de Estados Unidos a instalar las plantas de Ford, no se generarían los 68 mil empleos que está generando Sembrando Vida en Veracruz” (a falta de la ‘Marcha’ al principio, al final debieron poner la voz de Manuel Bernal, el ‘Declamador de América’, en ese sentido trozo de ‘Mamá, soy Paquito’: “¡Y un cielo impasible despliega su curva!”… lágrimas emocionadas del respetable).

Ahora resulta que es empleo un programa de apoyo social: ¿es trabajo de planta o de entrada por salida?; ¿quién es el patrón?; ¿cuánto contribuye al fisco?; ¿cuánto paga de IMSS e Infonavit?; ¿hay fondo de ahorro para el retiro de los empleados? Ahora resulta que da más empleo sembrar árboles con gasto a fondo perdido, que una fábrica que invierte, crea empleos formales, produce bienes, exporta, paga prestaciones sociales, reparto de utilidades, contribuye al fisco y genera riqueza. Igualito.

No, no es empleo formal, en todo caso es empleo temporal, paliativo, no solución, no fuente de riqueza para nadie, garantía de permanencia en la pobreza. Triste.

Y a ver quién tiene el valor de ir a decirle al Presidente la realidad de ‘Sembrando Vida’:

En 2019, en vez de sembrar 575 millones de plantas, informó el 31 de enero de 2020, la secretaria de Bienestar, María Luisa Albores, se sembró solo el 13.9%, 80 millones de plantas (vaya usted a contarlas y recuerde: serán ‘viables’ solo la mitad). El gasto sí fue completo: 15 mil millones de pesos del erario, de nuestros impuestos. Nuestro dinero en plantas que no se sabe de verdad cuántas son, ni cuántas se han secado.

La magra siembra 2019 será compensada este 2020, siempre según doña Albores, con 1,100 millones de plantitas. Ya luego, algún año, alguien revisará los beneficios de este titánico dislate, ya ve usted qué rápido crecen los arbolitos, para ser maderables o dar frutos (que vayan aprendiendo a administrar la abundancia, diría el clásico, don Pepe López Portillo).

También aunque tras bambalinas, para encubrir algo de este despelote, está la denuncia de que algunos campesinos talan y deforestan bosques para poder solicitar ser parte de la nómina de 5 mil pesotes mensuales, que son 4,500, porque los otros 500 se los depositan como ‘ahorro’; y de los 4,500, otros campesinos denuncian que les entregan el dinero si pagan de moche entre 100 y 200 pesos al mes, aunque otros se quejan de que no les dan las plantitas que ellos las tienen que comprar, con un importe mensual de 1,500 a 1,800 pesos; aunque a veces les dan plantitas… secas; y hay los que reclaman que les dan semilla, no plantitas, pero en sequía, después de temporada de lluvias, aparte de que faltan de insumos y herramientas.

En este escenario esperpéntico, reluce la renuncia este año del responsable del programa, Javier May Rodríguez, subsecretario de Planeación, Evaluación y Desarrollo Regional de la Secretaría del Bienestar, quien advirtió que “no existen condiciones para seguir operando el programa ‘Sembrando Vida’” (El Universal, 3 de marzo de 2020). Otro éxito estilo 4T.

Y de remate, sépase señor Presidente que es la hora que la Secretaría del Bienestar no tiene la nómina de los beneficiarios. No se puede revisar porque no hay lista. Ya habrá dijo doña Albores, este año habrá ¿y lo pagado en 2019, apá?… fueron 15 mil millones, no es moco de pavo, ni caso único, que la nómina de ninis, perdón, ‘becarios’ tampoco existe ni se puede verificar.

El remate de pecho de estos desfiguros es el anuncio del 19 de junio pasado: México financia un programa ‘Sembrando Vida’, en El Salvador, Honduras y Guatemala (¡padre! ya nos andaba). Cuando se anunció esta maravilla para combatir la pobreza en México, el canciller Marcelotzin Ebrard, dijo que le iban a entrar las Naciones Unidas y el gobierno yanqui.

Juan Ramón de la Fuente, embajador mexicano en la ONU, aclaró que la primera etapa será financiada por México y después se solicitaría ayuda económica ‘concreta’ a Naciones Unidas. Los EUA callaron. La ONU no ha dado un peso, los yanquis tampoco. Mal y de malas.

Pinta para chasco, nada más que un chasco que involucra a 400 mil personas, puede terminar en problema social grave.

Y ellos, tan orondos… sembrando vientos.

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