Sexenio de muertos: La Feria

SR. LÓPEZ

Para que haga de cuenta que la conoció, la abuela materna, Virgen (Virginia, la de los siete embarazos), era más abuelita que la del anuncio de chocolate. Pero le tenía manía a los médicos y solo se atendía con ‘su’ homeópata, viejito y toluqueño como ella, que la mantenía tomando chochos. Una vez que se puso mala de algo serio le recetó siete inyecciones que la santa señora se rehusó a recibir: chochos o nada. Pasaban los días, empeoraba: la familia solicitó la intervención de don Víctor, inteligente doble cerebro, fuerte como orangután, progenitor de este menda con fama de no andarse por las ramas, quien fue a casa de su suegra, hirvió la jeringa (otro día le explico, eran los tiempos), la preparó y entró solo a su recámara  -hijos y nietos afuera-… se oyeron gritos de ella, luego silencio y salió don Víctor, callado. Entraron las hijas, la viejita lloraba desconsolada, ‘ese hombre’ la había levantado en vilo, la inmovilizó sobre sus piernas, le alzó el fondo, ¡le bajó los calzones! y la inyectó ‘muy feo’. Las demás inyecciones se las dejó poner. Se curó. No le habló meses a don Víctor.

Es muy mala noticia que el Presidente se haya contagiado del Covid 19. Por bien del país y de él, se desea que sane. No necesita México entrar en la turbulencia de una sucesión anticipada decidida por el Congreso con todos los demonios desatados; tampoco es de desear que su familia pase semejante pena. Muy en serio.

Es sabida la irresponsable postura del Presidente sobre esta pandemia. También es pública la irresponsabilidad de nuestras autoridades de salud respecto al Covid 19 en general y del cuidado particular que se debió tener con el Presidente y su gabinete. Es obligación legal de la Secretaría de Salud la prevención de enfermedades y promoción de la salud de la población.

Aparte de ello, el secretario de Salud, doctor Jorge Carlos Alcocer Varela, y el doctor Hugo López-Gatell Ramírez, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, como médicos tienen la obligación ética de prevenir contagios de todo y poner todos los medios a su alcance para atender científicamente a quienes enferman.

Si bien es cierto que el secretario Alcocer y el subsecretario López-Gatell, no pueden dar órdenes al Presidente de la república, también lo es que tienen la obligación de prescribir las medidas preventivas necesarias, en el caso del Presidente en especial no solo por lo que significa respecto de la estabilidad política de la nación, sino por ser parte de la población más vulnerable, por edad y sus padecimientos cardiacos. No lo hicieron. La razón es lo de menos, pero es su obligación, no ‘era’ su obligación, sigue siendo y ahora más, pues este virus se puede contraer más de una vez.

Ambos, López y Alcocer, debieron decir públicamente cuáles son las medidas preventivas obligatorias, entre ellas el uso del cubrebocas; y el Presidente y su gabinete debieron aislarse, al menos durante el periodo de cuarentena nacional y ahora durante el semáforo rojo en la capital del país.

Las disposiciones que valen para la población en general, son de mucha mayor importancia tratándose de quienes cargan la responsabilidad de gobernar el país y más aún para el Presidente de la república, quien en su persona concentra las funciones de Jefe de Estado, Jefe de Gobierno y Comandante supremo de las Fuerzas Armadas.

Es un acto de imprudencia de chamaco que el Presidente mantenga su berrinche de no usar habitualmente el cubrebocas y seguir haciendo giras por el país. Nuestras autoridades sanitarias no tenían ni tienen que de darle gusto y considerar las razones de alta grilla que lo llevan a recorrer entidades para promocionar su persona y mantener su popularidad: deben asumir la responsabilidad inmensa de su cargo y oponerse en privado y si hiciera falta, en público. Si el precio era su despido fulminante, no importaba, lo primordial era evitar que se expusiera el Presidente ante la presión de la opinión pública.

Y sea o no “políticamente correcto”, como del Presidente y su gabinete depende la estabilidad política de la nación, sin discurso populachero y barato, se les debió vacunar primero que nadie. No es juego.

La pertinacia presidencial se ratificó el pasado 4 de diciembre cuando emitió su decálogo contra el Covid 19: 1. Si no tenemos nada qué hacer, no salgamos a la calle. 2. Si es necesario salir, guardar la sana distancia. 3. Evitar visitas, para lo cual propone comunicarse por teléfono (repetición del 1). 4. Reunirse solo entre habitantes de la misma casa (repetición del 1). 5. No realizar fiestas ni reuniones con familiares o amigos (repetición del 1). 6. Si presentas síntomas de COVID-19, buscar atención médica a través de Locatel (55-56-58-11-11) o al 911.  7. Si se presentan síntomas, hacerse la prueba (incluido en el 6).  8. De ser necesario, acudir pronto a la clínica, centro de salud u hospital más cercano en busca de atención (repetición del 6).  9. Dejar los regalos de navidad para otro momento. “Regala afecto, cariño, amor, no lo compres” (repetición del 1). 10. El gobierno ampliará el número de camas, equipos, enfermeras, doctores. “Es mejor prevenir que lamentar”. O sea, los 10 mandamientos eran cuatro y no incluyó el uso del cubrebocas ni el lavado de manos. Irresponsabilidad.

Visto que es imposible que el Presidente se sujete a las disposiciones de salud pública y personal, el único camino serio para el Secretario de Salud y para el doctor López-Gatell, era renunciar, exponiendo ante la opinión pública que no podían ejercer sus responsabilidades sin el franco apoyo presidencial, haciéndose cómplices de una actitud y discurso dañino a la salud de la población y del propio Presidente.

Se nos dijo que llegar 60 mil fallecimientos sería muy catastrófico, ya vamos en 150 mil. El mal manejo de la pandemia y la vacunación con tintes electorales apuntan a un juicio ineludible y muy severo. Es tristísimo pero ya sin remedio la cuarta transformación queda en la historia como un sexenio de muertos.

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