Sexenio en riesgo: La Feria

SR. LÓPEZ

Un sobrino de la abuela paterno autleca, tenía muchos problemas con su esposa (se omiten nombres), pues según él, la dama era fodonga más allá de los límites generalmente aceptados y sus guisos no eran dignos ni de la cárcel municipal. Una vez en que otra vez, llegó a casa de la abuela a lamentar su negra suerte, doña Elena lo interrumpió: -Ya estuvo bueno, hijo, tu casa es un tiradero, sí, y ni el perro se come lo que hace tu mujer, pero tu verdadero problema es que te pone los cuernos y no quieres enfrentar la verdad… o la dejas o no te quejas… ¡aburres!

Uno solo puede imaginar qué trae en la cabeza nuestro Presidente. No lo que dice, esperemos, pues sería declarar muerta la esperanza. Confiemos en que esté bien informado e identifique sin confusiones que debe dedicar sus desvelos a resolver o al menos atemperar, la complicadísima ecuación de la inseguridad pública. La gobernabilidad de su gobierno depende de eso, la economía, también. La situación empieza a ser insostenible.

El supuesto triunfo de haber conseguido que el tal Trump no etiquetara a los narcos nacionales como terroristas, es por decir lo menos, un acto público de candor. Trump volverá a machacar con eso cada vez que le parezca útil a sus intereses políticos y malamente nuestro gobierno puede seguir danzando al son de su pandero a sabiendas de que es muy difícil que haga tal declaratoria (no imposible, Trump es trompicado).

Es muy difícil porque la declaratoria de que los narcos nacionales (o algunos de ellos), son ‘terroristas’, implica el riesgo de propiciar una avalancha de solicitantes de refugio en los EUA, huyendo del terrorismo y mucho peor que eso, representa un peligro real para la economía yanqui.

En efecto, la ley en EUA contra el terrorismo, al declarar una organización extranjera como terrorista, pone bajo jurisdicción federal (de allá), a todos los que tengan alguna relación con esa organización, en particular respecto del manejo de dinero o servicios financieros.

Ahí la puerca tuerce el rabo: las autoridades federales yanquis tendrían que quitarse la venda que voluntariamente tienen en los ojos, pues las penas por complicidad activa o por omisión en materia de terrorismo son gravísimas (incluyen por ejemplo, la detención y encarcelamiento secretos, sin ningún derecho, sin asistencia jurídica ni llamadita telefónica a nadie y la aplicación de los métodos de tortura aprobados desde la administración del canalla Bush Jr.). No muchos funcionarios públicos federales están dispuestos a correr esos riesgos.

Y lamento decirle, en los EUA no se pueden dar el lujo de combatir en serio el lavado de dinero porque el equilibrio financiero de la economía yanqui depende en no poca parte de continuar recibiendo el enorme flujo de recursos ilícitos, que le permiten financiar su déficit comercial, como se desprende del informe de 335 páginas elaborado a petición de Carl Milton Levin (senador demócrata de 1979 a 2015), en su tiempo presidente del Subcomité Permanente de Investigaciones del Comité de Seguridad Interior y Asuntos Gubernamentales de la Cámara de Senadores del Congreso federal de Estados Unidos, junto con declaraciones, opiniones y reportes de ex banqueros y expertos bancarios internacionales, según el cual, el cálculo conservador sobre el volumen de dinero de procedencia ilícita que reciben los EUA suma cada año entre 250 y 500 mil millones de dólares. Nadita.

Contraste lo anterior con el déficit yanqui por intercambio de bienes y servicios que en 2018 alcanzó los 621 mil millones de dólares (este año se espera una reducción del 15%). Así que ya tiene una idea de la importancia que tiene para el vecino no interrumpir abruptamente (ni despacito), ese inmenso flujo de dinero pues representa el efectivo con que equilibran sus finanzas. Se hacen tarugos, ante el mundo se presentan como paladines de lo derecho y limpio. La verdad es otra: a querer o no apechugan y permiten lo que exigen a otros países que impidan, rogando a Dios que no lo hagan.

Nuestro gobierno bien podría pisarle sin piedad ese callo al tío Sam (a lo mejor lo hacen, uno qué va a saber): – Mister, yo le entro a tu problema de los migrantes, yo pongo los muertos en lo de las drogas… pero tú nomás no vas a detener la venta de armas ni puedes congelar el dinero ilícito que hay en tu sistema bancario, entonces, ¿qué crees, mister?: vamos a golpear sin misericordia al floreciente y robusto lavado de dinero nacional, hasta conseguir que los bancos en territorio mexicano suden sangre.

No es misión imposible. La banca maneja el dinero que no resiste análisis, mediante ‘banca privada’ y ‘corresponsalía bancaria’ (no explica más el del teclado por falta de espacio, pero Hacienda sabe todo de eso y sabe bien cómo apretar esas tuercas).

Pero si nuestra temida Unidad de Inteligencia Financiera (UIF de Hacienda), a cargo del Torquemada oficial de la 4T (Santiago Nieto), se dedica a andar asustando políticos y pelagatos en lugar de pegar donde duele, entonces deberemos concluir que todo es una mascarada.

Mire usted: el pasado 13 de noviembre, la UIF informó ¡triunfalmente¡, que después de once meses de ardua labor, ya había congelado 858 cuentas bancarias por más de 5 mil mdp de la delincuencia organizada y corrupción. Fíjese bien, eso son 263.15 millones de dólares…

Jorge Lara Rivero, exencargado de despacho de la entonces PGR, en enero de 2011, con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, informó que se estima en 50 mil millones de dólares anuales el monto de dinero sucio que arriba a México. Lo bloqueado por la UIF de esta 4T equivale al 0.55%

Erradicar la corrupción es infinitamente difícil, esto no. Es imposible creer que al menos a los bancos no se les puedan apretar las alforjas. De esto depende mucho. Si nada cambiará la estrategia de abrazos por balazos, se propone añadir un bombardeo de auditorías y secar de dinero a los malandrines nacionales.

Si no, con la pena, tenemos el sexenio en riesgo.

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